lunes, 13 de abril de 2015

¿TE HA SEGUIDO ALGUIEN?



Por favor, maten al pianista. Toca de puta madre, pero me está deprimiendo con su repertorio de romanticismo comercial. Por favor, maten también a esa pareja que se está besando mientras saborea cada nota. No, a esa pareja no, a la otra. Deje a las lesbianas, podrían pensar que soy un homófobo en vez de un sociópata.
Disculpe, ¿el baño? Tengo que vomitar el vacío. El vacío es de colores, gasolina hecha arcoíris en contacto con el fuego. No, claro que no es negro, nena. Negro me está poniendo el maldito pianista. No, no te dejo pasar, tienes tu baño y yo, mis necesidades. ¿Me dejarías pasar acaso a tu vida?
Pon otro Whitelabel con Trina de manzana, me invita el escepticismo. Sólo dos hielos, no quiero patinar y caerme. Oye, ¿hasta qué hora está el pianista aquí? Actúa gratis, ¿verdad? Joder, claro que no toco mejor que él, pero nadie ha tocado el cielo tan bien como yo. No, con lo rácana que eres cargando la copa, por supuesto que todavía no estoy borracho.
La gente es acuarela resbalando por un lienzo, no es raro que se pisen los colores y el blanco salga a tomar el aire después de haber roto un par de copas. El portero de negro nunca lo volverá a dejar entrar. ¡Eso, pianista! ¡Vete a tu puta casa! Pero paga lo que debes. Lo peor es que las lesbianas han dejado de besarse, lo mejor es que ya puedo meterme en el hueco que han dejado entre la una y la otra. No me digáis que no se puede aparcar aquí después de la docena de maniobras que he hecho.
Oye, ¿cómo se llama está canción? No me recuerda a nadie, ojalá lo hiciera. Gracias, tampoco me acordaré del título. Pero me acordaré de ti cada vez que la escuche, si es que no me olvido de ella. Ponme otro Whitelabel con ¿No queda? Vodka Redbull entonces. ¿Me das cambio para tabaco? Oye, no me coge esta moneda. Joder, se me ha pegado el estribillo de las canciones del pianista y la noche es un melancólico blues azul.
Cóbrame, me voy. La acuarela se ha secado, no queda Trina y las teclas del piano siguen sonando. No, tal vez no me vuelvas a ver y ya no recuerdo la canción.
Acompáñame a casa, prometo no propasarme contigo, Luna. Eres una calientapollas…
Abre, soy yo. Es que he perdido las llaves. No grites, yo también me he asustado al ver que no es mi casa. Bonitas bragas.
Abre, soy yo. Es que he perdido las llaves. No te enfades, gracias a mí verás el amanecer. Pianista, ¿qué haces en mi habitación? ¡Claro que hay un pianista! ¿No lo ves? ¿No oyes esa música que me recuerda a ella? Yo oigo la música, cómo se rasga un silencio y el gris que hay después de un melancólico blues azul. Por favor, dispara a ese pianista. ¡Mátalo! No sé si para asesinarlo tienes que apuntarme a la cabeza o al corazón. No llores, ¿por qué lloras? Sólo dispara…

4 comentarios:

  1. Precioso, Joker. Me he perdido en tus líneas y abracé la melancolía. Gracias.

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    1. Gracias. Quizá deberías leer cosas más optimistas, felices y con más humor. Así que suelta a la melancolía.

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  2. Para mí, el pianista es el amor! La melancolía, el blues azul, no es más que lo que produce el amor. Es curisísimo que cuando uno está solo y no está enamorado, no se siente solo. Sin embargo, cuando notas el estúpido estribillo de esa canción, a pesar de todo lo que hay a nuestro alrededor, nos sentimos no solos sino que además, abandonados. Eres tremendo, me encantó ese "dispará". Lo interpreto como un ¡¡¡BASTA!!!. Un abrazo enorme Joker

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    1. Sí, es un amor descrito como el arrepentimiento, esa figura siniestra que te sigue. Yo la he convertido en un repertorio de canciones en la imagen de un pianista. Me lees muy bien. Gracias por comentar. Un abrazo muy fuerte, Ana.

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Todo lo que calles, te violará por dentro. Así que habla.