jueves, 22 de diciembre de 2016

SOBERBIA

La soberbia de creer que podía desafiar al destino, de ser capaz de usar el peso del mundo para arrodillarlo, de escupir a Dios a la cara sin necesitar su perdón, de reírme de las maldiciones de su Infierno y la oscuridad que tanto conozco, de postrar el cielo a tus pies tras haber soplado sus nubes con un suspiro, de bajar las estrellas a tus ojos, de abrocharte el arcoíris en la cintura por tu espalda por el hecho de querernos. Creía lograr sostener el cielo al acariciar el aquelarre de tu pelo anillándose en mis dedos, creía haberle robado el fuego a los dioses cuando tocaba tu piel desnuda, de haber alcanzado la luna deambulando en tu sonrisa… Me reí de las tormentas y sus rayos, de las consecuencias, del mundo, la realidad, la mala suerte, las circunstancias, el tiempo...
Me olvidé de la experiencia, de los sueños rotos, las paredes que se vienen encima, de las noches pactando insomnios, del dolor y su agonía. Entonces sale una tímida sonrisa al saber que te he hecho feliz dejando que te fueras mientras arruinaba mi vida con ese acto, porque tu felicidad siempre ha sido lo más importante. Por eso siento que es amor. Esa es la soberbia que me queda, haber bajado al Infierno para cederte mi asiento en el cielo, donde el destino ajustará cuentas conmigo, Dios me devolverá los escupitajos y las nubes no me dejarán ver el arcoíris mientras pienso que si tuviera otra vida, también la mandaría a la mierda por ti. Sí, es amor… Aunque a veces llore egoístamente.

domingo, 11 de diciembre de 2016

PUTA DISTANCIA

Me duelen los dedos de no tocarte y ese escozor se extiende desde mis yemas por todo mi cuerpo. Es la metástasis del anhelo viajando a la velocidad del rayo cien veces en cada uno de mis parpadeos. ¿Y estas líneas? Estas líneas son mierda, sólo un intento de acallar el réquiem de las horas muertas sin ti, un entretenimiento como otro cualquiera. Podría estar leyendo, viendo una película, masturbándome o cualquier otra cosa. Cualquier cosa, pero no puedo porque has conquistado mi desquiciada cabeza que no deja de pensar en ti y mi corazón, mi corazón ya no me pertenece, te lo entregué en el primer beso, en el primer polvo en el que desbordamos todo el amor, en el primer abrazo, en la primer sonrisa que te besaba… Te lo di de cuajo. Mi polla te es fiel y, excepto las mañanas, apenas se me levanta porque, ¿para qué? Si tú no estás. Mi cuerpo también es tuyo porque no soy más que un cadáver viviente deambulando por la vida si no es de tu mano, con su carne y sus cicatrices con las que juegas a borrármelas con los dedos entre caricias de arpa y sonrisas de luna creciente. No sé si tengo alma; pero, si así es, su cielo será reencontrarse con la tuya.

La distancia no siempre es la misma porque hay días que no la soporto. Hoy no puedo con ella, hoy te echo tanto de menos… te necesito tantísimo, que la distancia no la puedo medir en kilómetros, sino en besos no dados, en abrazos fantasma, en ansiedad, en pesadillas, en las inabarcables ganas que tengo de crear nuevos recuerdos contigo, de dormir contigo, de enredarme en el aquelarre de tu pelo, de bañarme en tu sonrisa, de volar hacia la luz de tu mirada y echar el ancla en tu ombligo para no alejarme nunca más de ti. De entregarme por completo a ti.

Sólo quiero llorar de felicidad entre tus tetas mientras me acaricias el pelo y no por la esquinas de una casa en la que me cuesta asimilar que no estás. Las noches sin ti no son noches, sólo oscuridad; los días ponen a prueba mi paciencia… Ya no sé si la tengo, si sólo es la inercia del tiempo atravesándome el pecho mientras me digo que mañana supone un día menos para estar juntos, pero también un día menos de mi vida y de la tuya, un día menos sin ti, muchos días sin ti… Me he puesto de rodillas porque es más difícil caer así que de pie. Eres tan inmensa para mí, que sólo puedo postrarme ante ti. Joder… has superado todo con lo que soñé algún día y que tiré a la basura porque me parecían las fantasías de un niño inocente que no era nada realista.

A pesar de la distancia, yo seguiré esperando con emoción al igual que tú, con miedo también, pero sé que tienes más ilusión y amor que terror. El miedo vomita dudas y ninguno de los dos vacila sobre lo que sentimos el uno por el otro. Todo saldrá bien, mi amor. Te lo prometo.

Te quiero.