sábado, 14 de enero de 2017

ÁNGEL CAÍDO



He anidado en el aquelarre de tu pelo las larvas de mi corazón putrefacto para que ningún viento te despeine y se lleve las plumas que me arranqué para que llovieran sobre ti. Ahora hay más lágrimas haciéndose charco y quemando mis barcos a tus pies, ahora soy un perro mojado volviendo a por una caricia después de una patada, regresando a tus manos de asesina que a veces me envuelven entre tus dedos; otras veces, me violan desde lo más profundo de cada latido suspirado y me siento morir en una distancia que lo vuelca todo en nostalgia.
“Te quiero” me susurras, y sé que tengo que dividirlo entre dos y, tal vez, a partes desproporcionadas quedándome yo con la más pequeña mientras duermo en camas para uno, noches para uno, insomnios para uno y se me viene lo de los dos encima cuando en las últimas horas del día y todas las de la noche algo se desquicia en mi mente y hace crack. Sólo es un crack, otro crack.
Dicen que cada persona es un mundo… Y un cielo… Y un infierno… A mí me ha tocado arder como el pecado prohibido que soy tras haber dado mis alas por ti. A veces, miro arriba desde la caída, viendo el cielo de donde provengo: tus ojos brillando sobre la luna creciente de tu sonrisa. Entonces sólo puedo implorar perdón mientras me castigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Todo lo que calles, te violará por dentro. Así que habla.