jueves, 22 de diciembre de 2016

SOBERBIA

La soberbia de creer que podía desafiar al destino, de ser capaz de usar el peso del mundo para arrodillarlo, de escupir a Dios a la cara sin necesitar su perdón, de reírme de las maldiciones de su Infierno y la oscuridad que tanto conozco, de postrar el cielo a tus pies tras haber soplado sus nubes con un suspiro, de bajar las estrellas a tus ojos, de abrocharte el arcoíris en la cintura por tu espalda por el hecho de querernos. Creía lograr sostener el cielo al acariciar el aquelarre de tu pelo anillándose en mis dedos, creía haberle robado el fuego a los dioses cuando tocaba tu piel desnuda, de haber alcanzado la luna deambulando en tu sonrisa… Me reí de las tormentas y sus rayos, de las consecuencias, del mundo, la realidad, la mala suerte, las circunstancias, el tiempo...
Me olvidé de la experiencia, de los sueños rotos, las paredes que se vienen encima, de las noches pactando insomnios, del dolor y su agonía. Entonces sale una tímida sonrisa al saber que te he hecho feliz dejando que te fueras mientras arruinaba mi vida con ese acto, porque tu felicidad siempre ha sido lo más importante. Por eso siento que es amor. Esa es la soberbia que me queda, haber bajado al Infierno para cederte mi asiento en el cielo, donde el destino ajustará cuentas conmigo, Dios me devolverá los escupitajos y las nubes no me dejarán ver el arcoíris mientras pienso que si tuviera otra vida, también la mandaría a la mierda por ti. Sí, es amor… Aunque a veces llore egoístamente.

domingo, 11 de diciembre de 2016

PUTA DISTANCIA

Me duelen los dedos de no tocarte y ese escozor se extiende desde mis yemas por todo mi cuerpo. Es la metástasis del anhelo viajando a la velocidad del rayo cien veces en cada uno de mis parpadeos. ¿Y estas líneas? Estas líneas son mierda, sólo un intento de acallar el réquiem de las horas muertas sin ti, un entretenimiento como otro cualquiera. Podría estar leyendo, viendo una película, masturbándome o cualquier otra cosa. Cualquier cosa, pero no puedo porque has conquistado mi desquiciada cabeza que no deja de pensar en ti y mi corazón, mi corazón ya no me pertenece, te lo entregué en el primer beso, en el primer polvo en el que desbordamos todo el amor, en el primer abrazo, en la primer sonrisa que te besaba… Te lo di de cuajo. Mi polla te es fiel y, excepto las mañanas, apenas se me levanta porque, ¿para qué? Si tú no estás. Mi cuerpo también es tuyo porque no soy más que un cadáver viviente deambulando por la vida si no es de tu mano, con su carne y sus cicatrices con las que juegas a borrármelas con los dedos entre caricias de arpa y sonrisas de luna creciente. No sé si tengo alma; pero, si así es, su cielo será reencontrarse con la tuya.

La distancia no siempre es la misma porque hay días que no la soporto. Hoy no puedo con ella, hoy te echo tanto de menos… te necesito tantísimo, que la distancia no la puedo medir en kilómetros, sino en besos no dados, en abrazos fantasma, en ansiedad, en pesadillas, en las inabarcables ganas que tengo de crear nuevos recuerdos contigo, de dormir contigo, de enredarme en el aquelarre de tu pelo, de bañarme en tu sonrisa, de volar hacia la luz de tu mirada y echar el ancla en tu ombligo para no alejarme nunca más de ti. De entregarme por completo a ti.

Sólo quiero llorar de felicidad entre tus tetas mientras me acaricias el pelo y no por la esquinas de una casa en la que me cuesta asimilar que no estás. Las noches sin ti no son noches, sólo oscuridad; los días ponen a prueba mi paciencia… Ya no sé si la tengo, si sólo es la inercia del tiempo atravesándome el pecho mientras me digo que mañana supone un día menos para estar juntos, pero también un día menos de mi vida y de la tuya, un día menos sin ti, muchos días sin ti… Me he puesto de rodillas porque es más difícil caer así que de pie. Eres tan inmensa para mí, que sólo puedo postrarme ante ti. Joder… has superado todo con lo que soñé algún día y que tiré a la basura porque me parecían las fantasías de un niño inocente que no era nada realista.

A pesar de la distancia, yo seguiré esperando con emoción al igual que tú, con miedo también, pero sé que tienes más ilusión y amor que terror. El miedo vomita dudas y ninguno de los dos vacila sobre lo que sentimos el uno por el otro. Todo saldrá bien, mi amor. Te lo prometo.

Te quiero.

lunes, 28 de noviembre de 2016

UN AÑO

No sé en qué momento te amé,
qué segundo se hizo latido,
con qué fuerzas me armé,
con qué valentía, locura o desvarío
en el río de mi escritura oscura
confesé querer amar contigo
en esta vida dura
que me arrastra al cruel destino.

Ha llovido un año tras los cristales,
se ha enredado el viento en tu pelo
y se han muerto las inmortales
aguatormentas de tus lacrimales
que profanaban, frías, lentas,
tus mejillas a raudales,
cayendo fuertes y violentas,
creando charcos abismales.

Y era todo tan sentido
en el aquelarre de latidos en mi pecho,
que jamás hubiera retenido
ninguna palabra haciéndose secreto
en lo hondo de mi corazón, sumido
en el dulce néctar de la sinrazón
donde deliraba estar contigo
sintiendo plena satisfacción.

Hoy todo ello es una nimiedad
comparado con el presente,
pues siento por ti una eternidad
de amor en mi corazón latente.

Gracias por este año flor de invierno,
y no olvides que te quiero
en la distancia, en la ausencia
y su incoherencia,
en la presencia...

No olvides que te amo
desde hace ya un año.

jueves, 27 de octubre de 2016

CLASE

Dick no era guay. Yo tampoco, pero Dick era subnormal o retrasado mental o algo. Los que no somos guays no jugamos bien al fútbol y por eso Dick y yo llevábamos un balón y jugábamos en un rincón del patio nosotros dos solos. Él siempre era el portero, decía que era Casillas y yo Cristiano Ronaldo. Empezamos usando como portería dos piedras, pero había demasiadas discusiones sobre si mis goles habían sido altos o habían entrado por la escuadra con una precisión animal, así que dibujamos una portería con tiza.
Así nos pasábamos los recreos, con un balón de mierda que se volaba con el viento. Los dos raritos, los que no molaban. A veces, venían a quitarnos el balón y Dick lloraba llamando a su madre. No podría describir lo que me producía ver a Dick de aquella manera, era una mezcla entre tristeza y vergüenza ajena.
Un día había metido un gol de liga, de Champions. Dick gritaba que había sido de punterolo y yo le gritaba que había sido con el empeine. La puta desgracia es que había rebotado el balón y le había dado a un chaval de los mayores, sería de 2º de la E.S.O., en toda la puta cara. Creí que al ser un balón de mierda que no pesaba una cagada, no le habría hecho daño y que, como mucho, el chaval le daría una patada para que fuéramos a buscarlo a casa Dios. Pero Dick, el subnormal de Dick, se río a carcajadas mientras le señalaba con el dedo. El chaval nos miró:
—¿Quién ha sido el gilipollas?
Dick dejó de reírse y me señaló con el dedo. Tragué saliva, sabía que iba a cobrar. Ese chaval que me sacaba dos putas cabezas vino corriendo para saltar sobre mí y empezar a meterme puñetazos. Dick empezó a gritar y yo a ver muchos pies a mi alrededor que producían un gran tumulto:
—¡Dale! ¡Vamos, Chuck! ¿A quién le está partiendo la cara?
—¡Es el amigo del subnormal! ¡Es Jake!
Y risas… Y burlas. Después oí la voz de un profesor de guardia que nos separaba.
—¡Chuck! ¡Déjalo! ¡Vamos!
Ese profesor cogía a Chuck para separarlo. Dick lloró y gritó “Mamá”. Todos se rieron.
—¡Venga, Chuck! ¡Vete para allí! ¡No te acerques a él! ¿Me has oído?
Chuck se fue junto a otros. Los demás me miraban, algunos entre risas; otros parecían un poco espantados. Estaba sangrando como un cerdo.
—¿Cómo te llamas? –Me preguntó el profesor.
—Jake.
—Jake, ¿estás bien? Tienes que lavarte.
—Sí, sí. Vale.
—Voy a buscar al tutor de ese animal para que hable con él y con sus padres.
—No hace falta. No quiero más jaleos, profe.
Y se fue para hacer lo que le salió de los cojones. Cinco minutos más tarde vi cómo se acercaba Betty. Betty era la tía más buena que había en clase, era la que tenía las tetas más gordas. Nunca pensé que fuera a hablarme en la vida, creí que había que ganar peleas para que las tías se te acercaran. Se inclinó sobre mí. Olía bien, no olvidaré ese olor en la vida.
—Chuck dice que a la salida te espera.
Joder, me cago en la puta. ¿No me había ahostiado ya lo suficiente? Se me paró la respiración y el corazón galopaba a toda leche en mi pecho. Mierda… Ojalá estuviera en Bachillerato en vez de en 1º de E.S.O. Le iba a reventar la cabeza a ese mamón. Dick se sacó la polla y empezó a meneársela mirando a Betty. Ella gritó, la gente se rió y otro profesor de guardia vino a recoger a Dick para llevárselo sin antes decir:
—¡No os riais! ¿No veis que tiene problemas mentales?
Dick lloró porque pensó que le iban a echar la bronca. Simplemente, le estaban diciendo que eso no se podía hacer. Pero él siempre quería agradar a todo el mundo y, qué hostias, él no sabía por qué cojones estaba mal hacerse una paja mirándole las tetas a Betty.
Sonó el timbre y fui a lavarme para después ir a clase. Entré tarde, por supuesto. Todos estaban sentados mientras el profesor explicaba. Hubo un silencio de muerte cuando entré con mi cara amoratada, después susurros. No pude concentrarme en nada de lo que estaba explicando el tío ese sobre mates y fracciones.
—¿Lo habéis entendido?
—Yo no —dijo Dick.
Los demás se rieron.
—¡Silencio! Dick, tú no tienes que entenderlo. Haz los ejercicios de sumas y restas que te he dado.
Dick contaba con los dedos cuchicheando números.
—Haced los ejercicios de la página 42.
—¿Todos, joder? —Dijo alguien.
Ese tío me iba a matar. Y no sé cómo cojones se hacía esta mierda de las fracciones. ¿Para qué cojones valía saber sumar fracciones? ¿Me va a ayudar a partirle la cara a Chuck? Joder, me va a fraccionar a hostias. En dos horas me fracciona.
—Jack, sal a hacer el primer ejercicio.
Venga, no me jodas… Me levanté con el cuaderno. Miré la hoja, en blanco. No sé para qué llevaba el cuaderno. Iba copiando el ejercicio en la pizarra mientras el de la fila de delante me susurraba que me iban a partir esa cara de gilipollas que tenía a la salida. El subnormal de al lado se reía. Fantaseaba con darme la vuelta y tirarle el borrador en la cabeza, abrírsela de una buena hostia mientras yacía tirado en el suelo ahogándose en su puta sangre. Pero tenía cosas más importantes en la cabeza, como intentar saber cómo coño se sumaban 2/4 con 5/6. Sumé 2 y 5 y 4 con 6, escribiendo como resultado 7/10. La gente se rio llamándome gilipollas, el profesor pidió silencio a voces. Una vez todos calmados, Dick habló:
—Tenías que haber dicho que no lo entendías.
La gente volvió a reírse. Y normal, si no entiendes algo, pues te callas la puta boca y así no pareces subnormal, como Dick.
Tampoco me cosqué de la clase de Lengua y, mucho menos, de la de Conocimiento del Medio. Estaba sudando. Sólo quedaban diez minutos para que sonara el timbre. Todo el mundo estaba deseando que sonara el timbre, se notaba en los nervios, en cómo iban recogiendo poco a poco y el barullo iba en aumento. Yo no había tocado nada. Tal vez, si tardaba en salir, el tío se cansara de esperarme y lograra sobrevivir. A dos minutos de que sonara el timbre el jaleo de un viernes a última hora era un caos. Sonó la campana… Todos se fueron corriendo y yo empecé a recoger lentamente. Un boli… Un lápiz… Una goma… El libro… El cuaderno… A cerrar la mochila… Había tardado dos minutos, joder… Salí de clase. Los pasillos estaban ya vacíos. Bajé las escaleras lentamente. Aún me dolía la mitad derecha de la cara, así que esperaba que me diera en la de la izquierda. Bajé las últimas escaleras para dar unos agonizantes pasos por el pasillo que me sacaba del insti. Me acercaba a la salida. Mierda… Estaba lleno de gente gritando mi nombre y el de Chuck. La gente me zarandeaba y me empujaba al centro del círculo. Sabía que nadie iba conmigo porque no tenía quien me sujetara la mochila y tuve que dejarla en el suelo.
Con el primer puñetazo que me había dado en la nariz, caí al suelo. Mis lágrimas caían conmigo. “No llores, mierdas. No llores” me decía a mí mismo. Me levantaron y me empujaron hacía él, hacia sus puños. El golpe esta vez fue hacia la boca, volví a caer al suelo. Notaba el sabor a sangre. Las lágrimas caían sin mi consentimiento y mi cuerpo asumía la derrota, mi mente también. “No llores, no llores”, pero la sal de las lágrimas se mezclaba con la sangre de mis labios. Escupí un diente. Después sentí durante una eternidad las patadas de Chuck en mis costillas hasta que, de pronto, todo acabó. La gente se fue. Pude notar el aire hurgando en mis heridas.
Dick se me acercó y se puso de cuclillas sobre mí.
—Jake, ¿has ganado? No podía ver nada.
—No, Dick. ¿Tengo pinta de haber ganado?
Me ayudó a levantarme como pudo. Me dolía tanto todo que no lograba sentir nada. Después Dick cogió mi mochila y me la llevó. Mi orgullo había quedado allí. Evidentemente, la pelea no era lo único que había perdido, también había perdido el autobús. Dick me acompañó durante quince minutos mientras canturreaba dando patadas al balón que llevaba en una bolsa de plástico.
—Tu mochila, Jake.
—Dámela el lunes en clase.
—Jake, ¿y los deberes?
—Que le den por culo a los deberes.
Se me quedó mirando un rato, con cara de asombro. Después se fue corriendo con su mochila, la mía y el balón. Los otros tres cuartos de hora los hice a pata hasta el barrio. Antes de llegar a mi calle, vi que no había nadie, y lloré aún temblando de miedo sentando en un portal. Ese tío me había partido la cara en el recreo y a la salida. ¿Y si ese capullo quería volver a darme de hostias el lunes?
—¡Jake! ¡Eh, Jake!
Me sequé las lágrimas en un acto reflejo y me puse de pie. Era Walter.
—Jake, joder tío… ¿Qué te ha pasado, colega?
—Un chaval me ha ahostiado. Dos veces.
Me miró atentamente la cara. No parecía preocupado. Walter había visto mucho de eso y no estaba ni impresionado. Se sentó en el portal y sacó para hacerse un peta.
—¿Te duele, tío?
—No, tío. ¿Puedes partirle la cara tú? Es mayor que yo, encima repetidor. Tú tienes ya 17. Le reventarías la cabeza a ese maricón.
Se rio.
—Joder, macho. Que se me va a caer esta mierda —dijo entre carcajadas—. No puedo Jake, acabo de salir del correccional hace pocos meses y no puedo meterme en jaleos, tío.
Terminó de liar el peta. Le dio una calada y me lo pasó.
—Toma tío, te quitará el dolor.
Dudé un momento.
—Joder, macho. ¡No seas marica! ¿Sabes por qué te ha ahostiado el mierdas ese? No porque sea mayor, sino porque tú eres muy pequeño. Haz cosas de mayores, joder. Peléate más. Necesitas entrenar. Mira, mi padre me metía unas palizas de muerte hasta que tuve huevos y le metí esa puñalada. Tres años de correccional y ya estoy aquí, pasando hierba, ganando mi pasta. Y no he vuelto a saber una mierda de mi padre. No tendría huevos ahora a venir a tocarme los cojones. Me he comprado una moto. Cuando tengas los 16 podrás dejar de estudiar y conseguir pasta como yo, pero que no te toquen los huevos mientras. Así que fuma y cállate, joder.
Lo admiraba. Con moto, con pasta y, encima, ni su padre había podido con él. Más las peleas que tendría en el correccional. Le di una calada al peta. Noté el humo en el pecho y lo solté tosiendo.
—Despacio, tío. Venga, vete a tu puta casa y aprende a pelear. Entrena, joder. Y te daré una vuelta en moto.
Me fui a casa un poco mareado. La cocina estaba como por la mañana: con botellas vacías y ceniceros llenos. Mis viejos estarían durmiendo aún el pedo. Prefiero tener unos viejos que pasen de mí que unos como los de Walter, qué puta suerte tengo para algunas cosas. Saqué unos sanjacobos congelados y los metí en la freidora. Walter tenía razón, tenía que entrenar y pelearme más para tener más experiencia. No pude comer los sanjacobos de lo que me dolía la boca y tomé un Cola Cao. Después me tiré en la cama a dormir. No sé cómo Walter podía mantenerse en pie fumando maría. Sí lo sabía, porque él era un tío duro.
Al día siguiente me llamó Dick por teléfono para salir a jugar a fútbol. Le dije que vale, que me esperara donde siempre. A él sus padres no le dejaban entrar a mi barrio. Tenía el balón en esa bolsa de plástico medio rota a la que le daba patadas.
—Dick, tenemos que entrenar para saber pelear.
—Yo quiero jugar al fútbol.
—Dick, tío. Ayúdame a pelear, podemos practicar juntos. Después jugaremos a fútbol.
—¡Yo quiero jugar al fútbol ahora! —Gritó llorando.
—Tío, tío. Tranquilo, ¿vale? Primero entrenamos y después jugamos al fútbol. Si tú no entrenas conmigo, yo no juego contigo.
—Vale…
Nos fuimos a un descampado que había. Nos pusimos uno frente a otro. Yo levanté los puños, él se quedó sujetando la bolsa con el balón mirándome con cara de conejo deslumbrado antes de ser atropellado.
—Dick, joder. Suelta el balón.
—¿Me vas a pegar?
—¡No! Sólo en broma.
Soltó el balón y puso las manos como yo. Le di con el puño cerrado y muy suave en la mejilla.
—¿Ves? ¿Te he hecho daño?
—¡No! —Dijo sonriendo.
Ese subnormal se había reído indestructible, que los golpes no le hacían daño o que tenía superpoderes. Creía que los golpes eran los de las peleas y me había dado un puñetazo. Me había tirado al suelo. Él saltaba gritando que había ganado.
—¡Y una mierda!
Me levanté y me abalancé sobre él tirándolo al suelo. Entonces lloró mientras no dejaba de reventarle la cara a puñetazos. Su cabeza rebotaba contra el suelo. Dejó de llorar, pero yo no podía parar. La rabia de haber sido mínimamente humillado por ese subnormal, la ira, el poder de ver cómo mis manos tenían la fuerza para doblegar a alguien... Nunca había sentido eso. La cara de Dick ya no era ni reconocible, pero ya no era Dick, no para mí. Yo nunca le hubiera hecho eso a Dick.
De pronto, alguien gritó y me cogió apartándome de encima de él.
—¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios! —Gritaba una tía mirando a Dick.
Yo también lo miré.
—¡Chris, llama a una ambulancia! —Gritó el tío.
Lo miré y sentí orgullo. Ese pavo me cogió de los hombros y me zarandeó.
—¿Sé puede saber en qué cojones estabas pensando, eh? ¿Eh?
—En ganar. Sólo quería ganar.





viernes, 12 de agosto de 2016

ESPERMA

Me he pintado las uñas de negro y me he masturbado pensando que era tu mano, que esnifabas coca sobre mi polla hasta que te sangraba la nariz y estoy notando el amanecer líquido resbalando, arrastrándose hasta lamerme los huevos y estallar espesamente en el suelo. No, mierda, no es tu sangre, sólo esperma… El orgasmo ha sido como si la larga uña del diablo me hurgara dentro del pene. También la noto disolviendo coágulos cerebrales que tengo en el corazón. Un día me dará una embolia y tú no estarás para asustarte, quiero que te preocupes por mí. Me he limpiado con el mejor poema que me hizo abortar el whisky. Era para ti, todas esas mentiras de poeta borracho con la bragueta bajada eran para ti. Tú, otra mentira… Pero, Dios, qué mentira… La mentira con las mejores tetas, con pezones como lunas ardiendo tras haberles meado gasolina, pezones que podrían purificar esta boca blasfema que te ladra a través de un papel. Soy un perro, un perro que arrastra sus patas traseras, a punto de ser gusano, el gusano de mi propio cadáver que te lee con las cuencas de los ojos vacías, con un hilo de lágrimas de afilado cristal que se va oxidando y me va cortando la cara. El esperma está frío, tan frío como la soledad, soledad en el eco de un ataúd enterrado bajo el segundo infierno que he encontrado tras haber seguido hundiéndome en el primero. Sé que pronto llegaré al tercero si el destino sigue el rumbo de la cruel decadencia que me abraza mientras me quedo dormido vomitando de rodillas sobre el W.C. Esa sodomita en celo, mi musa más puta, mi delirio más drogado, la realidad más adulterada… Es una putada vomitar después de cagar. Es una putada quererte a través de un papel lleno de espermatozoides agonizando. Puedo verlos retorciéndose en su optimismo truncado de intentar llegar a fertilizar un óvulo, es el pesimismo vital en su estado puro, las primeras luces psicodélicamente negras del nihilismo. Yo también quiero morir en tu coño húmedo, que cada embestida suene a teclas de una mecanográfica Olivetti que me tatúen líneas en mi desquiciado cerebro, correrme hasta que se me escape el alma al eyacular y puedas salvar mi cuerpo de ella, quedarme encima de ti crucificado en tu cuerpo sintiendo que estoy tocando tu alma con la punta de mi polla, que nieven plumas ardiendo, combustionar juntos y morir de una sobredosis de alguna droga que me haya dado el camello a cambio de una mamada para escupir su esperma al suelo. Me encanta escupir al suelo, escupir los pies del cielo y mirar hacia arriba esperando una venganza divina. Pero no, no estás aquí. Sólo estoy yo, con esperma goteando por mis brillantes uñas negras.

jueves, 21 de julio de 2016

LA MEJOR NOVIA DEL MUNDO

Una noche habían secuestrado a mi novia. Es una larga historia, pero se podría resumir en un simple título: “no le toques los cojones a la mafia japonesa”. El caso es que, una vez pagada la deuda, mi novia había aparecido en casa. No tenía síntomas de haber sido maltratada ni violada y me había confesado que ni siquiera la habían amenazado. Tras tres meses sin verla… Lo sé, me costó reunir el dinero, pero espero que la mafia italiana no se entere de lo que he hecho… Recuerdo la conversación:
-¿Qué tal?
-Bien.
-¿Follamos?
Me la estaba chupando cuando la agarré por la nuca y noté un orificio. No dije nada, me la estaba comiendo tan bien que esperé a mirar. Mientras fumábamos el cigarro de después y ella relamía el esperma de sus labios, le dije que me dejara mirar. Era una puta entrada USB. Ella no recordaba nada y me fue inevitable no conectarla al ordenador en el momento. Resulta que cuando la conectaba, perdía el conocimiento. Mi novia tenía un disco duro con bipartición de 10 terabytes en cada unidad y a una no se podía acceder, la otra estaba en blanco. ¿Qué cojones le habrían metido esos putos japos de mierda? Espero que no fuera el VIH…
Al principio fue divertido. Le descargaba una canción y la reproducía mientras hacía playback cuando se lo ordenaba. En esos momentos, no perdía el conocimiento, pero no era consciente de nada. Le descargué el kamasutra, las mejores recetas de comida del mundo, manuales limpieza, bricolaje, una calculadora, un despertador… Sinceramente, me costaba entender cómo podía haberla querido antes sin todo esto.
Seguía inquietándome qué tendría en la unidad protegida, pero no había actuado de manera extraña y creí que, simplemente, eran programas para el correcto funcionamiento de ejecución de programas. No, esos japoneses le habían metido ordenes establecidas, seguro. Y una de ellas era matarme, estoy convencido. Pensé en formatear a mi novia para borrarle lo que le hubieran metido, pero eliminaría los programas que la hacían funcionar como un ordenador… No podría vivir sin follármela con esos cuarenta modos de vibración que le había puesto, la voz de una locutora de radio que le había descargado y la Wikipedia.
Una noche me despertó con esa voz de locutora de radio, me clavó un cuchillo en el estómago y la miré con dolo. En ese momento sólo pude decirle:
-Tócala otra vez Sam.
Y me siguió apuñalando mientras por su boca salían notas de piano. Mientras me desangraba, se prendió fuego. Ni siquiera gritó.
Cuando me dieron de alta en el hospital no dejaba de pensar en que no volvería a tener a otra novia igual… ¿O sí? Me casé con una ecuatoriana que quería conseguir los papeles y se la volví a jugar a los japoneses.

domingo, 14 de febrero de 2016

INSOMNIOS EN LA VÍSPERA DE SAN VALENTÍN

La sangre corrió por esa fotografía en blanco y negro expuesta en mi podrido cerebro que el sepia temporal empezaba a morder con el sarro de sus dientes. La embolia del dolor, derramándose por el vertedero en el que se descongelaban caducados delirios del pasado para volver a la vida, cogía aire dentro de mi cabeza y contaba diez antes de mandarlo todo a la mierda. Me he cansado de contar las ovejas que saltaron por el desfiladero antes de dormir, de ver las estrellas caer observando impasible cómo tras ellas arrastraban deseos que pedí en aquellas noches en las que el mañana no era más que una puñalada al pecho de la noche. Me he aburrido de ver a las horas abrirse las venas para que una herida pueda cerrarse o infectarse mientras el tiempo me sopla la carne y su helado aliento pone huevos de gusanos en ella. Oigo el zumbido de las moscas que escupe la lógica volando rabiosas alrededor de mi corazón posándose en sus tejidos y frotándose las patas antes de picarme; las escamas de las alas de las mariposas son caspa con la que un día hice sueños de nieve que se llevó el viento.
Hay un mañana apuntándome con un brillante cañón de recortada que me ciega y que no me deja adivinar cuándo será disparada su bala. Mientras, yo me masturbaré entre las arrugadas sábanas que un laberíntico insomnio descompuso ante mis putas narices con parsimonia y paciencia irritante. Pensaré en ti como aquella princesa que lloraba en las almenas mientras sus muros caían, como la furcia que cosió su coño para que no se le escaparan los latidos por cualquier agujero. Pensaré en ti anhelándote, echándote de menos mientras el techo me sepulta leyendo tu nombre y el mío en una lápida (porque el amor no caduca, sólo mueren los amantes) entrelazados como nuestros dedos en una ducha en la que el sentido común se desnuca y cae por el desagüe, en una ducha en la que tú estás más húmeda que el agua, ardiendo en pecado, notando mi polla dentro de ti, mis demonios, mis latidos, mis alas de ángel maldito batiéndose en tu alma, mis versos de silencio, mis palabras tachadas, mis embestidas contra el mundo, mis roturas y sonrisas con dientes rotos, mis cicatrices sonriendo a tus dedos, mis tres segundos de orgasmo y mi abrazo eterno sobre tu cuerpo. Mañana es un etcétera hasta que la bala se dispare y el aroma de la primavera quede sepultado por el de la pólvora. Un ahora contigo, un ahora estirado como cada línea que intenta llegar al otro extremo del papel. Ahora soy un amante en bruto y tú, tú una flor delicada entre las manos de un asesino que ha dejado las armas… incapaz de matar fotografías en blanco y negro.
El niño cadavérico de alas blancas no es tan niño cuando se acuesta susurrándome tu nombre, metiéndome mano, besándome los labios, violándome… Y yo pienso en ti cuando acabo crucificado por flechas en el maltratado colchón arrugado por las garras de mi insomnio mientras resbala semen por mi cuerpo a la velocidad del dolor. Mis sueños te pertenecen y no hay quién duerma; yo te pertenezco, y no hay quién sea sin ti. Desvarío en un papel, mis latidos convulsionan, la luna tiene esa sonrisa prefelación y hace una preciosa noche de aquelarre para una orgía de orgasmos entre diarreas de besos, entre diamantes negros dilatados que se miran fijamente. La realidad se empaña con la neblina de tus jadeos, las nubes tienen las bragas mojadas y truena la polla de Dios cuando eyacula su luz espasmódica sobre la noche. Enciérrame en el pentáculo de tu cuerpo y déjame diez minutos a solas con tus demonios.
Y vuelvo en mí, a la soledad, a la oscuridad, al chirriar incómodo del colchón al que se le antoja materializar mi anhelo por ti. Pero la foto, esa fotografía de ti que hay en mi desquiciada cabeza, baila a todo color, y el mañana no es tan trágico porque no estoy solo contra el mundo… y tú tampoco.


viernes, 1 de enero de 2016

FELIZ AÑO

¿Y cómo es que el mundo me ha parecido tan gigante como para ahora  poder sostenerlo con la punta de mis dedos a tu lado? Ahora, que sólo es un pequeño pedo azul de Dios girando alrededor de las pupilas de una rubia, y tu mirada me hace volar en contra de la voluntad de la newtoniana gravedad, siendo el tiempo tan relativo como quiera marcar el latido de tu corazón junto al mío pactando infartos y nuestras pieles se arranquen a hacer aquelarres bajo una luna que parecía medio vacía y ahora parece medio llena. Ahora, que el cementerio de estrellas son los culos de mis sueños luciérnaga apuntando a una cena romántica en la que te metería mano por debajo de la mesa mientras te has dejado el gas abierto para poder explotar juntos. Cariño, vamos a dejar los azulejos de la cocina llenos de amor mientras el mundo se va a la mierda.
Quiero llegar a tu corazón a través de la autopista del orgasmo y la autopsia de tu cuerpo, regresar de él a tu sangre para que la ola de tus gemidos me vuelva al espasmo de saberme dentro de ti escupiendo poesía en forma de semen. He soñado con hacer alunizajes a tu paladar mientras me mato contra tu lengua y yazco en tus labios como el héroe que quiso conquistar el cielo de tu boca. Quiero que cada beso sea la cruz de cada pedazo de alma que sacrifiqué amándote.
Canta poemas de sirenas mientras mis dedos bailan el Moonwalk en la pista de aterrizaje de mi delirio mientras la razón patina tanto como el pulso de mis venas al resbalar por dentro ti. Y sé, sé que damos tanto asco como el beso entre dos cerdos enamorados, quedamos en lo más superficial de la mierda que nos hunde para pulverizar el aroma de nuestras caricias. ¿Qué cagará la gente para decir que la mierda flota si yo ahora sólo me sumergiría en la oscuridad para hacerte cunilinguae?
Y ahora, sálvame de otro año que viene a ponerle peso a la lápida que me hunde cada vez más bajo la tierra y me sumerge en el más oscuro de los infiernos, Rescátame con una sonrisa postamatoria donde mis demonios se ahogan entre las enredadas sábanas que dejaremos para que el amanecer se espante mientras nuestros cuerpos llueven uno sobre el otro.
Haz que este año no sea otro ancla que arrastra mierda de las olas de las lágrimas que quiero dejar atrás, sino viento a toda popa que me dirija hacia un horizonte que no querré rozar con mis dedos porque querré hurgar en tu alma con ellos mientras le hago cosquillas a tu corazón. Necesito cuidar y arrullar de cada uno de los latidos que tu corazón lanza por mí mientras estremezco tu piel con besos de los que mis demonios se espantan.
Entrar en otro año, salir del Hades, parir a Neptuno entre tus piernas, abrazarte para apretar mi cárcel de amor contra tu cuerpo que se arquea haciéndose luna menguante debajo de mí, reflejar mi sonrisa en el brillo de tus ojos, matar blasfemias en tu boca… Olvidar todo mientras amarte se convierte en un trastorno obsesivo compulsivo…
Te quiero, Chica Kaboom… Y una sonrisa tuya bastará para salvarme.

Feliz año.