jueves, 13 de noviembre de 2014

DESVARÍOS II



-¿Te aburres?
-No—respondí—.

Suena el despertador del móvil a las 6:30, lo apago, suspiro y llevo un mes diciendo que debería cambiar la canción de la alarma porque no debe de ser bueno despertarse todos los días con “Tango suicida” de Extremoduro. Las calles están heladas y mi cuerpo deambula por la casa mientras mi alma ha decidido quedarse en la cama. No hay café hecho y mi desánimo me dice que puedo conformarme con Nescafé. Suena la campanilla del microondas, toco el vaso, está templado y lo pongo unos segundos más, vuelve a sonar la campanilla y el vaso está ardiendo. Es difícil encontrar el equilibrio hasta para calentar un maldito vaso de leche.
Una cucharada de Nescafé, dos de azúcar, remuevo en dirección contraria a las agujas del reloj como si pudiera detener el tiempo con esa sencilla acción y voy al baño a lavarme mientras ese magma vuelve a convertirse en leche potable. Hay alguien mirándome desde el espejo mientras deja el agua correr para calentarse. La leche ardiendo, el agua que no coge temperatura, tengo los ojos en sangre y las pupilas dilatadas. Mirarse al espejo por las mañanas empieza a ser ya un maltrato psicológico.
Esa mezcla soluble que reposa sobre la mesa parece que ya se puede beber a pequeños a sorbos, pongo a Pretty Reckless en el móvil, enciendo un cigarro, el humo levita, el café baja, el tiempo pasa y mi alma sigue en la cama…

Voy a casa de mi padre y su novia. Mi padre tiene consulta a las 8:30; yo, a las 9:45. Habíamos quedado a las 7:15 y, como siempre, no hemos salido hasta las 7:30 porque mi padre se ha retrasado. Me monto en su furgoneta mientras espero a que salga, miro la hora en el móvil y empieza a sonar el repiquetear de la lluvia contra el cristal. Mi padre sale, da las luces, pone la música y salimos de ese pueblo sumido en la niebla para llegar a la carretera e ir a León por un húmedo asfalto oscuro que parece la viscosa piel de una culebra. La música es horrible, el tiempo también lo es. No me extraña que mi alma haya decidido quedarse en casa.

Llegamos al hospital y mi padre me deja en la entrada porque tengo parestesia en un pie (parálisis) debido a que se me ha pinzado un nervio y lo tengo dormido desde hace tres semanas. Le espero en la entrada mientras él aparca la furgoneta y vuelve. Él va a hacer unos análisis de sangre y yo a tomarme un café. Espero que lo sepan hacer mejor que yo… Parece una cárcel. Todo el mundo con sus bandejas haciendo cola tristemente frente a la barra para luego dirigirse a una mesa. Me acerco a una mesa vacía y voy a sentarme, pero cambio la bandeja y decido ponerme mirando hacia la entrada. Y sí, casi todo el mundo está sentado para no dar la espalda a la puerta de entrada, como en la cárcel. Sí, hacen el café mejor que yo.

Mi padre entra diez minutos después, tiene que desayunar porque había ido en ayunas. Tengo que hacerle señas porque no me encuentra, supongo que uno pierde identidad entre tanta gente. A mi padre le han dado consulta para oncología a las 12:15, nos vamos a pasar toda la mañana en centros médicos…

Terminamos y yo lo espero a la salida mientras él va a por la furgoneta. Salimos por la Avenida Asturias, bajamos a Mariano Andrés, llegamos a Menéndez pidal, Santo Domingo… y le digo que me puede dejar en la Biblioteca Municipal porque la consulta está al lado. Él se va a hacer unos recados mientras tanto y me dice que le avise cuando termine. Lo iba a avisar aunque no me hubiera dicho nada…

Estoy solo en una sala de espera llena de sillas y relativamente más tranquilo que seis meses antes. En cinco minutos volvía a ver a ese pequeño señor trajeado, con su peinado de raya y cuidada perilla diciendo mi nombre, dándome la mano y haciéndome pasar a su despacho. Me invita con un gesto de mano a sentarme para hacerlo él después. Y empieza a hablarme bajo, lentamente y con tranquilidad:
-¿Ha pedido usted la consulta conmigo?—Me pregunta—.
-Sí.
-No es usual que alguien pida cita por sí mismo. ¿Su médico es nuevo?
-Sí, el otro se ha ido. También me dijo el psicólogo que era raro que no hubiera tenido una cita de psiquiatría en seis meses.
“¿Pero cómo sabe que mi médico es nuevo?”. Se acomoda en el respaldo y entrelaza las manos, actitud que me hace creer que rebosa seguridad.
-Bueno, pese a lo que crea, es lo más normal del mundo que pasen seis meses, o más, y no tenga una consulta conmigo. Sólo habría de pedirse una cita conmigo si hay un cambio en sus circunstancias para que yo las valore. Su trabajo debe de ser con Iñaki, su psicólogo.
Yo también me acomodo y abro ligeramente las piernas mientras también entrelazo las manos, que me quiere bailar y no me gusta la música que suena.
-Llevo tomando el Ketazolam seis meses. No me ayuda a dormir, no ha evitado que tuviera ataques de ansiedad y me produce fallos de memoria y de concentración. Supongo que si en seis meses las circunstacias no varían, también es un motivo para pedir cita. Llevo sin tomar el Ketazolam un semana y media.
En la mesa tiene una carpeta con mi test de personalidad, informes del psicólogo, tablas que había rellenado yo, etc. No había salido nadie de su consulta, así que las ha estado estudiando antes de atenderme. Es decir, que creo que no había leído nada sobre mí hasta ese día, pero he de admitir que se lo había estudiado muy bien.
-Bueno, ¿y cómo se encuentra?
Decir “bien” era mentir; contestar “mal” era exagerar.
-Mejor, pero raro.
Mejor no por las consultas, supongo que ha sido por el tiempo.
-¿Raro?—Me pregunta con una sonrisa como burlándose de mi sincera respuesta—.
-Sí, raro. Tengo una sensación extraña que nunca había sentido.
-Adelante, dígame—ahora parece más intrigado—.
-Pues es como si me olvidara de mi existencia y hubiera momentos en los que saliera de esa amnesia y fuera consciente de todo. A veces voy en coche y tengo que pensar a dónde voy, para qué, quién soy, me doy cuenta del mundo que me rodea.
Ni se ha inmutado. Creo que podría haberle confesado diez asesinatos a sangre fría y nada hubiera cambiado en él.
-¿Y qué siente? ¿Se siente mejor en esa situación?
O me explico mal o este señor no me entiende. Supongo que estar aislado en uno mismo gran parte del tiempo y, de pronto, ser consciente de formar parte de un mundo del que me evado no debe de ser muy agradable.
-Pues siento angustia.
Él sigue preguntando, yo respondiendo… hasta que llega el momento favorito de todo psiquiatra:
-Bien, para combatir tus fobias y miedos irracionales, le voy a recetar Escitalopram. El Escitalopram no es un remedio milagroso, sino un instru...
Se me ha ido la cabeza. Escitalopram, como la Sico. Y pienso por qué narices estoy pensando en un chica a la que sigo en Twitter y de la que apenas sé algo.
-…del éxito radica en su trabajo con su psicólogo. ¿De acuerdo?
-Sí.
No sé cuándo he desarrollado esta capacidad de ignorar todo lo que me dicen que ya sé o que me parece una estupidez.
-Los efectos secundarios no son tantos como los del Ketazolam. Como mucho, puede tener molestias estomacales y eyaculación retardada, pero…
Sí, recuerdo que la Sico dijo que le costaba cagar y Benerice le contestó que Twitter es ese bello lugar en el que si no puedes cagar, te apoyan. Estoy intentando contener la risa por la maldita conversación. Y si sufro eyaculación retardada, pues supongo que mejor para ellas. Aunque no sé por qué piensa que eso me puede preocupar, ni que tuviera pinta de querer complicarme la vida con un polvo.
-¿Le parece bien?
-Sí.
-Empezará tomando una pastilla después del desayuno o de la comida durante la primera semana y después ya dos.
Vuelve a informarme sobre los problemas de eyaculación y yo a pensar cuánto hace que no estoy con una tía. Rebobino, rebobino, rebobino… Ah sí, ya está ubicado en el tiempo. No sé si es normal no echarlo de menos.
-Puede disminuir la líbido y…
“Más no creo”, pienso. También pienso en por qué insiste en el tema sexual, por un momento me creo guapo y atractivo.
-¿Alguna duda? ¿Le parece bien?
-Sí.
-Esta medicación la puede controlar perfectamente su médico por lo que…
Escribe la receta y empiezo a pensar qué diferencia hay entre un camello y un psiquiatra. Vamos, que si hay algún problema con las pastillas que no pida cita con él, que se lo comente a mi médico. Espero que si hay problemas con la medicación, mi médico esté en tratamiento psiquiátrico para que tenga una mejor idea de todo.
-…ningún problema. Le proporcionará un cambio de perspectiva y estabilidad emocional. Por cierto, ¿come bien?
Ha pasado de ser un camello a ser una abuela… Se levanta, me abre la puerta, me da un apretón de manos y, claro, tiene que soltar la última:
-Organice su vida y… suerte.
-Gracias.
No me ha gustado eso de “suerte”. “Suerte” se dice cuando te dejan sólo frente a algo con lo que te tienes que enfrentar, en una situación en la que puedes perder y salir derrotado. No sé si era consciente de ese “suerte”, pero hubiera preferido un “espero que le vaya bien”. Me he imaginado una moneda girando en el aire y la suerte cruzándome la cara.

Llamo a mi padre, volvermos al hospital. Nos queda una hora para su consulta y, seguramente, le llamen tarde. Me enseña la planta baja. Ahí está la zona de almacén donde descargan y por donde se abastece a todo el hospital, la cafetería para personal, la cocina…
-Psiquiatría—me dice—. Ten cuidado, no te arrimes mucho a las puertas. Bueno, creo que lo peor que te podría pasar es que te confundan con uno de los demás—dice riéndose—.
Yo sonrío porque me he imaginado la absurda situación en la que digo que yo no debería estar aquí mientras ven que tengo un volante de psiquiatría, recetas y una caja de Bromazepam que llevo en el bolso por si acaso la realidad me provoca agobio.
-La morgue, la farmacia… Creo que alguno hay que se hace el muerto y por la noche se mete en la farmacia. Deberías escribir sobre eso.
Mi padre siempre diciendo que vale más escribir una gran historia con simples palabras que malgastar palabras en historias tan demacradas y oscuras como las mías… Se me cansa el pie y nos sentamos en unas sillas del pasillo de la entrada esperando a que sea la hora. Le digo a mi padre que necesito otro café. Él dice que me espera ya en la sala de la consulta, que si me pierdo que le llame y que procure no pasar por psiquiatría. Cómo ha recuperado el sentido el humor desde que su cáncer ha remitido y han logrado extinguir el tumor.

Me tomo el café rápido, hay demasiada gente y bastante más animada que a primera hora. Demasiado alboroto para mí. Salgo fuera a fumar un cigarro mientras veo cómo cargan y descargan pacientes en camilla de las ambulancias. Mi padre se equivocaba, no sólo hacen descargas en la planta baja…

Vuelvo a la consulta. Me sorprendo de no haberme perdido, si siguiera tomando el Ketazolam lo hubiera hecho seguro. Llego a la sala de espera de oncología. Es curioso, la sala está dividida lumínicamente en dos: hay una zona oscura y otra con las luces dadas. Supongo que haya pacientes con fotofobia. Me siento al lado de mi padre mientras me fijo en todas las personas. No sé por qué lo estoy haciendo, pero lo estoy haciendo. Nadie viene solo a la consulta, todos están acompañados y no puedo dejar de observar. Hay una señora mayor y un hombre que parece ser su hijo. Evidentemente, la que tiene el cáncer es la señora mayor, porque si hubiera sido su hijo hubiese venido acompañado por alguien más joven y más válido. Hay una pareja de unos cuarenta años. Él es bastante cariñoso con ella, le toca el hombro suavemente para hablar y lo hace con dulzura; ella tiene ojeras, la mirada triste, está desanimada, no está muy arreglada y se le notan las raíces sin teñir del pelo. Ella es la que está enferma. Hay otro matrimonio, de unos cincuenta o sesenta años. Me quedo bastante tiempo observándole a él. Va muy bien vestido, está inquieto, mueve el pie, echa la cabeza para atrás y mueve los brazos hablando solo. ¿Está rezando? “No puede ser”, me digo. También tiene la mirada cansada y triste mientras ella lee el periódico tranquilamente y no le veo la cara. “No puede ser”, me vuelvo a decir. Ese hombre tiene miedo, se está aferrando a la vida desesperadamente, ¿cómo alguien de su edad…? Y de pronto sale una enfermera y dice un nombre, el nombre de esa mujer que está leyendo el periódico y que ahora sí puedo verle la cara, la mirada brillante, sus labios secos, mal peinada, demacrada. Me he equivocado, él tiene miedo a perderla.
-¿Te aburres?
-No—respondí—.
Me acabo de dar cuenta de algo y es que esa gente tiene la misma mirada que muchos de los que esperan consulta en un centro de salud mental. No lograría distinguir esa mirada que llaman “de loco” de alguien que se está preparando ante la posiblidad de abandonar este mundo. No es una mirada de loco, es la mirada de una verdad descubierta, la mirada de “estamos jodidos”. Llaman a mi padre y pienso que da igual quién está enfermo y quién no, vamos a morirnos todos igual con la misma mirada y ojeras, supongo que cambiará la sonrisa. Creo que por la tarde cogeré a mi alma de la cama e iré con ella a la farmacia para comprar el Escitalopram.

7 comentarios:

  1. Otra vez más me dejas anestesiada. Me haces sentir que estoy en esa sala de espera, o en la cafetería, o incluso dentro de la consulta del psiquiatra. Increíble.

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    1. Espero no volverte a hacer sentir que estás con un psiquiatra. Eres una buena lectora que se deja llevar y siempre me lee con buenos ojos.
      Muchas gracias por tus palabras.
      Biquiños.

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  2. Me gusta leerte,me enganchan tus relatos, haces que deba concentrarme bien para no perderme en ningún detalle, que me imagine a aquellas personas en la sala de espera y siempre me dejas con ganas de más, de saber como continúa tu día cuando sales de la consulta, de sabes cómo está tu padre,etc
    Es todo un placer leerte.
    Fdo: una anónima anterior.

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    1. Muchas gracias por leerme y comentar con tantos halagos. Nunca sabré por qué os gustan tanto pedazos de mi vida y más s están narrados con tanta simplicidad.
      Bueno, mi padre está bien y mi día consistió en ir a la farmacia y escribir el post. Ya lo sabes :)
      Un saludo, anónima anterior.

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  3. "La cruda realidad"..... No sé por donde empezar. Me descolocaste. Allá voy:
    En primer lugar y lo más destacado es que no pude evitar llorar por la mención de León (húmedo) y, en concreto, por el Hospital. También me ha llamado la atención cada calle y avenida. Lo echo de menos
    Por otro lado, es una brutal historia cargada de ironías. Me ha encantado eso de "mejor, pero raro" (obvio, en una situación irregular como defines bueno o malo,..de acuerdo con la cantidad de estúpidas preguntas que hace mucha gente). "...desarrollar capacidad de ignorar...", creo que mucha gente ha desarrollado ese resorte contra las gilipolleces que hay que oír. Lo expresas de una forma brutal. Y también lo de "¡suerte!". En cualquier circunstancia sobra (prepotencia, pasividad, sería mejor ir a ver a Sandro Rey) y lo expresas muy bien.
    Continúo....vuelves a la música "¿Te aburres?". Me gusta mucho eso. Hablando también de música "Tango suicida" (temazo para despertarse) y el otro que mencionas lo busqué y puse un par de temas. No lo conocía y me ha gustado mucho. Crea una atmósfera muy curiosa.
    Te estoy dando un poco la lata porque me ha llamado la atención lo de León. Me ha calado.
    Lo mejor además es la forma en que ves las similitudes de muchas condenas......Brutal
    Un abrazo

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    1. Bueno, quizá debería decirte que yo también era de León y no dejar que lo descubrieras así de pronto por alguna entrada biográfica. Siento haberte hecho llorar por mencionarlo.
      En realidad, creo que hay mucha gente que no sabe cómo es una consulta con un psiquiatra. Supongo que haya mucha que todavía piense en que alguien se tira en un sofá y el psiquiatra/psicólogo. Es una de las cosas por las que escribo esto. También por que quería y lo necesitaba.
      Ese "suerte" sonó a lapidación. No sé, quizá sea yo, que es que veo las cosas de otro modo.
      No me había acordado de esa musicalidad, sinceramente. Al final, sigues escribiendo y olvidas lo que has escrito antes (aunque lo repases). También es algo que ultilizo tanto, que creo que ya no soy consciente.
      ¡No me das la lata!
      Muchas gracias por leerme y comentar.
      Un abrazo, Ana.

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    2. Gracias a ti que lloré con gusto. Es bueno echar de menos..... Por cierto, ¿uno puede "haber sido" de León? Es buena esa. Abrazo

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Todo lo que calles, te violará por dentro. Así que habla.