viernes, 12 de agosto de 2016

ESPERMA

Me he pintado las uñas de negro y me he masturbado pensando que era tu mano, que esnifabas coca sobre mi polla hasta que te sangraba la nariz y estoy notando el amanecer líquido resbalando, arrastrándose hasta lamerme los huevos y estallar espesamente en el suelo. No, mierda, no es tu sangre, sólo esperma… El orgasmo ha sido como si la larga uña del diablo me hurgara dentro del pene. También la noto disolviendo coágulos cerebrales que tengo en el corazón. Un día me dará una embolia y tú no estarás para asustarte, quiero que te preocupes por mí. Me he limpiado con el mejor poema que me hizo abortar el whisky. Era para ti, todas esas mentiras de poeta borracho con la bragueta bajada eran para ti. Tú, otra mentira… Pero, Dios, qué mentira… La mentira con las mejores tetas, con pezones como lunas ardiendo tras haberles meado gasolina, pezones que podrían purificar esta boca blasfema que te ladra a través de un papel. Soy un perro, un perro que arrastra sus patas traseras, a punto de ser gusano, el gusano de mi propio cadáver que te lee con las cuencas de los ojos vacías, con un hilo de lágrimas de afilado cristal que se va oxidando y me va cortando la cara. El esperma está frío, tan frío como la soledad, soledad en el eco de un ataúd enterrado bajo el segundo infierno que he encontrado tras haber seguido hundiéndome en el primero. Sé que pronto llegaré al tercero si el destino sigue el rumbo de la cruel decadencia que me abraza mientras me quedo dormido vomitando de rodillas sobre el W.C. Esa sodomita en celo, mi musa más puta, mi delirio más drogado, la realidad más adulterada… Es una putada vomitar después de cagar. Es una putada quererte a través de un papel lleno de espermatozoides agonizando. Puedo verlos retorciéndose en su optimismo truncado de intentar llegar a fertilizar un óvulo, es el pesimismo vital en su estado puro, las primeras luces psicodélicamente negras del nihilismo. Yo también quiero morir en tu coño húmedo, que cada embestida suene a teclas de una mecanográfica Olivetti que me tatúen líneas en mi desquiciado cerebro, correrme hasta que se me escape el alma al eyacular y puedas salvar mi cuerpo de ella, quedarme encima de ti crucificado en tu cuerpo sintiendo que estoy tocando tu alma con la punta de mi polla, que nieven plumas ardiendo, combustionar juntos y morir de una sobredosis de alguna droga que me haya dado el camello a cambio de una mamada para escupir su esperma al suelo. Me encanta escupir al suelo, escupir los pies del cielo y mirar hacia arriba esperando una venganza divina. Pero no, no estás aquí. Sólo estoy yo, con esperma goteando por mis brillantes uñas negras.

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