lunes, 26 de enero de 2015

20 POEMAS DE AMOR Y UNO ERÓTICO (I)



I

Desordenaría el mundo
para tenerte cerca,
cercada en el rincón
en el que hacen aquelarre
los sueños prohibidos.
Ahora sé que al Cielo
se sube por tus piernas
y al Infierno
es a donde va
todo lo que olvido
mientras te miro.
Te daría mi cuello,
su sangre, su pulso,
sus taquicardias
y sus infartos.
Caos es tu pelo revuelto
soñando sobre el colchón,
es que seas mi vampiresa
y el sol
que me vuelve lunático.
Caos es el hechizo
de tus labios
guardando pócimas
que quiero beber
hasta el guayabo
o el sinsentido.
Sé que quiero acunarme en tu ombligo
mientras duermes,
trepar por tu espalda
cuando el día
amenace con amanecer.
Subir a tu mirada
y caerme mil veces...
Dejar siempre una herida abierta
para saciar tus colmillos...

Eres tan preciosa
como la mentira,
pero más real.
 
Latido para María del Mar González Orejuela (07/01/2014).

II

Si tuviera el firmamento,
si mis manos sostuvieran
cada una de las estrellas
que flotan como nenúfares
en el negro lago de la noche,
ya las hubiera dejado
caer
sobre mí
sólo por acariciarte.
Aunque sólo fuera una vez,
aunque sólo te rozara
tímidamente con los dedos.
Estos dedos que te escriben
y que no saben imaginar
el tacto de tu piel,
tu suavidad,
tu calidez,
tus temblores...
Te tocaría sin desafinar,
lento...
largo...
adagio...
componiendo tus silencios,
improvisando tus gemidos,
bailándonos con la mirada,
cantándote al oído
los ritmos que me susurra
cada latido de mi corazón.
Tu cuerpo es el pentagrama
donde colgaría mis besos.

Eres letra,
canción y melodía,
coro y secretos en silencios.
Eres música,
y te tocaría...
por dentro y por fuera.

De principio a fin,
desde el cuerpo
hasta el alma.


Latido para María del Mar González Orejuela (14/01/2015).

III

Entre latido
y latido
hay un hueco
que mi corazón
deja para ti.

¿Y cómo algo tan grande como tú puedo llevarlo en el pecho?
¿Y por qué no me pesa y me hace volar?

No estamos tan lejos
cuando yo te lanzo la luna
y tú me la devuelves.
No hay tanta distancia
si jugamos con el sol
como si fuera una pelota.

Así que dime, ¿qué hace una estrella como tú tan cerca de mí?
¿Por qué tan sola y sin constelación?

Tú que brillas
hasta en una fotografía
de color sepia,
que eres luz de luna
en una en blanco y negro,
que eres arcoíris
en las de color.

¿Y cómo va a haber estaciones si llevas las rosas de la primavera en tus labios?
¿Cómo, si tu piel guarda el calor del verano?
¿Cómo,  si en tu pelo se enreda el color de las húmedas hojas secas de otoño?
¿Cómo, si al mirarte me dejas tan helado como el invierno?

Eres octavo pecado
haciéndose octava maravilla,
el insomnio
que me lleva a soñar contigo.
Muero... muero por ti
sabiendo que soy poco sacrificio.
Tal vez por eso mataría,
para dedicarte la hecatombe.

¿Cómo puedes ser eso que me mata y por lo que la vida no tendría sentido si no existieses?
¿Qué corazón podría no pararse con el arma blanca de tu tímida sonrisa?

Mis manos son unas blasfemas
soñando que te profanan;
mi yugular, una suicida
que se entrega a tus mordiscos.

¿Sabes? El mundo es una mierda, pero si puedo quererte en esta podredumbre...
¿Cómo te amaría en uno perfecto?

Eso sí que no me entra en la imaginación,
ni podría caberme en el pecho...


Latido para María del Mar González Orejuela (15/01/2015).

IV

Te veo en una foto
y... ya sabes qué pienso:
Qué preciosa eres...
Qué bien sacas las fotos...
Qué preciosa eres...
¿Por qué me mandarás tantas fotos?
Para decirte lo preciosa que eres.

Te veo en una foto
y miro al cielo de reojo.
Nunca tendré un hueco en él
porque me estoy ganando
un lugar en el Infierno
al pensar en las travesuras
que te haría en los labios,
en que perdería los modales
en el pulso de tu cuello,
en que pecaría en cada milímetro
de tu cuerpo.

Dejaría a la primavera
huérfana de flores
para llenarte la cama
de pétalos
mientras me clavo
las espinas en el corazón.
Iré al Infierno al rezar
por que caigamos en la tentación.

Ir sin rumbo,
de la mano,
para llegar perdidos
y juntos al orgasmo.
Cantarte una nana
de susurros al oído
mientras mi labio
roza tu lóbulo
y mis dedos revuelven
el caos de tu pelo.
Salvaré cada uno
de tus suspiros,
guardaré tus miradas,
atesoraré tus sonrisas
mientras me alejo del Cielo
y me acerco a blasfemar
en el averno que arde
entre tus piernas.

No sé cómo hacer para tejer versos que aten tu corazón al mío y sus latidos se crucen, se besen, se acaricien, se metan mano y se hagan el amor.
No sé cómo hacer para dejar al mundo sumido en la oscuridad para coronarte con el halo de la luna.
Sé mirarte,
sé admirarte...
Sólo sé no olvidarte.

No importa
si condeno mi alma
por llevarte al Cielo.
Pon minifalda
y veré tu tanga
desde
abajo.

Mientras, soñaré con pasar mis noches a la sombra, de tu cuerpo, en la jaula de tus abrazos, en los brillantes barrotes de tus labios.
Mientras, encarcélame por todos los delitos carnales que cometería contigo en el apartado rincón oscuro de las caricias, en el rincón de pensarte, latirte y no olvidarte.

Latido para Maria del Mar González Orejuela (18/01/2015).

V

Latidos hechos verso,
silencios mutados en pétalos,
flores jugando a ser tus labios.
Noches de insomnio
que hacen de ti mi sueño,
delirios buscando ser reales.
Sólo tu piel obrará el milagro.

Distancias cortas,
caricias largas,
respiraciones breves,
besos largos.
¿Podremos burlar al tiempo?

En el Paraíso
la manzana conmigo se pudre
por sólo querer morderte la boca.

En el Infierno
me quema más tu roce
que las llamas.

En la Tierra
estoy decidiendo
en cuál de los dos lugares
quiero acabar contigo.

Ojalá un arresto domiciliario
entre tus brazos,
un secuestro a mano armada
de oscuras intenciones,
un orgasmo
por rescate
y un callejón sin salida
que me haga volver
a tus dedos raptores.

Y no sé adónde voy,
pero tengo un billete
en mis manos
al País de las Maravillas
de 20.000 lenguas
de viaje submarino
cuyo destino es
tu cama de crimen y castigo.

Y la primavera,
que me dice
que de mayor
quiere oler a ti...


Latido para María del Mar González Orejuela (24/01/2014).

domingo, 25 de enero de 2015

A MEDIO INSOMNIO



Quererte más de lo que lo puede hacer cualquier hombre me convertiría en un monstruo, en un villano con sentimientos, en un sentimiento en un cargador a punto de ser disparado a bocajarro, a quemapiel.
Huele a quemado y el Infierno está demasiado lejos aún. Siempre nos quedarán las moscas que hurguen en nuestras heridas de doscientos candados que pueden ser abiertos con una misma llave, y una tumba de la que no se puede salir vivo. No se puede volver de la oscuridad siendo uno mismo ni quien pretendemos.
Un hilo conductor que lleva a las Parcas y el destino, la muerte, se enreda en sus dedos como lo hacían nuestras lenguas, unas veces de fuego y otras, de hielo. Muchas veces nunca iguales… Entonces supe que lo que se derrite no se quema.
Ahora la tinta llora derramándose por cualquier papel, en un billete sobado y arrugado, pagando desnudos y durmiendo en cinturas de bailarinas de barra, cuerpo de chicle, pompa explotada, elásticas, pero rotas. Malabaristas con su cuerpo y desequilibradas mentales. Mejor perder el equilibrio que el pulso y dejarlo todo tras la rendición en manos de un reloj que no acaricia ni cura, sólo pudre y maltrata con sus agujas oxidadas.
Dime que no quieres eso, ser arena en un cristal en la que nunca podré dejar huella, ni caerme al tropezar, ni manchar con cada uno de mis pasos lentos, agónicos y sangrientos.
Y ahora huele a muerto, pero la tumba queda en el infinito sueño roto que queda tras doblar el insomnio a la ambidiestras y cruzar el filo del halo oscuro de la luna que hace de puente entre la vida y la muerte de un día más y una noche menos sin ti.
El Demonio tiene mi firma y no mi alma. Vendrá a por ella cuando él quiera y tú me quieras, cuando ya no tenga nada que hacer y todo esté por destruir.
Dame la mano, la pondré en el fuego por mí y di que no deseas sedantes, que no te importa si hay dolor o placer, que lo importante es que te suceda conmigo mientras soy contigo.
Hace una noche preciosa para escribirte líneas de amor y alcohol, de dolor y lágrimas, de estrellas y meteoritos, de Apocalipsis del que nunca veremos el final.
Hace una noche horrible para llevarte al orgasmo. Llueve… y he traído el cuerpo descapotable para enseñarte mi corazón. Yo estoy frío y tú, vacía. Sólo podemos mirarnos y fingir que todavía nos conocemos tras habernos retado al olvido.
Todo y nada ocupan el mismo espacio infinito y aún no sé qué eres…, pero no me entras.

Cómplice de la lluvia tras los cristales mientas me siento un viejo tocadiscos en el que suena una melancólica canción. La tostada se ha caído por la parte untada, hay un círuclo de café con leche en la mesa y me he inventado trece formas posibles de suicidarme con el cuchillo de la mantequilla.
El despertador del móvil ha sonado. Fantaseo con que me llamas y lo cojo para darnos los buenos días, decir que nos echamos de menos y contestarme que seguirás en la cama dos horas más porque sólo has llamado para saludarme. Me debo demasiadas horas de sueño y, al menos, un mes de abstinencia etílica.
Hago que cuelgo el móvil y sigo mirando por el cristal cómo las gotas salpican los charcos. Todavía es de noche y no hay nadie por las aceras. Evidentemente, son las tres y media de la mañana, pero el mundo no me concede una tregua.
Enciendo un cigarro mientras imagino tres formas posibles de suicidarme con él y sólo una estando apagado. El humo choca contra la ventana expandiéndose; yo le doy vueltas a eso de irme a la cama. No estoy lúcido, tampoco cansado, no estoy despierto ni tampoco adormilado. Tan sólo estoy, sin ninguna cualidad ni estado, tan sólo permanezco en un espacio y un tiempo que no he elegido.
Ya he desayunado y creo que puedo seguir bebiendo. Pondré la alarma del móvil para cuando verdaderamente sea de día y volver a conversar ficticiamente contigo.
No sé, quizá te cuelgue para seguir durmiendo.

Papeles en blanco, infinidad de papeles en blanco llenos de mocos, lágrimas, semen y sangre. Todo seca más rápido en un papel que en una piel. Si pierdo el equilibrio, me caeré por la ventana y quedaré encerrado en la taza del váter para siempre. El reloj tiene pulso, pero no respira; mis letras respiran, pero están perdiendo mucha sangre. He tenido un microsueño contigo de tres segundos en el que me paso la vida llorando por ti porque no consigo que te mueras antes que yo, porque no podría soportar que no fueras a mi funeral. Café, cigarro, tinta y no quiero irme a la cama porque sería ser más débil que la noche.
Me pinto las uñas de rojo y me masturbo imaginando que es tu mano. Otro microsueño de diez segundos. Adán le come el coño a Eva mientras ella muerde a la serpiente, Nietzsche besa a Jesús en mitad de una calle, Colón postula que la Tierra es una espiral y descubre el Infierno, John Lennon dispara a Kennedy mientras canta Imagine. Apagas la televisión porque dices que el canal de historia te aburre y que querías ver una película como Titanic y yo te grito que no sé por qué quieres ver una película cuyo argumento conoce todo el mundo, que no me apetece ver un barco lleno de judíos que es bombardeado por los aviones nazis. En esa tabla entraban más joyas.
El suelo frío y vomitado es mi colchón y un resplandor sangriento tiñe las nubes. La alarma del móvil suena e inicio otra conversación piscodélica contigo:
-Tócala otra vez, Marilyn.
Me cuelgas y ronco un réquiem en re menor. Una voz grita:
-¡Se ha despertado de la anestesia!
Me duele hasta el latido.

jueves, 1 de enero de 2015

COMPLICACIONES DE UN INSOMNIO



Corazón frío, pezones duros, piernas abiertas y ojos cerrados para no ver que yo estaba entre tú y el cielo que quieres tocar. Puedes correr las cortinas y asomarte al cristal, no encontrarás a nadie como yo a estas horas en las que a nadie le da por mirar el reloj. No sabes correrte asomándote a mí, siempre mirarás hacia dentro en cada orgasmo olvidándote de mí, del tío que te follaste hace dos días, de qué has bebido antes y qué mearás después. Yo consolaré cada una de tus heridas mientras te haces sangre mordiéndote los labios y aprietas los puños queriendo arrugar la mierda de poemas que te han escrito hasta entonces. Te follaré en prosa y después pasarás página.
Sexo sucio como la parte de atrás de una nevera, como los azulejos de la cocina y el baño del Betty Boop. Los gusanos se comerán las caricias cuando el escalofrío muera en nuestra piel.
Juro usar el último chorro de sangre que me quede en las venas en una erección para dedicarte fuegos artificiales entre mis sábanas sobadas de soledad hasta dejarme la piel del prepucio para que no se la coma el tiempo.
Y poesía es ver tu nombre junto al mío en una orden de alejamiento, verte asomada en el balcón gritando con las llamas detrás. ¿Por qué teníamos que separarnos tras el orgasmo? Sé que cerrabas los ojos al besar a otros para sentirme a mí, o para no sentir nada, que es lo mismo. Para no arriesgar la única parte no infectada por el hielo negro que coagula tu corazón.
Dime, ¿qué importa que haya canciones que te recuerden a otros si todos los silencios te recuerdan a mí? Si bailas sola para que nadie te pise, para que nadie te ayude a levantarte si tropiezas con tu sombra y te caes, sin nadie que se apiade de ti y te remate cuando ya no quieras separarte del abrazo del suelo. Nadie te hará tan diosa como yo tras una botella de whisky y, como diosa, blasfemaré tu nombre al llegar solo a casa, al llegar al orgasmo… Después me dormiré y al despertar sólo serás una mortal cualquiera, con sus miedos, sus debilidades, sus dudas… Sólo un cuerpo de carne y hueso sin corazón, un cajón vacío, un ojo sin mirada, una luna sin sol, un vacío dentro de un infinito.
Y ahora, ahora te tengo acostada junto a mí sin saber si será la última vez. Sueñas, estás lejos… Nunca pudiste ver cómo te miraba mientras dormías. Tu pelo huele a “nunca más”, tu culo frío permanece impasible. Duermes con la tranquilidad de quien se va a ir y no volver.
No es necesario, despertarás sola porque prefiero acabar solo que olvidado y traicionado. Cambia las sábanas, están llenan de esperma y de versos que te he escrito. Cierro la puerta, tiento con los dedos las paredes del pasillo y salgo de tus muros. Llamo al ascensor, espero, entro, bajo, me miro al espejo y tengo la sonrisa de quien lo ha perdido todo por alguien. Salgo a la calle, respiro la cálida noche de verano azulada, como el trombo de una vena al romperse. “No mires atrás” me digo con las manos en los bolsillos mientras me voy alejando de tu mundo y me voy haciendo cada vez más pequeño. Mierda, qué bien huelo a ti…