domingo, 14 de febrero de 2016

INSOMNIOS EN LA VÍSPERA DE SAN VALENTÍN

La sangre corrió por esa fotografía en blanco y negro expuesta en mi podrido cerebro que el sepia temporal empezaba a morder con el sarro de sus dientes. La embolia del dolor, derramándose por el vertedero en el que se descongelaban caducados delirios del pasado para volver a la vida, cogía aire dentro de mi cabeza y contaba diez antes de mandarlo todo a la mierda. Me he cansado de contar las ovejas que saltaron por el desfiladero antes de dormir, de ver las estrellas caer observando impasible cómo tras ellas arrastraban deseos que pedí en aquellas noches en las que el mañana no era más que una puñalada al pecho de la noche. Me he aburrido de ver a las horas abrirse las venas para que una herida pueda cerrarse o infectarse mientras el tiempo me sopla la carne y su helado aliento pone huevos de gusanos en ella. Oigo el zumbido de las moscas que escupe la lógica volando rabiosas alrededor de mi corazón posándose en sus tejidos y frotándose las patas antes de picarme; las escamas de las alas de las mariposas son caspa con la que un día hice sueños de nieve que se llevó el viento.
Hay un mañana apuntándome con un brillante cañón de recortada que me ciega y que no me deja adivinar cuándo será disparada su bala. Mientras, yo me masturbaré entre las arrugadas sábanas que un laberíntico insomnio descompuso ante mis putas narices con parsimonia y paciencia irritante. Pensaré en ti como aquella princesa que lloraba en las almenas mientras sus muros caían, como la furcia que cosió su coño para que no se le escaparan los latidos por cualquier agujero. Pensaré en ti anhelándote, echándote de menos mientras el techo me sepulta leyendo tu nombre y el mío en una lápida (porque el amor no caduca, sólo mueren los amantes) entrelazados como nuestros dedos en una ducha en la que el sentido común se desnuca y cae por el desagüe, en una ducha en la que tú estás más húmeda que el agua, ardiendo en pecado, notando mi polla dentro de ti, mis demonios, mis latidos, mis alas de ángel maldito batiéndose en tu alma, mis versos de silencio, mis palabras tachadas, mis embestidas contra el mundo, mis roturas y sonrisas con dientes rotos, mis cicatrices sonriendo a tus dedos, mis tres segundos de orgasmo y mi abrazo eterno sobre tu cuerpo. Mañana es un etcétera hasta que la bala se dispare y el aroma de la primavera quede sepultado por el de la pólvora. Un ahora contigo, un ahora estirado como cada línea que intenta llegar al otro extremo del papel. Ahora soy un amante en bruto y tú, tú una flor delicada entre las manos de un asesino que ha dejado las armas… incapaz de matar fotografías en blanco y negro.
El niño cadavérico de alas blancas no es tan niño cuando se acuesta susurrándome tu nombre, metiéndome mano, besándome los labios, violándome… Y yo pienso en ti cuando acabo crucificado por flechas en el maltratado colchón arrugado por las garras de mi insomnio mientras resbala semen por mi cuerpo a la velocidad del dolor. Mis sueños te pertenecen y no hay quién duerma; yo te pertenezco, y no hay quién sea sin ti. Desvarío en un papel, mis latidos convulsionan, la luna tiene esa sonrisa prefelación y hace una preciosa noche de aquelarre para una orgía de orgasmos entre diarreas de besos, entre diamantes negros dilatados que se miran fijamente. La realidad se empaña con la neblina de tus jadeos, las nubes tienen las bragas mojadas y truena la polla de Dios cuando eyacula su luz espasmódica sobre la noche. Enciérrame en el pentáculo de tu cuerpo y déjame diez minutos a solas con tus demonios.
Y vuelvo en mí, a la soledad, a la oscuridad, al chirriar incómodo del colchón al que se le antoja materializar mi anhelo por ti. Pero la foto, esa fotografía de ti que hay en mi desquiciada cabeza, baila a todo color, y el mañana no es tan trágico porque no estoy solo contra el mundo… y tú tampoco.