miércoles, 1 de febrero de 2017

AMORIBUNDO



Muero, muero por un abrazo mientras me mato entre el humo del cañón tras un balazo y los segundos se suicidan en el pulso que late bajo mi piel de ceniza. “Nunca será tarde”, me digo cuando ya está todo perdido, de cadáveres y su sangre. “Para morir”, me respondo.

Y guardo lo que fui y lo que te amé en un ataúd de cristal en el que nunca se borran tus huellas, cuando se posan las moscas y zumban nostalgia… El anhelo es ruido, el ruido del silencio, la calma, la tranquilidad… La soledad.

Da rumbo al esperma que corre por mis dedos sin saber dónde ir a morir. Sé mar… Sé a derrota. Vuelve y rompe este cristal colmado de whisky que no sabe ya por qué late, pero sí por quién.

Remata.

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