viernes, 10 de febrero de 2017

AL HIJO QUE NUNCA TENDRÉ



El otro día, mi sobrino de dos años tiró un vaso al suelo, su padre le riñó, le dio un azote y lo castigó. Yo no lo vi y, la verdad, tampoco es que lo hubiera deseado. Me enfadó que mi hermano reaccionara así, aunque no le dije nada. Después le levantó el castigo y lo tuvo en brazos dándole besos. Me hizo pensar en qué clase de padre sería yo si te hubiera tenido a ti y qué clase de padre sería, qué te diría, cómo te educaría…

Nunca te he tenido porque soy un bala perdida con la vida sin solucionar, porque he encontrado al amor de mi vida tarde, porque nunca he pensado en hacerte venir al mundo, porque me da pánico, porque no puedo darte lo que necesitas… Por muchas cosas…

Nunca te pegaría, ni siquiera un cachete. Los padres no pegan para castigar, sino porque se sienten frustrados y se autoconvencen con un “se lo merecía”. Hay cosas peores en el mundo que romper un vaso, pintar las paredes o cualquier trastada que puedas hacer en la infancia. ¿Sabes? La gente se mata ahí fuera, viola, hay guerras, crímenes, abusos, traiciones, suicidios… Salen todos los días por la televisión y a nadie le importa, siguen masticando su comida, hablando… De verdad, no mereces un cachete por romper un vaso y mi respuesta nunca sería un acto reflejo como ese.

Te escribiría cuentos para leértelos por la noche en la cama y tú harías los dibujos hasta al final conseguir hacer un bonito libro entre los dos que podrás leerle a tu hijo. Los príncipes tendrían tu nombre y algunos cuentos terminarían bien y otros mal, porque me resultará injusto convencerte de que el mundo es justo y que siempre se consigue lo que se quiere, que por muy bien que los protagonistas hagan las cosas, no tienen por qué triunfar, pero son protagonistas por hacerlo bien, sin pensar en el resultado porque no todo depende siempre de uno mismo. La vida es como un partido de fútbol de tu equipo favorito, a veces, jugará muy bien y perderá, pero estarás contento del partido que ha hecho, de las ganas que le ha puesto, de no haberse rendido ¿no? Dicen que la mejor almohada es tener una conciencia tranquila. Duerme bien, mi niño.

Quizá algún día se metan contigo en el colegio porque eres diferente, se rían de ti por cualquier estupidez y te sientas humillado. Seguramente, la verdad, es que me duela y me den ganas de arrancarles los huevos a esos niños tan crueles y ponérselos en las cuencas de los ojos, pero te diría que tus superhéroes favoritos también son diferentes al resto del mundo y, precisamente, lo son por ello, por ser ellos mismos sin importar lo que la gente piense de ellos. Espero que tu superhéroe favorito no sea Batman… Sé ese superhéroe, sé como eres, como quieres ser, como te sientes, porque siempre será mejor que los demás se rían de ti que acabar llorando por no hacer lo que quieres. Por ejemplo, yo jugaba a la comba con las niñas y los machos alfa de 6 años con huevecillos como canicas me llamaban “mariquita”. Nunca me importó y fui más feliz jugando con esas niñas que me trataban bien que jugando a los coches entre niños que me iban a insultar igualmente. Lo adultos decían que saltaba a la comba como un gran boxeador.

Puede que un día te enamores, seguramente no me digas nada, pero me daré cuenta. Tal vez me preguntes que qué sé de chicas al intentar hablar contigo y, sinceramente, de mujeres no sé nada. Te diré que cuando te enamoras, esa chica ya no es una chica, la has convertido en un ángel, en la flor más preciosa del jardín, aunque para los demás siga siendo una flor cualquiera y por eso no sé nada de chicas, porque cuando te enamoras, automáticamente ya no es una chica para ti, es mucho más. Quizá sufras, puede que veas que has idealizado, que la realidad es otra… Muchos te dirán que hay muchos más peces en el mar, que un clavo se saca con otro y esas típicas cosas. Yo te diría que lo más importante es no odiar, ni odiarte, porque es una batalla psicológica que desgasta demasiado. Te diría la verdad, que siempre recordarás a esa chica porque le has hecho un hueco en tu corazón y recordarás cosas buenas y cosas malas, que aún te quedan más huecos porque tienes un corazón inmenso y que nunca sientas miedo por amar, que te atrevas a todo y que no hay que luchar por nadie, no hagas del amor un campo de batalla, sólo hay que saber estar y permanecer. Lo más importante del amor no es desplegar puñales y escudos, que nunca un sentimiento tan bonito debería exigir de tantas armas y que cuando la eches de menos uses papel higiénico en vez de limpiarte en las sábanas o en los gayumbos.

Si me preguntaras sobre Dios, te preguntaría si sientes que hay alguien superior dirigiendo tu vida o si tú eres el dueño de tu destino. Sólo sé una cosa, hijo mío, que si Dios existe, el único plan que tiene para ti es que te mueras, el resto depende de ti, aunque seguramente en algunos momento de tu vida, pienses en arrodillarte, momento que Él usará para ir bajándose la bragueta, y rezarle por algo, implorarle o escupirle a la cara.

Me daría igual si estudiaras carrera o no, tal vez te haya tocado vivir en un tiempo en el que sólo los hijos de los multimillonarios pueden hacerlo. Sólo espero que sientas una constante curiosidad por temas, que leas sobre ellos y aprendas por ti mismo. Espero que trabajes en algo que te guste, en lo que te sientas realizado y que te permita vivir. Supongo que tendrás que elegir en si prefieres trabajar en algo que te da mucho dinero o en algo que te apasiona y no te produce grandes ingresos, yo sólo podré decirte que pienses en esto: ¿cuánto valen tus sueños?

Te equivocarás, y no pocas veces. Espero que nunca te castigues por ello y siempre estaré para apoyarte, darte un abrazo y decirte que un error te señala indirectamente el camino correcto. Los errores muchas veces traen consigo derrotas, espero que nunca llegues a ser tan derrotista como yo y no contagiarte mi pesimismo. Imagina que estás jugando al ajedrez, por ejemplo, y pierdes. El ganador olvidará esa partida y tú seguirás inmerso en ella, pensando en “y si hubiera hecho esto”, “si no hubiera hecho lo otro”… El juego continúa en la mente del perdedor; el vencedor acabará recordando únicamente el resultado. Recuerda los cuentos que te leía de pequeño, hijo mío, no todo siempre acaba en triunfo.

Sabrías y te diría mil cosas más, como que odio tratar a una persona de “usted” porque se supone que vivimos en una sociedad en la que somos todos iguales, que nadie es más que nadie, que hay que hablar de “tú” a “tú” y hay más respeto en un “Gracias a ti” que un “Váyase a la mierda, señor”. Que a veces causarás dolor en defensa propia y que en muchas ocasiones todo se reduce a un “tú o yo”. Yo te quiero y me alegrará saber que te has escogido a ti mismo porque para mí no habrá nadie que merezca tu sacrificio. También que no tuvieras miedo de atreverte, que nada de lo que hagas va a cambiar el Universo, que no eres más que una mota de polvo incapaz de generar un efecto dominó en el Cosmos, que no hay ninguna diferencia entre hacer una locura y una gilipollez (la gente llama “gilipollez” a una locura que ha salido mal y “heroicidad” a una que ha salido bien). Todo lo que no hagas y te guardes dentro, te violará desde dentro. Sólo intenta no desatar un apocalipsis en tu mundo interior, ahí sí que tienes el poder de un dios.

Hay demasiadas cosas que te escribiría aquí, pero podría resumirse en que te querría y que lo único que desearía es que algún día pudieras decir “sí, fuiste un padre para mí”, a pesar de mis errores, mis extravagancias, mis rarezas. Que siempre tuvieras confianza en mí para contarme las cosas, que lo único que hubiera querido es que fueras una buena persona con tus propios principios o ideas y poder acompañarte en el camino de tu vida ayudándote en lo que pudiera mientras estuviera en este mundo.

Por cierto, mi hermano le acaba de meter la bronca a su hijo porque le preguntó si quería ver El rey león, pero ahora el niño no hace caso de la peli y quiere hacer otras cosas. Cambiar de opinión, rectificar, arrepentirse y saber virar, hijo mío, también es muy importante y algo que muchas veces el orgullo no permite hacer. No sé por qué se enfada mi hermano…

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