viernes, 22 de mayo de 2015

20 POEMAS DE AMOR Y UNO ERÓTICO (V)



POEMA ERÓTICO: CANCIÓN DE BLUES

Olías a libro viejo
y el café de tus ojos
atrapaba la luz
que mi apolillada alma
había perdido alguna noche
en no sé qué lugar.
Ahora la encontraba
en tu cuerpo vestido
con luz de luna.
Eras tan preciosa
que la noche me parecía
una mierda.
Tan preciosa
que había olvidado
nombres de estrellas
para hacerle hueco
al eco de tu nombre
en mi vacío interior.
Mi mirada se salía
en cada una de tus curvas,
es tan difícil frenar
cuando te acercas
columpiando tu sonrisa…

Eras canción de blues,
cuerpo de solo de saxo,
caricias de piano,
improvisación nocturna
que hacía perder las partituras.

Esa desnudez
no me deja verte por dentro,
me despista,
me desconcentro…
¿Quién soy?
¿Dónde estoy?
¿Es posible este momento?
Tu boca húmeda besa,
tus dedos callejean,
mientras te vas dejando caer
en la cama de sábanas blancas.
Y entre tus piernas
la luna se derrite
resbalando por tus muslos,
el amanecer de tus mejillas
sobre el horizonte de tus labios
entreabiertos intercambiando pecados.

Eres canción de blues,
con cuerpo de solo de sexo,
pezones afinados
bailando en pentagramas
que chirrían en la cama
porque no pueden seguirte el ritmo.

Siento,
siento que ahora te estoy conociendo
morfolaberínticamente.
No sé si bien o mal,
pero sí distinto,
de forma única
e irrepetible,
física y mentalmente,
mecánica e ilógicamente
en ese reducido espacio
donde muestras todos tus recovecos;
en ese tiempo
donde las horas se deshilachan
en pequeños segundos,
y éstos en eternos momentos
que suspiro lentamente.

Eres canción de blues,
la gravedad de un bajo
que se abraza a una guitarra
a golpe de la batería
de tus latidos.

Y olvidé el aullido
de los demonios de la noche
cuando gemiste lo inefable,
al someter con dulzura
el silencio a tu garganta.
Olvidé las noches de verano
que acababan en aquelarre
cuando tu piel de otoño
se humedecía con las tormentas
que tu deseo desataba.
Olvidé mis tropiezos
en la cuerda floja
cuando tu cuerpo
quería levitar,
cuando tus caderas se mecían
reencarnándose en olas
que arrastran hacia mar adentro
todo lo que encuentran.

Eres canción de blues,
acurrucada en mis oídos
mientras la noche llora
bajo los tímidos focos
de mis ojos con niebla.

Apretaste con tus piernas
lo que en tu alma
se desgarraba,
retuviste el clímax del pecado
en el pentáculo de tu ser,
se vertía por un hilo
entre tus labios,
se escapaba por tu mirada
mientras tus pechos
respiraban aceleradamente,
mientras te desbocabas
y las riendas que te sostenían
se rompían en cada espasmo
hasta que todo se fue.

Eres canción de blues,
rompiéndose en cada nota
mientras la música avanza
conquistando la mente
de los dedos que tocan.

Tu pelo desansa sobre tu rostro,
tus pulmones cogen aire,
encierras de nuevo tu alma,
tu mirada se pierde
en algún lugar lejano.
Y a mí se me cae una lágrima
porque no he pestañeado…
o porque no soy yo
quien está contigo.
Mi aliento empaña
el cristal de la ventana,
tú te duermes…

Eres canción de blues,
terminada, callada
entre el ruido de los cristales
de las copas
y de las ventanas
con la lluvia,
sonando todavía en mi cabeza,
desordenadamente,
con olvidos y modificaciones…
con la infidelidad de un recuerdo.

Eyaculado para María del Mar González Orejuela (20/05/2015)

sábado, 9 de mayo de 2015

20 POEMAS DE AMOR Y UNO ERÓTICO (IV)



XVI



Déjame hablar de cuándo la noche se hizo escarcha al cerrarse tus ojos más allá del horizonte y yo me quedé velando por nuestros momentos reales mientras apagaba las mechas de las estrellas con suspiros.



Y tu sueño se hizo canción

en el silencio de esta habitación,

vacía y llena de recuerdos,

sobresaturada de relocuras

y cajones abiertos

de tanto rebuscar,

de poner el caos patas arriba

por encontrarte

mientras yo perdía la razón,

la cabeza, el tiempo,

y no sé dónde

se

me

ha

caído

el

corazón

en el

         galimatías

                                                                                                       de

este

                                                         desorden

                          emocional.



Déjame hablar de cómo se derritió la luna en la mirada de mis ojos para acabar ahogándome en la almohada en la que tu pelo me ataba a tu respiración. Y ahora soy tan libre que no sé qué hacer conmigo si mi caballo sólo sabe galopar desbocado hacia tu boca si suelto las riendas.



Y las olas se encabritan

sin dueño ni conciencia

en la playa desierta

de la nostalgia.

Mensajes en botella

que acaban en el fondo

de un vaso con hielos derretidos.

Nunca he oído las canciones

de este bar de las lamentaciones,

pero me recuerdan a ti.

Todo me recuerda ti,

a ti, a ti, a ti…,

pero no te reencarnas en nada

que no sea delirio,

demencia o invento,

en pasado sin retorno

o futuro onírico.



Déjame hablar de por qué la primavera se volcó en el blanco y negro de los insomnios que me mataban para hacerse inmortales cuando nuestos efímeros besos bailaban sin orden ni concierto en mi cuadriculada mente que era incapaz de expandirse más allá de ti.



Y tú, Cenicienta

con alas de cristal

a la que hice sonreír

con mi carroza de ilusión,

volaste a Nunca Jamás

antes de que la realidad

lo transformara todo en lógica matemática

aplastante bajo tus zapatos de tacón

al roce de la medianoche,

a la caricia del solsticio de una despedida,

al abrazo de un eclipse de la luz de tu hada

que seguía para tropezar contigo.

Medianoche part-

ida

por el cuchillo de la luna

a la que siempre me faltó

la otra mitad.



No me dejes hablar más, porque se me va a ir la lengua y odiaría que no fuera a tu piel.





Latido para María del Mar González Orejuela 13/04/2015



XVII

Se me han ocurrido
cien religiones
en las que adorarte
como pecado.
Se me han ocurrido
mil deseos que pedir
al verte andar
reencarnada en tentación
por el cielo nocturno.
Se me ha ocurrido
atracar mi corazón
para torturarlo
y arrancarle
un par de palabras.

Creo que estoy mejorando,
ya sólo pienso en ti
cuando me masturbo.
Creo que estoy empeorando,
me masturbo demasiado.
Qué soledad, cariño,
la del orgasmo no correspondido,
la de tu fantasma proyectado en mi cama,
que pronostiquen lluvia para esta noche
en el techo de mi habitación.
Qué desesperación, amor,
que me despierte el sol
y no el horizonte de tus labios,
que se me posen las moscas
en vez de tus dedos,
pelearme por el espacio de mi cama
con el insomnio
en vez de contigo.

Y a la mierda.
¡Izad banderas!
Los suspiros son favorables.
¡Todo a estribor!
Y rumbo a tu sonrisa
hasta chocar contra tu corazón
y naufragar en tus piernas
para que tu sonrisa
me rescate.
Las dudas serán arrojadas
a los tiburones.

Cuaderno de bitácora:
Día 1,
he dejado de seguir estrellas
para seguir latidos.
Día 2,
la tripulación cerebral
se ha amotinado.
Día 3,
tu cuerpo a la vista
con el pelo ondeando.
Día 4,
he encallado
en tu pecho.
Día 5,
he achicado agua
con la boca.
Día 6,
he perdido
la noción del tiempo contigo
y por fin descanso.

Lo sé, estoy demente,
perdiendo la cordura,
las batallas con la distancia,
el pulso con los insomnios,
el corazón por tu pecho,
la cabeza con tu imagen.
Y diré que fue tu aliento
el que me llevó a zarpar
hacia la locura,
que no quiero más manicomio
que el de estar encerrado
entre tus brazos
con vistas a tu mirada.

Cielo,
que yo sólo quiero bajar
por tu espalda
como lo hace tu pelo.
Que yo sólo acariciarte
mientras me llevo a codazos
con la brisa que recorre tu cuerpo.

Yo sólo quiero escribirte
y que tus pensamientos
se enreden con algún verso
para ser el culpable
del frío de tu cama.
Ser un poco responsable
de algún momento de tu vida
hasta que decidas dejarte
toda tú en mis manos.

Latido para María del Mar González Orejuela 19/04/2015




XVIII

Me suicimuero pensando
en acercarme a ti,
besarte y mentirte
diciendo que calculé mal la distancia…
Y tú, muda,
porque soy más de robar palabras
que besos con guante blanco,
me mirarás a cobro repartido
mientras te digo que anoche
le hablé a Dios de ti
y le he hecho pecar.

Ese beso, ¿dolerá?
Tus caricias, ¿dejarán cicatriz?
¿Cuánto habré de morir en tu boca
para sentirme alguien vivo?
¿Una vez?
¿Cien?
¿El infinito que conlleva una enfermiza obsesión?

No respondas,
demuéstramelo.

Dime con tu cuerpo,
exhala tu alma,
vacíate en mí.
Libérate…

Latido para María del Mar González Orejuela (06/05/2015)




XIX

Se me va la cabeza
a no sé dónde,
y las manos.
Perdona si te he tocado
lo que quería,
si te he llegado al corazón
y me he desordenado
dejándome esparcido
por cada uno de tus latidos.
Era mi intención,
o mi instinto depredador,
contradiciendo a la justicia poética
que me tiene en busca y captura
desde que esgrimo líneas para ti.
La recompensa es un silencio,
una entrelínea en la que callarme
mientras intentamos entrar los dos
apretándonos el uno contra el otro,
empujando un verso,
pisando otro,
pateando palabras y aullidos.
Es una bonita guerra
que acabará llevándome a la locura
tras hacer trasbordo en ti.
No hagas nada,
sólo siéntate y disfruta
leyendo cómo tu amante poetastro
trata de ganar una guerra
contra un mundo que nos es hostil,
con esta distancia desmedida,
las ganas sin tubo de escape
y nostalgias de ida y vuelta
que han regresado con las alas rotas.
Debo de quererte mucho
para ver la crueldad de este amor platónico
en una existencia aristotélica.
Miro por la ventana
y no te veo,
tal vez estés en el espejo.
Quizá esté solo sin ti
y no lo quiera admitir,
quizá se me están
pegando las lentejas
y pasando el arroz.
Imagino que hueles
a café recién hecho
tras hacer el amor,
que las sábanas
ondean en tu cuerpo
como cortinas de seda
en una noche de verano,
que me he corrido en tu mirada
y me he quedado pegado
en la miel de tus ojos
mordiendo el anzuelo de tu sonrisa,
que me he quedado así contigo
hasta el fin del mundo.
Dime, ¿he de conformarme
con tu sombra proyectada
en mis insomnios?
Tal vez sí,
la gente muere por ideas;
tal vez no,
nunca he tenido una buena idea.
¿Qué me une a ti
más que este vínculo
de versos que se estiran
para llegarte?
Es todo tan… místico,
tan inefable,
tan incapaz de condenar sentimientos
a palabras,
de limitarte
a versos.
Nunca dejes que nadie
te reduzca a una canción,
que te defina
con una caricia,
que te limite
a un cuadro.
Son jaulas
demasiado pequeñas
en las que no cabes.
Amor,
recuerda que yo…
yo nunca pude dibujarte
en veinte poemas
ni en una centena
de muertes.

Latido para María del Mar González Orejuela (06/05/2015)




XX

Una parte de mí te desea;
la otra, te quiere.
Una mano te acaricia;
la otra, te escribe.
Un trozo de mi cerebro te piensa;
el otro, te delira.
Estoy dividido
por una causa común.
No sabría follarte
sin hacerte el amor;
ni viceversa.
Te quiero a diestra
y siniestra,
con mi corazón ambidiestro
y su pulso bipolar.

Tú, princesa cortejada por dragones,
¿me esperas en el castillo
de los muros inquebrantables?
Torres más altas han caído
encima de mí,
mi palacio del Infierno
está derruido
y sólo tus palabras
me dan esa sensación de silencio
que necesito antes de la batalla.

La rueca del tiempo sigue tejiendo
los besos que no nos hemos dado.
Demasiados rotos y descosidos…
El mundo es un pañuelo
y lo ha doblado el mal fario.
Tú allí…
                                                                                                          Yo aquí…
Las polillas se comen mi alma
entre los suspiros que exhalo
por ti                                                                                          sin mí.
Y la tela del mundo intacta,
mis sábanas revueltas de no tenerte,
la almohada maltratada
y el sol que entra por la ventana
con la crueldad de la nostalgia.

Te echo de menos en la realidad,
añoro todos esos momentos
que he pensado para los dos.
Otra flor que se abre
y que no merece la pena arrancar
porque no se marchitará
entre tus dedos.
Otra maldita erección
que llega sin permiso
desperdiciada.
Otra noche oscura
de café negro
intoxicándome de insomnio
mientras veo tu imagen en su espuma.
Otra canción
que oigo sin ti,
otra chica
que no eres tú,
otro día
que me mata
porque muero por ti                                                                           sin ti.
Otras palabras que te escribo
porque no puedo susurrarte
al oído mientras aparto tu pelo.

Me gustas
para olvidar a otras cien
de las que ya no me acuerdo.
Me gustas
para tirar a Cristo al Infierno
y ponerte a ti por las nubes.
Me gustas
para apagar al sol a escupitajos
y dejarme guiar por tu mirada.
Sí, a cualquier amor verdadero
lo llamarán blasfemia.

Hago flores de papel
con poemas en los pétalos,
barcos de papel con tinta
que lucha contra las olas.
Y de lo que los demás te escribieron,
te pensaron, te dijeron,
sólo quedan las babas,
los andamios oxidados
desde los que te piropeaban.
De mis líneas
queda un infierno.
Y nunca nadie
ha podido sofocar
las llamas del averno.
He sentido el calor
de quererte
mientras las llamas me consumen.
No reces por mí,
haz un reloj de arena
con mis cenizas.
Resucitaré cada vez que me leas,
creerás morir oyendo mis latidos.

Veinte latidos
y un infarto llamado María del Mar.

Latido para María del Mar González Orejuela (09/05/2015)


EPÍLOGO TRÁGICO:

9 de mayo del 2015, España.

Amadísima María del Mar,

La poesía y yo estamos reñidos, soy consciente de mis limitaciones y de la deficiencia de mis versos. Es por ello que me queda tanto por decirte… porque no he acertado con las palabras, porque es difcíl encauzar sentimientos con el corazón latiendo a este ritmo. Escribir poesía consiste en venderle el alma al papel. Ya sabes que estas líneas son tuyas, pero ello provoca que una parte de ti sea mía. Es un intercambio espiritual al que nos vemos condenados y en el que nunca hay que pensar quién de los dos ha ganado más. De todas formas, yo ya estaba perdido.
Cariño, deberías dejar a tu novio y venir conmigo. Nos casaremos, discutiremos, tendremos hijos, nos los quitará el Estado, así que tendremos más hijos. Si vivivmos en España, podremos morir de hambre juntos; si acabamos en Colombia, me haré narcotraficante y moriré tiroteado en la frontera mientras aprieto una foto tuya contra mi pecho ensangrentado. Aunque seguro que me convences para cultivar café en vez de coca. Te estoy ofreciendo un futuro, que es lo que toda mujer quiere de un hombre.
Esto me duele más a mí que a ti… quererte, digo.

Whitejoker Manson.