sábado, 25 de abril de 2015

ONIRIA



Salgo de la boca del metro a Santo Domingo. No es de noche, es un inmenso vacío negro sobre mi cabeza; no es cielo; no es espacio… es la inexistencia flotando sobre este mundo alejado de todo. León es más gótico que nunca, la luz amarillenta de sus farolas inglesas se desvanece en la neblina que culebrea por las calles de piedra húmeda. No de agua de lluvia, sino baba, líquido espeso que sangra del empedrado.
Me espera un grupo de personas. Son caras desconocidas, una masa de ojos negros y sonrisas que me saludan. Deben de ser amigos míos. Vamos a tomar un café y caminamos por Ordoño salpicado por sus pequeñas réplicas de jardines franceses encerrados en jaulas de pájaro. No sé de qué hablan, tampoco sé si quiero escuchar. Los zapatos hacen eco con cada paso que damos y la niebla se vuelve cada vez más densa.
-¡Jabalí barredor!—Grita uno—.
Corremos deprisa mientras oímos una estampida que se acerca a nosotros desde no sé qué calle. Ellos han trepado a las farolas y me gritan desde lo alto:
-¡Sube!
Niego con la cabeza. El estruendo de los jabalíes barredores es más fuerte.
-No, que están los monos epilépticos y yo no soy inmune.
Acabo de tocar con la mano pelo, pelo de un maldito jabalí barredor que no me ha visto por la niebla. Se oyen a los jabaliés chocar contra las farolas, las paredes, los escaparates…. Las farolas aún resisten, lo demás está siendo destrozado.
-¡Sube!
-¡Que no soy inmune a los monos epilépticos, joder!
Me van a reventar.
-Me voy de aquí.
-¿A dónde?
Corro para cruzar de acera. León se desvanece tras de mí y la playa de S. Lorenzo va apareciendo delante. Me sangra la mano, tengo clavados varios pelos del jabalí y sacó cerdas de unos veinte centimetros de mi piel. La playa está desierta, no hay olas porque no hay luna y hago un castillo de ceniza roja mientras pienso en cómo volver a León y si de verdad quiero hacerlo. Estoy en el suelo de ceniza roja; la ceniza verde me lleva a Londres, lo rechazo porque prefiero ser reventado por un jabalí barredor a ser devorado por los vikingos caníbales; la ceniza verde me conduciría a Barcelona, pero no sé hablar chino occidental; la ceniza morada no sé a dónde va… Me meto en el agua antes de que emerjan de la ceniza los cangrejos esquizofrénicos.
Las catedrales de Salamanca están derruidas en medio de la Castellana mientras los niños zombies juegan entre ellos a hacer la guerra con los vikingos caníbales. Me alejo de allí antes de que me vean y corro por calles.
-No, no quiero—le digo a las putas mutantes de cuatro tetas y largos hilos de esperma colgando de entre sus piernas—.
Sigo corriendo porque empiezan a llover hormigas sanguijuela. Me pican el cuello, me arde y entro en un bar que veo abierto. La iluminación imita a la luz de la luna, azúl pálido. Hay tazas de té blanco mortecino con marcas sangrientas de labios  en los bordes y unas cortinas blancas con sombras humanas tras ellas ondean lentamente, a la velocidad de una pluma cayendo. Me siento en un taburete y aparece una camarera.
-Ponme una cerveza—le pido—.
-¿Te gustan mis ojos?
Tiene los ojos azules, tal vez todo el cielo esté en toda esa mirada, el pelo de tormenta.
-Sí—le digo—.
Y me pone una cerveza del color de sus ojos.
-¿Te gusta?—Me pregunta—.
-Sabe a lágrimas.
-Ya no sonrío.
Me levanto del taburete y la camarera desaparece. Entonces me doy cuenta de conocía a esa chica. Me siento en otro sitio y aparece otra camarera.
-¿Me pones una cerveza?
-¿Te gustan mis ojos?—Pregunta—.
Tiene los ojos verde aceituna deshuesada, la piel de copo de nieve… Me levanto para sentarme en otro sitio. También la conozco.
Me siento en otro taburete y aparece una camarera. No la conozco. Tiene los ojos en blanco, es ciega, y sus manos convulsionan cuando tropiezan con algo. Tira copas, las tazas de té, se rompen en forma de chorros de sangre y las sombras que hay tras las cortinas aplauden.
-¿Qué te pongo?
No me da tiempo a pensar lo que quiero, así que repito bebida.
-Una cerveza.
-¿Te gustan mis ojos?
-Sí—le respondo—.
Me pone una cerveza blanca de repugante apariencia entre convulsiones y estallidos de vajilla. Me decido a beber.
-¿Te gusta?
-Sí, no sabe a nada. Ponme otra.
Ella ríe:
-Puto nihilismo, ¿eh?

15 comentarios:

  1. Me encantó el final. Y el resto del texto me ha desesperado bastante por la curiosidad que me dejaba y por saber que no encontraría una respuesta. ¿Qué ha pasado con las farolas? ¿Eran inmunes tus amigos a los monos epilépticos? ¿Qué sabor tendría la cerveza de la camarera de ojos verdes? Pero nunca tiene un fin.

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    1. Te puedo responder a algunas preguntas. Sí, ellos sí eran inmunes a los monos epilépticos, si no, no se hubieran subido a las farolas. Sin embargo, no sé qué ha pasado con las farolas y no sé a qué sabía la cerveza de la camarera de ojos verdes, porque hay cosas que es mejor no saber o recordar.
      Es un sueño que tuve la otra noche. Creo que estoy muy poco adaptado a la realidad a la que los demás les parece tan normal.
      Gracias por leerme y siempre por tus buenas palabras.

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  2. Es genial Joker! Lo primero, León gótico. Muchas gracias porque extraño muchísmo toda esa niebla que lo hace tan misterioso :) Sin duda es mi ciudad.
    El tour me ha encantado, es brutal. La paranoia de jabalíes y monos no sabría a qué se refiere. Los sueños son la leche! Freud te diría que es algo sexual fijo, ajjaja.
    Lo de tres camareras con tres tipos de ojos me ha encantado. Los azules son como de dioses, demasiada vanidad. Los verdes son traicioneros y por eso ni probar la cerveza. Por último, los ciegos pero los únicos que ven "Puto nihilismo, ¿eh?"
    Me encantó Lord leonés poeta ausente escritor también de relatos surrealistas....besos

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    1. La verdad es que tengo muchas pesadillas por culpa de la medicación. Hacía muchos años que no recordaba sueños y ahora recuerdo casi todos, y casi todos son pesadillas. Éste, por ejemplo, no lo considero pesadilla si lo comparo con otros. A veces escribo sueños, muy pocas veces, si no, tendría esto lleno de sueños.
      Pues lo he estado pensando y creo que los monos y todas esas criaturas es el mundo y que no soy capaz de adaptarme a él. Por ejemplo, la gente se puede subir a las farolas para evitar a los jabalíes, pero yo no. En durante el sueño, todo me es hostil. Y al final, lo único que me acaba gustando es eso que no sabe a nada, ese "puto nihilismo". Me gustan los ojos de esas chicas, pero no sus consecuencias, en cierta manera, son amargos, duelen y es mejor cambiarse de sitio o quitarse el sabor.
      Muchas gracias por leerme y comentar. Me alegro de que te gustara, a pesar del surrealismo.
      Biquiños, Lady leonesa.

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  3. Hola. Un relato inquietante, con imagenes poderosas.
    Es muy bueno.
    Felicitaciones por este buen trabajo.

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    1. Muchas gracias, aunque es sólo un sueño. Sin embargo, sí que es cierto que resulta difícil escribir sobre un sueño, es algo un poco abstracto que no termina de recordarse del todo muy bien y se suceden capítulos que aparentemente no tienen relación.
      Gracias por leerme y comentar.

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  4. Pues ni sé por qué sentí mucha angustia:P....tu relato tiene imágenes poderosas,es un sueño fabuloso,me encanta lo sentido por mí a causa de tu escrito, te dejo chocobeso! muy agradecida por tus lineas.

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    1. Supongo que lo incomprensible, lo que nuestra razón no alcanza, produce angustia. Intentamos encontrarle la lógica al mundo para estar más seguros; si no lo hacemos, enloquecemos.
      Muchas gracias por leerme y comentar.
      Biquiños.

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  5. Gran final y buena mencion a ese lugar donde las noches son infierno Mi refugio Salamanca

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    1. Para mí Salamanca es un cielo. Viví mis cuatro años de carrera allí, más alguna vez que fui.
      Gracias por comentar.

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    2. Nada.Es un placer leerte y comentarte Whitejoker Manson.
      Digo infierno porque por las noches es una ciudad que cambia completamente, donde las catedrales parecen absorberte y el paso por la rua se convierte en una verdadera dulzura que te envenena.

      INFIERNO SI.PERO PRECIOSO.

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    3. Nada.Es un placer leerte y comentarte Whitejoker Manson.
      Digo infierno porque por las noches es una ciudad que cambia completamente, donde las catedrales parecen absorberte y el paso por la rua se convierte en una verdadera dulzura que te envenena.

      INFIERNO SI.PERO PRECIOSO.

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    4. Pues sí es precioso, parece que has viajado en el tiempo. Echo de menos vivir allí.
      Un abrazo :)

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