lunes, 6 de octubre de 2014

DIARIO DE LARGAS IDAS Y BREVES RETORNOS



PRIMERA NOCHE:

Y sé que ella era como la vida, pasando por mi lado sin detenerse ni volver la mirada hacia atrás. Taconeando mientras pisaba los sueños que había sembrado y que riego con lágrimas por si resucitan. Era vida que sólo conduce hacia la muerte. En su escote llevaba la guadaña, en su sonrisa los dientes que muerden suavemente entre húmedos besos. Pasó por aquella estación dejando un olor a rosas y se subió en un vagón que se cerró tras ella. No sé qué se me pasó por la cabeza… o por el corazón, pero maldita sea, yo entré en otro vagón.
Traquetea entre la niebla de la noche mientras la luna llena acaricia la soledad. Tal vez sólo vayamos ella y yo solos allí… y el maquinista sólo sea el destino. El tren hace una parada y la veo bajar por la ventanilla. Nunca se para, ni se detiene, ni mira atrás. Es inercia, tiempo imparable, bala cortando el aire. Y yo me bajo porque sin ella este viaje no tiene sentido. Creo que nunca tuvo un sentido, pero, al menos, tenía un impulso.
La noche es azul oscura, las calles de ese pueblo fantasma parecen conducir a ninguna parte. Sólo sé que voy sin rumbo, hacia donde me lleven sus pasos corriendo tras ella hasta que la alcanzo y, entonces, por una vez, se detiene y se vuelve. Huele a podrido, es una vieja demacrada que ríe escandalosamente y vuelvo espantado al tren.
Llego justo a tiempo para perderlo y veo que la dama por que me había cogido ese tren de la vida sigue en él, la puedo ver en la ventanilla mientras me dice con diamantes en los ojos adiós. No sé dónde estoy, ni a dónde voy. Sólo vagabundeo por esas calles huyendo de esa vieja, escapando de la locura esperando que vuelva a pasar un tren con olor a rosas.

SEGUNDA NOCHE:

No he vuelto a ver salir el sol, tal vez ya nunca vea una luz. La vieja aúlla en este pueblo de ruinas, un aullido que provoca que sienta un aterrador frío por dentro. Estoy cansado, pero no puedo dormir por miedo a que me encuentre. Me escondo en los rincones más oscuros. Absoluta oscuridad donde se reparte a medias en mi ser la sensación de seguridad y de miedo. He oídos sus pasos cerca, pasando cerca, oyendo sus gruñidos y macabras risas. También oigo el filo de metal de un hacha que arrastra por el suelo. Y oigo un tren…, pero no puedo salir de aquí con eso merodeando tan cerca de mí.

TERCERA NOCHE:

Me he quedado dormido y me he despertado con esa vieja encima mordiéndome y aráñándome. No veo nada porque no me he atrevido a salir de este rincón oscuro. He logrado zafarme de ella sacando fuerzas del pánico. Estoy lleno de heridas, pero no siento el dolor hasta que no me alejo lo suficiente. La luna sonríe. No ha pasado ningún tren esta vez y sólo se oye la atronadora voz de la vieja callejeando entre ecos por ese pueblo fantasmal las palabras “Ya te herido, ya puedo oler tu sangre. Ya te he herido, ya puedo oler tu sangre. Ya te he herido, ya puedo oler tu santre. Ya te he herido, ya puedo…”

PRIMER DÍA:

Me despierto en la cama de un hospital con correas en los brazos y en las piernas. Mis padres me miran con lágrimas en los ojos. Apenas recuerdo nada porque debo de estar fuertemente sedado, apenas recuerdo a un hombre con bata preguntando “¿Por qué te autolesionas?”. Mis ojos caen suavemente, sin mi voluntdad, poco a poco, como unas cortinas de seda que pesan como el hierro y que dejan una habitación a oscuras.

CUARTA NOCHE:

Me despierta el tren, lo veo irse mientras la dama por la que había emprendido el viaje pega sus manos en la ventanilla. Puedo leer sus labios que gritan “¡Sube al tren!”. Y me quedó allí, paralizado, impotente, con la mente en blanco. Noto un cosquilleo por mis brazos, sangre, un cuchillo y la vieja cortando entre risas de niña traviesa. Está más demacrada, sus ojos en blanco, los dientes negros y mi piel con morados. Huyo a 150 latidos por segundos de allí.

QUINTA NOCHE:

Cada vez a la vieja le cuesta menos encontrarme y a mí escapar de ella. Cada vez estoy más débil y herido. Cada vez lloro más. Cada vez todo esto se vuelve más surrealistamente insoportable. Cada vez ella es más alta, más fuerte, más rápida.

SEGUNDO DÍA:

Me despierto en una cama, no sé si es la mía. Me duele la cabeza, y el cuerpo. Dicen que hago dibujos raros, frases sin sentido. Tengo heridas sobre cicatrices y en la mesita hay pastillas.

SEXTA NOCHE:

No reconozco el pueblo, ni siquiera sé cómo hacer para ir a la estación. Me escondo, la vieja ya mide el doble que yo… o yo me encogido, no lo sé. No oigo el tren. Las escenas de escondite, encuentro, lucha y huida son cada vez más frecuentres y encarnizadas.

TERCER DÍA:

Sala puramente blanca. Huele a hospital. Mi hermana me dice llorando por qué he intentado suicidarme. También que mi novia me ha dejado por mi locura. ¿Tenía novia? No lo recuerdo… No siento que esté queriendo a nadie.

SÉPTIMA NOCHE:

La vieja está atada en una plaza mientras grita que me matará. ¿Quién la ha atado allí? No importa, voy a la estación. Pero el tren esta noche no ha pasado.

CUARTO DÍA:

Dicen que la medicación está surgiendo efecto, aunque hay que esperar porque puede que haya que subir la dosis. Es verdad, ahora lo recuerdo. Tenía una novia, no debía quererme mucho si no es capaz de estar conmigo en esta demencia. Pido papel y bolígrafo, puede que sean las últimas líneas que pueda escribir desde la cordura.

OCTAVA NOCHE:

La vieja se ha desatado y me he cansado de luchar. Espero en la vías del tren y sólo espero que llegue antes él que la vieja. Veo el tren. También veo a esa asesina corriendo hacia mí. No sé qué llegará antes, pero el tren cada vez tarda más noches en pasar. Puede que sea mi última oportunidad. El tren. La vieja. Yo temblando de inseguridad. La locura llega antes… y el tren no se para arrollándonos a los dos.

ÚLTIMAS LÍNEAS ESCRITAS:

La mejor flor sobre mi tumba será una sonrisa. Recuérdame escribiendo sobre mí y no llorando. Perdón si tuve que buscar algo de irrealidad en la monotonía del mundo, ni siquiera sé si lo elegí o ya estaba predestinado para ello. Siento no haber pensado en nadie en aquellas noches en las que estaba encerrado en mí mismo. Me duelen más las heridas que he hecho mientras me sujetábais que las que se abren en mi carne. Sólo puedo dejaros estas líneas que intentan guardar el equilibrio en la delgada cuerda de la realidad… y ya noto cómo se tuercen hacia el lado siniestro, que se me caen. Ya viene, ya se acerca. Os quiero.
Irá a por vosotros también en la debilidad, acabad con ella acabando con vosotros mismos. La sangre en el Infierno apaga las llamas. Os prudiréis como yo, hijos de puta. La muerte pasa su lengua por el filo de la guadaña y la luna menguante se tiñe de rubí líquido, alimentadla con vuestras almas malditas ya por mi recuerdo. Ya os herido y puedo oler vuestra sangre. Ya os herido y puedo oler vuestra sangre. Ya os herido y puedo oler vuestra sangre…

4 comentarios:

  1. Largas idas y pequeños retornos pero lo que retornó no es lo que se fue. Me recuerda a una frase de Heráclito (esto me lo enseñó Federico Rivolta): "Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos."
    Por partes. Es bestial este relato. Supongo que dejas abierto una posesión infernal, un trastorno de personalidad múltiple,...lo que sea. Es maravilloso.
    Adoro los puzles y rompecabezas. Primer día de desconcierto ante la situación. Una irregularidad o bien infernal o psicológica. Primera noche, creo que es mi favorita porque comienza el sueño pero torna a insufrible pesadilla (...sueños sembrados que riega con lágrimas por si resucitan.... precioso).
    En el tercer día la posesión o el trastorno ya es más evidente ("no siento que esté queriendo a nadie").
    Es aún más aterradora la idea de que no vuelve cada noche a iniciar el sueño/pesadilla. Continúa y es desesperante. Me encanta esa angustia. También que se pierda el contacto de los días a partir del cuarto.
    Supongo que en la séptima noche en la pesadilla estaba atada por efecto de la medicación. Aquí se va oliendo el origen del monstruo.
    La rendición de la octava noche, algo así como el último aliento es angustioso también y mola.
    Las últimas líneas es la dominación del alter ego sobre el protagonista o el demonio.
    Te has salido con este relatazo. Voy a reller porque sé que no das puntada sin hilo y siempre hay más con tus relatos.
    Me gusta la estructura tiene cierta regularidad hasta la cuarta noche y a partir de ahí es una absoluta pérdida de control. Otra vez música ¿celestial? Adorable esas cosillas que haces sin querer...
    Un abrazote, eres una máquina
    P.D.: Estás que te gustan tanto... en el sueño, ¿era la F.E.V.E?

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    1. El texto trata sobre un trastorno de la personalidad, pero soy consciente de que se puede tomar como una posesión infernal. Aunque si he pensado (no muy seriamente) en hacer algún relato sobre alguna posesión, pero creo no puede ser mejor que la primera película de "El exorcista".
      Me has leído muy bien otra vez, quería que hubiera ese "orden" de varias noches y pocos días y después se dejaran de contar para dar más sensación de perdido y de caos.
      La medicación sí es la que ata a la vieja, pero todos estos tipos de medicación son acumulativos (es decir, no hacen nada los primeros días y no se notan efectos hasta la tercera semana), puede que el organismo asimile la medicación y requiera una dosis más alta (lo que significa volver al principio), no siempre producen los efectos deseados... Es que estuve un tiempo de prácticas en una asociación de enfermos mentales y aprendí bastante (no sé si volveré allí, pero como usuario).

      Biquiños :)
      PD: No, no era la F.E.V.E.

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    2. Tienes razón. Resultó más caótica la primera lectura por el desorden de los días y las noches. Fue sorprendente por eso lo releí ordenando los días y noches. Me encanta el relato. Muy bueno lo de la medicación. No tenía ni idea y trabajo en una farmacia. Aunque aquí no hay controlados. Me ha parecido impresionante ese dato.
      P.D.: ¡¡Cachis!! Sabía que era la R.E.N.F.E.,jeje

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    3. Yo donde estaba algunos sí estaban controlados. De hecho, si no aparecían en el centro había que avisar a la policía porque se supone que no podían estar solos. No porque fueran peligrosos, si estaban medicados no pasaba nada, pero podían estar desorientados, perderse, tener una paranoia o algo.
      P.D.: No pensé en ninguna de las dos jajaja.

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