domingo, 25 de octubre de 2015

CUANDO EL CORAZÓN ME FRENÓ (O CUANDO DIJERON QUE SÓLO ESCRIBÍA SOBRE SEXO)

Estabas apoyada sobre la jamba de la puerta de la habitación, como un saxo desenfundado que se deja contra la pared; llorando, la saliva cae con flema por la boquilla. Apoyada, con los brazos cruzados en aquella habitación que sólo era iluminada anoréxicamente por un seco y amarillo besuqueo caducado de farola y, epilépticamente, por un intermitente letrero americano rojo furcia, te mordías con inseguridad la uña esmaltada de abismo. Apoyada, con las bragas aún húmedas de la tormenta de nuestras manos que se entrelazaron para todo menos para rezar; con una camisa que ni el más gélido corazón de piedra querría que te abrocharas, que no habría pollas flácidas, sino rendidas a tus pies, me mirabas con tus ojos color verde mantis macho apócrifa sangrando por el cuello. Apoyada, con la noche de tu pelo sin estrellas amenizando por tus hombros para levantar el vuelo a la altura de tus costillas, me dijiste:
——Quédate.
Y dejé de subirme el calcetín, y me paré mirándote, mirándote las piernas, el ombligo, tus tetas, tus labios, recordando lo bien que habíamos follado los diez primeros minutos y lo bien que habíamos comenzado a hacer el amor después, te miré como si fueras irrepetible. Mi polla gritó: “¡Quédate, hijo de puta!”, mi cabeza me dijo: “Tío, en serio, aspirar a más es imposible”, mi corazón me susurró: “Estoy acojonado, sácame de aquí”. En la Biblia no hay un milagro en el que J.C. haya puesto la polla de alguien, su cabeza y corazón de acuerdo. Tal vez por eso me estuviera cagando en Dios en ese momento. Y sigues:
——Te quiero.
Me cago en Dios… E hiciste que mi polla me lanzara el discurso más largo de toda esta vida que me parece una lenta putrefacción de la existencia: “¡Joder! Puedes follártela toda la puta vida una y otra vez. Imagina: caricias, pajas, cubanas, mamadas, polvos, puede que, incluso, sexo anal. ¡Orgasmos indefinidos con esta pedazo de pava que está buenísima!”. Y la cabeza: “Bueno, que envejecerá y no estará buenísima toda la vida, pero es cariñosa, delicada… No le hagas daño, merece la pena. No te hagas daño. Es lo que necesita, eres lo que necesitas. Saldrá bien”. Y el corazón: “Yo la quiero, pero estoy encogido. Saldrá mal, estamos malditos”.
Y caminas hacia mí mientras suena Norah Jones y la luz epiléptica viola tus caderas a cada paso. Me estoy poniendo el calcetín de al revés y me siento gilipollas… o seducido… o enamorado. Joder, ni zorra de cómo me siento mientras te acercas con el rimmel corrido, sospecho que le he echado aguarrás a la Noche estrellada de Van Gogh. Y te sientas sobre mis rodillas, y yo sigo sin saber cómo me siento, con tus tetas a las 12, tu entrepierna a las 6, mientras me rodeas con tus brazos a las 3 y a las 9, y yo tengo un puto número pi convulsionando en algo que ahora parece demasiado grande e inmenso dentro de mí y que no encuentra la hora de acomodarse.
——Quédate…
Me dices mientras te balanceas sobre mí y tus labios se entreabren para darme el beso que guardan en su oscuridad. Ósculo lento, largo, con lengua retorciéndose como una húmeda culebra, con caricias sonámbulas por mi espalda. Me como tus cálidos suspiros, me trago tu mirada, devoro el tacto de tus dedos, me atraco de tu tacto… Atraco… asalto a mano desnuda, alunizajes contra tu baboseante coño que me abraza como si fueras a crujir por dentro y yo a explotar con un maldito talibán kamikaze dentro por el que Dios sólo existe unos segundos para reírse en su puta cara mientras se hace pedazos para decirle “Si querías 40 vírgenes en el Paraíso, haberte ido de putas a Ecuador”. Te como los pezones como hubiera querido comerme el mundo en su día, bajo por tu cuello de la única forma en la que alguien puede hacerlo al Infierno, te embisto con las mismas ganas con las que ese toro le sacó el ojo a ese hijo de puta que se creía Superman con una capa marcando paquete con su traje de luces. No me esperas, te corres estrechándome entre tus piernas mientras exhalas un placer que vibra con la cuerda de arpa que se ha entretejido en tus labios abiertos. Entonces te empujo, tan fuerte como el destino lo hace con la vida para acabar en la muerte.
——Joder… Te quiero…
Me dices entrecortadamente por el cuchillo de la razón que se mella con tanto roce…
Y mi polla, extasiada; mi cabeza, anestesiada; pero el hijo de puta del corazón nunca duerme. Y me separo, retrocedo en ese espacio íntimo que era para nosotros. El fresco de la noche  me resbala en la polla.
Me miras, espantada, como si hubieras visto un fantasma; pero te dije que estaba muerto. Que soy una calavera con una bonita cara, que en mi vida todo está condenado a morir, hasta el amor. Mi corazón tiembla de pavor al ver algo tan vivo, tirita sabiendo que esto es demasiado perfecto, patalea antes de ser parido entre contracciones de dolor:
——Un día despertarás, con tu pelo revuelto y la vida despeinada. Suspirarás oliendo la almohada y te darás la vuelta para comprender cuál fue el fallo, qué pudo haber salido tan mal para que no te percataras de ello. Y verás a un hombre con la espalda desnuda que crees que duerme, pero que tiene los ojos abiertos atisbando que el mañana acabará con la monotonía. Te cansarás, o te acostumbrarás, yo qué se, del cariño, los abrazos, los besos, los detalles, los orgasmos… Y verás esa espalda desnuda como una piedra lapidando tus sueños. Verás a ese hombre que jodió todo con lo que soñabas que era el amor y bostezarás para limpiarte las legañas mientras piensas: “Tengo que hacerle café para cuando se levante”. Y tú te levantarás, sin ganas, por compromiso, atediada, abúlica… Lo harás todo por ese hombre al que ya no quieres porque amar es sólo un instante de delirio en nuestras apestosas vidas.
Y me miraste aflojando tu coño; yo vomité:
——No quiero ser ese hombre del que te arrepientas.
“Gracias”, me dijo el corazón.
——Vete a la mierda, hijo de puta –me contestaste.

miércoles, 21 de octubre de 2015

BANG II



Es muy fácil escribir, demasiado. Es tan cómodo teñir sobre un papel palabras con nuestra sangre… El folio no juzga, no contesta, es una amante muda que se deja violar en silencio, es el abismo donde vuelco mi cobardía, donde moldeo la realidad hasta deshacerla, donde justifico mis errores, donde desordeno el mundo. Es el lugar en el que puedo hacer que llueva hacia arriba para no pisar los charcos, es el único rincón en el que es posible que me quieras.
Ahora los días son más cortos y los insomnios se vuelven inmortales, no sé cuándo se hicieron inmunes a la Trozadona y el whisky no ayuda demasiado. Ahora pareces más guapa en las fotos, tu risa es más dulce en las grabaciones… Ahora todo es demasiado cruel, a pesar de que esto sea lo normal en mí, de que esta situación ya me había matado antes. El propio bucle es lo cruel. Estoy maldito y lo nuestro estaba predestinado a ir al infierno.
 Se me hace muy difícil escribir sobre lo mismo una y otra vez, aunque necesario. El castigo es inevitable en mi vida.
En papel, todo quedará en papel. Hay quien hace un avión con él y lo tira viéndolo desaparecer rápidamente. Yo soy de los que hacen un barco que empieza a dar vueltas mientras agoniza en un remolino, el agua le va calando, el papel se va deshaciendo poco a poco y dan ganas de cogerlo con la mano o tirarle piedras para que acabe naufragando.
Después volveré a casa con las manos en los bolsillos y hurgaré con el dedo algún agujero que haya en ellos hasta convertirlo en abismo. Hay noches en las que abro la nevera y veo que no me quedan milagros, así que no sé qué puedo ofrecer. Ir al Infierno debe ser algo parecido a abrir el frigorífico y no ser iluminado por su luz, la verdad es que nunca me he parado a ver qué modelo de bombilla necesita. Entonces pego un post-it: “Compra un arma”, sobre el de “Cobarde”, al lado de aquel que pretendía ser una nota de suicidio. Siempre está esa maldita canción alegre y optimista que te hace seguir vivo sólo para matar al cantante. Aunque odio más el pesimismo y la maquillada melancolía superficial. He fantaseado con cómo Nacho Vegas y Enrique Bunbury le abrían en canal el pene al cantante de Maldita Nerea. Sonrío antes de vomitar y no me ha dado tiempo a levantar la tapa de “Intranerso”.
Escribiré sobre soledad envasada al vacío sin conservantes ni colorantes, sobre putas que mutan en sacerdotes confesores tras el orgasmo y nostalgia que eyacula semen. Sobre el corto camino al fracaso que te marca de por vida y lo larga que se le pone la polla a la gente para gritar que sólo escribo sobre sexo. Es difícil hacer el amor en un mundo lleno de pervertidos que no saben que me he hundido en coños intentando llegar a un corazón impenetrable.
Últimamente, el papel se está rebelando contra mí aliándose con el mundo. Demasiado cianuro para tan poca anestesia… Aunque mereció la pena haber vomitado un libro sólo por estar abrazado a ti mientras me leías poesías y “Bang”. Todas esas líneas dolían menos con tu voz, con tus caricias sobre mis cicatrices y un trozo de mi alma se arrancó de cuajo de mi interior cuando suspiré. Y me miraste, no sé si en ese momento viste en mí al mismo que había escrito el libro, aunque sólo fuese por una fracción de segundo. Después te llamaron por teléfono, la última vez que hablé contigo por teléfono estabas llorando, nos dijimos “te quiero”, “adiós” y colgué sintiendo que con ese acto yo había apretado el gatillo. Bang. Maté lo que más quería por no verlo sufrir y no me quedan milagros. Bang. Nunca debí matar algo que no sé resucitar. Bang. Tu maldición: “puto Twitter”. Bang. Y el silencio que llega tras la muerte…

jueves, 15 de octubre de 2015

A MÍ ME GUSTAS

A mí me gustas como para recordarte hasta que la noche sangre, como para ver el trágico goteo de los días sin ti tras el sucio cristal helado de mi desordenada habitación en la que no puedo encontrar la realidad. A mí me gustas como para soportar dosis letales de dolor esperando una sonrisa con besos que me inyecte morfina.
Tal vez por eso sigue el cadáver de este sueño en mi interior mientras tú lo tienes enterrado y lo lloras cuando le llevas flores. Quizá por eso algo huele a muerto en mi almohada y me acaricia con su gélida mano la nuca susurrándome tu nombre. Sé que la lógica te escribe los peores versos del mundo para conquistarte y meterse entre tus sábanas.
A mí me gustas como para poner una canción triste en una noche de lluvia en la que tú eres la única luz que hay en el negro bostezo del insomnio. A mí me gustas como para sólo serte infiel abrazando a la soledad, como para acuchillar tus dudas y miedos, como para perdonarle la vida a tus lágrimas cuando necesites llorar.
Hay algo dentro de mí que está roncando antes de despertar e iniciar una lucha que me va a herir. Y ya no seremos dos luchando contra esos monstruos, seré yo solo, y no entero, sólo esa parte que te quiere mientras que todo lo demás me traiciona. Va a haber mucha sangre que limpiar, muchos muros que levantar y pintar de un gris nublado, sentimientos que descolgar y tirar… otros los barreré debajo de la alfombra sin que me veas.
A mí me gustas como para coronarme los dedos en los anillos de tu pelo, como para haber cosido mi alma a ti y que se deshilache cuando tires poniendo distancia por medio. A mí me gustas como para no tener miedo a esta profecía.

miércoles, 14 de octubre de 2015

TROZOS DE SUEÑOS E INSOMNIOS



Mi polla está hasta los cojones de tener arcadas y acabar vomitando en estrechos laberintos vaginales a los que nunca se puede llegar al corazón. Y cosí cada uno de mis latidos a tu pulso para desbocarlo cuando le diéramos bocados a los kilómetros para acabar besándonos, como si la distancia fuera un espaguetti; tú la, dama y yo ese perro vagabundo que se apareó con la soledad sin haberle olido el culo porque esa puta siempre está en celo.
E hicimos aquella cama en uno de esos silencios mortecinos en los que no importa si eres inteligente o estúpido, porque no hace falta interpretar nada. Como no soy inteligente ni estúpido, sino gilipollas, yo bromeé entre sonrisas de Joker mientras estirábamos esas sábanas que a mí se me antojaban mortajas en ese ataúd. Tú  te fuiste a nuest…. tu habitación, y yo me quedé en ese cuarto de invitados. Y a cada vuelta, los sueños rotos que se habían enterrado bajo ese colchón crujían. Después de habernos separado 800 kilómetros, la mayor distancia era esa puerta de tu habitación. Fantaseé con que aparecieras en aquella celda diciéndome que durmiera contigo, pero la razón me decía que tú ya ibas por el quinto sueño mientras yo iba por un número irracional de delirios. Hacía calor. El mundo rugía si abría la ventana y preferí morir de combustión espontánea. No sé cuándo me dormí, pero mi último pensamiento fue el asco que sentirías si me follabas mientras yo te hacía el amor.
Ya sabes cómo fue la despedida… triste, emotiva, asomada a la puerta mientras me veías entrar en el ascensor. Me sorprende no haber montado un drama y no haberme encadenado a tu terraza llorándote que yo también quería ser como esa planta a la que rescataste. Me regaste con lágrimas, no puedo pedir más. Para qué negar que, cuando dejé a todos los del Blablacar en Madrid y me quedé solo, pensé en cómo caía por la espiral de tu pelo hacia no sé qué mundo alejado de toda realidad; para qué negar que, si no hubieses estado durmiendo ya, quizá hubiera dado la vuelta. Hubo una señal a dos kilómetros de casa, sangre en el asfalto, un bulto muerto y otro agonizando arrastrándose por la cuneta. Y se juntó la dulce fragancia que me habías dejado en la camiseta con el olor a cadáver. Sí, algo había muerto.
Hoy estoy extrañamente feliz, estúpidamente enamorado. Soy un inconsciente al que no pudiste ver dormir, pero sí soñar. Tengo desde hace tiempo el corazón sacado de quicio, pero reservaba un pequeño trozo de alma pura y brillante para un momento como éste que me hará seguir llevando esto con dulzura, esperando a que aguante, intentando ponértelo fácil. Por mí no te preocupes, yo sigo en el sueño, recogiendo los buenos recuerdos, barriendo, limpiando… Aún no sé dónde se apaga la luz y, mucho menos, dónde están las llaves para salir y cerrar la puerta mientras dejo el gas abierto. Y entonces no quedará nada dentro, será otro sueño enterrado en la oscuridad de la realidad que se quemará a solas. Espero que estemos lo suficientemente lejos como para no ser alcanzados por la explosión.
Y mañana… el mañana seguirá sin traer planes que debamos compartir los dos, intentaré frenar impulsos. Es difícil hacerlo, porque los impulsos se retienen con miedo y dudas, a mí no me quedan esas armas de cobardes. Espero volver a dedicarte el libro de nuevo. Gracias por haberme dedicado tu tiempo y la canción con la que tu corazón bailaba cuando pensabas en mí. Siento que hayas probado el caos que me envuelve y ahora no sepas cómo colocarlo todo. Gracias también por explicarme qué era una ducha y su complicado funcionamiento. Mis cicatrices echan de menos tus caricias de serotonina…