miércoles, 8 de febrero de 2017

NOCTURNO




Robarte un beso, y a correr,
a acelerar y mirar atrás queriendo volver.
A tronar, a arrullar las nubes
que hay tras la lluvia de tus pestañas
cuando aúlles
en los insomnios con legañas.

Besarte, alunizar en tus labios,
hasta que se lamente el gallo
y amanezca el sol en tu boca,
hasta que sangre de la mía un “te quiero”.
Y la luna volviendo a la mar loca
mientras yo tramo tu secuestro.
Nada nos pertenece, pero todo es nuestro.

“Que te calles”, dices, que deje que fluya
el silencio entre las gotas de lluvia
mientras los cristales lloran,
la noche bosteza,
y las estrellas afloran
entre las calles y su maleza.
Maldita puta fría primavera…
a mi sangre nadie la gobierna.

Lanzarte besos al cristal de tu ventana
a las tres de la mañana.
—Sal.
Y decirte que si vienes a jugarnos las bocas
entre las dudas de las margaritas
mientras nos quedamos a oscuras y a solas
en el escondite de la noche y sus esquinas.
Que tengo arrancado el coche, y las ganas,
el corazón desbocado y preñadas las niñas
de mi mirada, las caricias engañadas
en la nostalgia y sus eyaculaciones.
Estrellas… Con tu nombre… Constelaciones
en mis pantalones y la luna sonrojada,
herida de celos, temblores y miedo,
harta de aguantar hasta la alborada
en un cielo en el que no ondea tu pelo.
Cansada de levitar, ahorcada, lejos de tu “te quiero”.

Que si sales,
que si vienes,
que si me quieres
más allá de esos cristales.




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