viernes, 27 de febrero de 2015

BESTIARIO



Tengo la resaca de la risa tonta de la hiena, la indiferencia de las lágrimas de cocodrilo, el cadáver apolillado de los días sin enterrar en el jardín de las flores marchitas. Preñada del ayer, el futuro patalea y muerde las entrañas de mi vientre. Voy a parir entre hemorragias un mañana hecho de gusanos que rebañarán mis huesos mientras me voy reencarnando en olvido.
He raptado a los monstruos de debajo de la cama y los he escondido bajo mi piel camaleónica para sacarlos a pasear en cada herida. He visto un verso en cada  vena, el mundo duele más con poesía. Duele despacio, sin prisa ni prosa.
Estoy hecha de lienzo blanco en el que he pintado besos a acuarela que borran mis orgamos de fuego y aguarrás. El olvido huele a brasas agonizando, a cenizas de un fénix que se lleva el viento mientras me entra polvo en los ojos. La vida son los ríos de rímel que van a para al bar. He besado cervezas que nunca respetaron mi pintalabios, he ido a callejones sin salida al llegar al fondo de una copa de anís del mono por desaparecer.
De este ciaunuro nunca beberé y de este veneno nunca escupiré, me dice la víbora suicida que hay en el reflejo del espejo. Soy una zorra muy rara que me susurra que estoy como un queso en una ratonera. Tengo vista de lince para ver mis propios defectos.
Desprendo una fragancia a la que acuden moscones y buitres, mis cuervos huelen la tragedia de un amor que va a morir acribillado por balas que apuñalan. Me posee una loba aullándole a su propia sonrisa de luna creciente. Luna de miel, bodas de sangre, colmenar de murciélagos en cada latido que me producen las bragas por los tobillos llenándose de tierra y lombrices.
Así que fóllame y hazme sentir mujer… para no arrancarte la cabeza después.

viernes, 13 de febrero de 2015

CARTA DE AMOR Y ENFERMEDAD



Escondiéndome en el baño y con el pestillo echado, parándome en seco porque el miedo me engaña haciéndome oír ruidos donde no los hay. Así, con esta clandestinidad, prisa y nerviosismo, te he empezado a escribir.
Hace demasiado tiempo que no sé nada de ti. Tus cartas, si es que me has escrito, pasan del buzón a unas manos que violan nuestra intimidad y queman tus letras. Ni siquiera sé si estas líneas correrán la misma suerte al no saber si me encontrarán estas palabras en algún registro.
Cariño, tampoco sé si estás en casa o te han enviado también a un sitio como éste. Espero que no, porque entonces serán tus padres los que descubran esta carta, pero el riesgo merece la pena. No quiero que creas que me he olvidado de ti. Aunque este sitio me está cambiando…
¿Está bien lo que hacemos? Y si lo está, ¿por qué me siento tan culpable? ¿Tanto puede alejarnos del bien nuestro amor? Lloro rezando de rodillas mientras una monja me grita que soy una abominación de la naturaleza:
-¡Pide perdón a Dios, maldita desviada!—Me chilla la monja mientras me tira del pelo—.
Me hacen estar sola en una clase para no pervertir a las demás, duermo aislada en una habitación para no sucumbir a la tentación de meterme en la cama con ninguna otra chica. No lo haría, yo sólo te quiero a ti. Merecería la pena cada varazo en la espalda por un beso tuyo; cada bofetada, por un abrazo; cada insulto y vejación, por una mirada.
No tengo tantas fuerzas como el día en el que comencé a escribirte esta carta. ¿Me estoy rindiendo? ¿Te estoy perdiendo? Sé que te quiero, aunque me siento mucho mejor negando a las monjas lo que siento por ti.
Espero que nos curemos de esta miserable enfermedad con la que el Demonio no atormenta a ti y a mí. Confieso mis fantasías contigo para poder comulgar y me siento más limpia y pura, pero vulevo a caer en el sucio onanismo al imaginarnos acariciándonos desnudas mientras osculamos. El arrepentimiento crece con los días e, irónicamente, esa culpa me hace pensar mucho más en ti.
Con el tiempo, me han convencido de que lo nuestro va contra natura, que esta enfermedad va empeorando porque me está conduciendo a la locura. Intento pensar en algún chico, pero siento rechazo hacia los hombres. ¡Soy una demente! ¡Y tú también! Sólo pido fuerzas a Dios para salir de este apartado camino que nos ha hecho tomar la oscuridad del deseo y la pasión.
Hoy tengo miedo, voy a arder en el Infierno porque he pensado en ti vestida de monja… ¡Esto no tiene remedio para mí! ¡He condenado mi alma por ti! Dios ha apartado su mirada de mi rostro sintiendo asco. Ahora que no hay marcha atrás, que estoy en un punto sin retorno, no puedo negar que te quiero, ya no importa blasfemar al admitir que te amo más que a Dios. Te quiero tanto que no puedo permitir que yo sea la causante de que caigas en las profundidades del Averno, no puedo salir de este convento y reencontrarme contigo. Por eso no negaré ante las monjas lo que siento por ti.
Si Dios es quien debe castigarnos, ¿por qué nos juzga la gente? Feliz S. Valentín, cariño.
Un beso.
¡Viva Franco! ¡Viva José Antonio Primo de Rivera! ¡Arriba España!

                                                                                                               Redharley Momsem

P.D.1: Si pecas, si caes en la tentación, espero que lo hagas como la gente normal. Eso sí tiene perdón.
P.D.2: Siento no haber podido mandarte flores.
P.D.3: Que Dios nos coja confesadas cuando llegue nuestra hora.
P.D.4: Te quiero y te echo de menos.
P.D.5: Hasta siempre.