lunes, 8 de septiembre de 2014

ENTREVISTA



Me habían llamado para esa entrevista de comercial. Por casualidad, me encontraba en un lugar con cobertura y pude responder para confirmar la asistencia.
Había echado demasiados curricula y no recuerdo de qué empresa me habían llamado. Había acudido con diez minutos de antelación y la recepcionista me había dicho que me sentara en una de esas sillas. Minutos después, llegaban otras cuatro personas. Las miré de arriba abajo. Eran chicas, con su vestimenta seria de trabajo, de apariencia. Igual que yo, con mi corbata, la camisa, el traje.
Entonces se abre una puerta y sale una chica,  bastante atractiva, no me da tiempo a fijarme en más porque nada más pronunciar mi nombre ha entrado otra vez en su despacho. Las tías miran cómo me levanto y entro en el despacho. Estoy compitiendo contra ellas, han observado cómo voy vestido y la actitud con la que atravieso el despacho cerrando la puerta tras de mí. Esas chicas se imaginan cómo soy, las posibilidades que tienen frente a esa imagen que he dado. Imagen neutra, por cierto. Pero las chicas han comparado su entrevista con la mía.
El personal que contratan las empresas para hacer entrevistas suelen ser psicólogos. Esas personas analizan cada gesto desde el primer momento, cómo entras, cómo saludas, cómo miras, cómo actúas. Entonces los entrevistados se sienten víctimas, son objetos que son observados e intentan actuar de una forma que sean evaluados positivamente para ser aceptados. Es decir, son ellos los analizados y, al ser conscientes de ello, pierden la capacidad de estudiar a la otra persona como han intentado hacer conmigo, porque sólo se centran en ellos mismos, en dar una imagen decente y aceptable.
Yo no, crucé la puerta y la cerré quedándome unos segundos parado observando la jaula en la que experimentan contigo. Yo observé el escenario, analicé  el entorno en el que me encontraba. Todo bastante ordenado, limpio, excepto la mesa de despacho que siempre parece un poco más desordenada.
Entonces ella, la chica de las entrevistas cree que me está analizando, porque es psicóloga y da por supuesto que no soy más que un objeto, pero yo ya he analizado el espacio. Es la planta baja, y en la puerta de al lado hay gente trabajando. Es buena señal, porque ves lo que vas a hacer si te contratan. Gente enganchada al teléfono frente a ordenadores. Sí, eso ya lo sabía, más de un centenar de llamadas en un box para que alguien compre lo que la empresa vende.
Ella tiende la mano hacia un asiento  y, cediendo a su gesto, me siento mientras digo:
-Buenos días.
Primera prueba superada. Lo sé. Esa tía está esperando unas palabras, una iniciativa. Ve que no es un tío que se sienta en la silla y espera a que le hablen, ve que no es alguien tímido, que es capaz de normalizar la situación.
-Buenos días—me dice—.
Ha analizado cómo he entrado, cómo me he sentado, cómo me he lanzado a hablar el primero. Lo que no sabe es que no se ha dado cuenta de que, antes de sentarme, yo también he estado observando y de que se llama Natalia por la chapa identificativa que lleva en al chaqueta, que es zurda porque lleva un bolígrafo en esa mano y que es una chica joven, atractiva, pero con uniforme de chaqueta y pantalón exigido por la empresa. De que tiene cuerpo para exhibirlo bastante más. Me he dado cuenta de que no lleva mucho tiempo haciendo entrevistas porque ojea folios apuradamente. Es la típica psicóloga que sólo trabaja en la empresa para hacer entrevistas durante unos días cada ciertos meses. Sonríe para parecer simpática y cercana. Es psicóloga, tiene que estar lo más cerca posible de la otra persona que somete a juicio.
-Hola—digo con indiferencia—.
Sé que quieren una persona que sonría al saludar, pero no lo hago. ¿Por qué? Porque a lo largo de la entrevista quiero que vean la capacidad que tengo para fingir desde la seriedad hasta la falsedad de una sonrisa. Soy un Joker, podría sonreír en un funeral, pero no quiero que ella lo vea por ahora. Entonces me siento y es cuando me da tiempo a fijarme en su atractivo, de que la tía está buena, pero de que la han vestido y la han adiestrado para insinuar belleza, no para mostrarla. Ella es ahora mismo la imagen que la empresa quiere dar a los que todavía no están en ella. Belleza, atractivo, pero con discreción. Entonces habla:
-Bueno, Joker. Recibimos cientos de currilums que son sometidos a una criba y tú eres uno en los que estamos interesados.
Oigo la palabra “curiculums” y ya tengo otro dato de ella. ¿Por qué no dice “currículos” o currícula”. Pero no caigamos en el error, decir “currículos” suena demasiado vulgar; curricula suena demasiado pedante y, tal vez, por eso, se decide por esa aberración gramatical. Natalia aún cree que ella es la que me está analizando, por supuesto. No importa, está intentando que te sientas bien porque has pasado una criba exhaustiva.
-Veo que has trabajado en esto, en lo otro, en lo de más allá, que tienes estos estudios…
Natalia apenas ha revisado tu currículum Esa repetición de lo que está diciendo es para hacerse recordar “Ah sí, es este tío sobre el que leí el currículum anoche a las tantas. Creo recordar algo sobre él”.
Entonces empieza realmente su análisis psicológico cuando la primera pregunta es:
-¿Por qué quieres trabajar aquí?
Natalia observa si dudas, si sudas, si te tiembla la voz o titubeas. Natalia está examinando todo. Yo ya me he dado cuenta de que tiene el ordenador apagado, que el PC sólo es para dar una imagen de profesionalidad. Natalia no lo sabe, pero yo sé que tiene un guión que seguir, unas pautas a las que ha sido sometida para seleccionar personal. Entonces, hay que cerciorarse de que tengo razón, de que Natalia lleva poco tiempo aquí, porque seguramente ella tenga en la mente una lista de las respuestas que va almacenando en un cabeza como “¡Bien!” Estas consiguiendo puntos o como “¡Oh! La estás cagando”. ¿Pero qué pasa cuando das una respuesta que no está en esa lista? Pues es sencillo, lo primero que piensa es “Cago en la puta. ¡Joder! ¿Cómo coño valoro yo esto?” y lo segundo, “Es distinto”. Yo quería hacerla improvisar, el trabajo ese de comercial venía a importarme una mierda. Y contesto, con seguridad, afirmándome en el asiento que me han ofrecido:
-¿Y por qué no? ¿Es que debería tener dudas acerca de la empresa? ¿Hacéis ventas ilegales, hay fraudes fiscales, recibís demasiadas reclamaciones y denuncias?
Me estoy relajando, estoy dejando escurrir el culo por el asiento de la silla mientras abro levemente las piernas y entrecruzo los dedos de mis manos a la altura de mi cintura. Pobre Natalia, la he descolocado.
-¡No! ¡Claro que no!
Sé que había más preguntas más de por medio, pero  Natalia sigue intentando analizarme sin saber qué hacer con mis contestaciones. Así que va directamente a lo seguro. A lo que realmente importa. Mira por la mesa y coge al azar un bolígrafo de la marca BIC.
-¿Cómo harías para venderme este boli?
Sonrío.
-¿Un BIC? ¿Quieres que te venda un BIC? Venga, pónmelo más difícil. Eres zurda, sé que no puedes escribir con un Pilot o con una pluma porque, al hacerlo, pasarías la mano sobre la tinta fresca haciendo que se corriese y te llenarías la mano de tinta emborronándolo todo.
Natalia se está acojonando. Duda y vacila. Yo, en su puesto, la despediría. Resopla, y puedo intuir su “Joder con el chaval…”
-Está bien. Véndeme… esta grapadora. ¡Véndeme esta grapadora! Venga.
Ese “Venga” es un reto que ella me plantea. Es un “Listillo, véndeme esta mierda, esta cosa tan simple., tan innecesaria. No lo conseguirás”.
Entonces me hago el tonto.
-Te llamas… Natalia, ¿no?
-Sí—responde—.
-Perdona, es que es la primera vez que hago una entrevista para comercial. ¿Me estás diciendo que quieres que te venda una grapadora?
-Eso es.
-Es decir… Para que lo entienda… La grapadora ahora no es tuya, es mía, y te la tengo que vender. Esta grapadora de color rojo y que lleva unas grapas enormes te la tengo que vender.
-Sí.
Eso que he dicho es para hacer tiempo e intentar pensar en cómo enroscarle la grapadora, pero ya me he dado cuenta de cómo hacerlo. Casualmente, mi currículum son dos páginas y lo he entregado en un clip.
-Veo que tienes el currículum de un tal Joker ahí, Y por lo que veo, tienes más que están con un clip o simplemente sueltos. Deberías graparlos.
Natalia mira los currícula y ve que, en efecto, tengo razón. Pero se ha puesto en plan batalla conmigo.
-¿Por qué debería comprar esa grapadora si ya tengo clips?
Y yo, que he sido estudiante, que sé los contras de los clips no dudo en responder:
-Si amontonas esa pila de papeles en clips, se te van a enganchar unos con otros. Además, duplica el espacio a la hora de almacenarlos.
Sí, estamos en duelo. Le jode que haya controlado esta entrevista. Vuelvo a sonreír.
-Esta grapadora podría unir cuarenta folios. Es bastante grande. Un clip podría unirlos, pero se deformaría demasiado, se daría de sí. Por cierto, una pregunta. No estoy muy puesto en grapadoras, ¿cuánto puede valer una grapadora así?
Natalia mira la grapadora y responde:
-No sé, tengo grapadoras parecidas en casa y creo que me han costado 8€. Sin incluir el paquete de grapas que viene con ella.
-Lo único que sé es que deberías grapar esos papeles con clips si no quieres traspapelarlos, si quieres tener juntos más de  una decena de folios. Casualmente, tengo una grapadora aquí. Te la vendo por 10 euros.
Ella sigue luchando:
-Pero te he dicho que vale 8 euros.
Vuelvo a la sonrisa retorcida de Joker:
-Bueno, pero tú la necesitas ahora. La necesitas ya si no quieres que mañana todos esos folios aparezcan enganchados los unos con los otros, si no quieres que un clip se caiga, si quieres que te entren el doble de hojas en ese cajón en el que se guardan los currículos. Pareces una chica responsable, ordenada, que se toma su trabajo en serio (¿Quién iba a responder a eso que “no”? Que soy un desastre, que la mitad de esos documentos con la experiencia laboral de cada uno iban a ser destruidos).
-Pues claro que sí.
Natalia empieza a ponerse borde porque estoy dudando de su profesionalidad y eso le jode. Le voy a joder más:
-¿Quieres la grapadora entonces, no?
-Admito que sí, que me has convencido porque has creado una necesidad en mí.
Y, no sé… ya había vendido la grapadora, pero ¿por qué no ir más allá?
-El problema es que la grapadora ahora vale 10 euros.
-¿Diez euros? ¡Pero me habías dicho que valía 8!
La verdad, me la estoy jugando mucho, ya había vendido la grapadora por 8€, prueba superada. Fin del juego, pero supongo que quiero llegar al límite, arrinconarla en la esquina de cuadrilátero cuando antes de empezar todo esto ella pensaba que sería yo el que acabaría recibiendo los golpes. Le respondo el porqué de ese cambio de tarifa:
.-Es que el tiempo es oro y me estás haciendo perder el tiempo. La grapadora la necesitas ahora, ¿no?
-Sí, pero, joer me la estás vendiendo demasiado cara. Te he dado un precio y me la estás vendiendo por encima de él.
Vuelvo a sonreír. Es arcilla en mis manos.
-Ya, pero la necesitas ahora. Ya. ¿Vas a abandonar tu puesto de trabajo para comprar una grapadora de los chinos por 4 euros?
-No, claro que no.
En el bote. La tengo en el bote, embasada al vacío.
-Ahora vale 12 euros.
-No, no la quiero. Ahora sí que no la quiero. Has pasado de 8 euros a 12.
-Está bien. Suerte con tu papeleo.
Y me levanto para salir.
-Devuélveme la grapadora.
Saco el móvil. La conversación está grabada.
-En estos negocios lo que vale es el contrato verbal. Tengo grabado que te llamas Natalia, el color de la grapadora y afirmando que no es tuya.
La tía achina los ojos por la ira. Lo poco que sé que es que no puedes dar una venta por cerrada hasta que no ves el dinero. No veo los 12 euros por ningún lado.
-La grapadora no es tuya. Pero dame el número de tu móvil y en menos de quince minutos te llamo.
-No te voy a dar mi móvil.
-Es la única forma que tienes de recuperar la grapadora. ¿Vas a enviar un informe pidiendo material de oficina alegando que se la has regalado a un entrevistado? ¿Quieres quedar en ridículo? ¿Quieres que te despidan o te sancionen? Entonces dame tu móvil.
La tía accede de mala gana. Bueno, tengo el móvil de una tía buena, su grapadora y…. su desprecio. Salgo por la puerta con una grapadora mientras me despido con un “Siento haberla molestado en su tiempo de trabajo. Tenga una buena mañana”..
Salgo y voy directo a recepción.
-¿Sí? Dígame.
-Verá, no sé si conoce a Natalia. La chica que está en ese despacho. Resulta que me dedico a vender grapadoras. En realidad, iba a venir mañana, pero he podido adelantar la agenda y he aparecido hoy. Resulta que Natalia no tiene el dinero para pagarme. Me dijo que me pagaría mañana, pero, como le he dicho, he sido capaz de adelantar la agenda. Me dijo que tenía muy buenos compañeros de trabajo, que la gente que trabajaba aquí era amable y que tal vez usted o uno de sus compañeros podría pagarla por ella. Mañana le devolverá el dinero.
-¿15 euros una grapadora? ¡Pero si aquí le dan todas las grapadoras que quiera!
-Perdone, pensé que era buena compañera de trabajo, una buena persona dispuesta a hacerle un favor a una colega, pero veo que me he confundido.
La recepcionista se siente mal. ¿Por qué? Porque ella quiere o necesita sentirse buena compañera, porque ¿qué más le da prestar 15 míseros euros que le serán devueltos?
-Está bien—me dice—.
Me da un billete de 10 y otro de 5. Le dejo la grapadora a ella como señal de confianza, para que crea que no me voy a ir con la grapadora y el dinero.
Salgo de la empresa y llamo  a Natalia.
-¿Hola?—Se oye al otro lado del teléfono—.
-Soy Joker, ¿te han dado la grapadora ya?
-¡Sí! Eres un cabrón, me han dicho que han pagado 15 euros por ella. 15 euros por los que me veo obligada a pagar a mi compañera de recepción.
-Le he vendido a la empresa algo que era de empresa por casi el doble de lo que valía. Es algo que parece imposible, pero lo he hecho. ¿A qué hora empiezo mañana?
Rechacé el trabajo. Era a comisión, seguramente hubiera ganado más yendo de entrevista en entrevista que en ese trabajo de mierda que es para desesperados.

19 comentarios:

  1. Yo, de un hombre así, me enamoraría sin pensarlo dos veces, ni una, ni media.

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    1. ¿Por qué? ¿Cómo sabes que no haría contigo lo que ha hecho con la entrevistadora?

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  2. Precisamente porque no llegaría a hacerme lo que le hizo a la entrevistadora. Es demasiado encantador el hombre.
    Me gusta su manera de envolverla.
    Ojalá así alguien en mi vida.

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    1. Es probable que no lo hiciera a no ser que tú intentarás hacerle lo mismo. Pero sólo se envuelve al principio.
      Lo dices como si nunca lo fueras a tener. Tal vez lo tengas si lo buscas.

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  3. Yo me dejaría envolver totalmente, de principio a fin. Una gran personalidad la del hombre.
    No lo busco, pero sí espero encontrarlo. Dicen que si de verdad deseas algo, por la ley metafísica de atracción, lo atraes. Lo encontraré, lo que no sé es cuando.

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    1. La Ley de la Atracción... La conozco. No podría decirte si creo en ella o no.

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    2. Estaría encantada de saber tú opinión.

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    3. ¿Es esa ley que afirma que si crees y deseas algo firmemente con fe lo acabas atrayendo consiguiendo, no? La conozco por pura casualidad, porque una vez vi un tatuaje que rezaba "Belive" y pregunté el motivo de ese tatuaje. Me explicó un poco la teoría y me dio un enlace de youtube. Te digo que no sé si creer en ella porque creo que a mí esa ley no me afecta en absoluto. Para mí otra ley, la del eterno retorno, pero no ese eterno retorno de nacer, morir y llevar una vez tras otra la misma vida. Si no un eterno retorno dentro de una misma vida, a repetirse las mismas situaciones una y otra vez en una misma. Una ley de bucle. En esa ley sí que creo, pero espero que a ti sí te funcione la Ley de la Atracción. Pero también sé que no hay que tener ninguna duda, porque puedes atraer tanto lo bueno como lo malo, y no hay que tener miedo. De ser cierta, es una ley un tanto peligrosa, ¿no crees?

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  4. Creo que te refieres al eterno retorno de Nietzsche. Conozco su filosofía, es una de mis preferidas. Supongo que estaremos de acuerdo en que el superhombre del habla éste autor es el niño. La infancia.

    Es un tanto peligrosa la Ley de Atracción, pero esperanzadora, ¿no crees?

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    1. Sí, él se refiere a ese retorno tras morir. Si no recuerdo mal.
      La esperanza salva y, a la vez, mata. Tal vez diga que es peligrosa por es difícil creer sin ninguna duda. Yo en su momento lo hice, pero soy inmune a esa ley.

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    2. 1) "La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre".

      2) "La idea de la nada no es la apropiada para la humanidad laboriosa: los atareados no tienen ni tiempo ni ganas de sopesar su polvo; se resignan a las durezas o a las estupideces de la suerte; esperan: la esperanza es una virtud de esclavos".

      La primera es de Nietzsche. La segunda no me hará falta decirte de quién...

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  5. No, él se refiere al eterno retorno de los momentos. Repetir una y otra vez las mismas cosas que nos hacen sentir bien.
    Yo la descubrí hace poco, intentaré hacerla y ver el resultado, quizás en unos meses podamos hablar nuevamente del tema y comparar conclusiones.

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    1. ¿Ves? Tengo que repasar muchas ideas filosóficas. Gracias por recordarme más detalladamente.
      Espero que salga bien. Claro, esperaré y ya me contarás. Espero que me digas "No tenías ni idea", y eso que me gusta que nunca está mal que te den la razón, pero en este caso podré concederme el placer del error.

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  6. Dylan, ¿por qué has borrado el comentario? Espero, al menos, que hayas hecho click en "avisar", leas esto. Siento haber tardado, pero buscaba una cita un poco más optimista de " esperanza".
    Conocía la primera cita aunque reconozco que ya quedaban en un rincón remoto de la memoria. Aunque no estoy muy de acuerdo con ella, ya que, al menos a mí me da esa sensación, de que la esperanza es algo eterno que dura más de lo necesario. Dicen que es lo último que se pierde, pero es frágil y efímera. Basta un golpe de realidad para acabar con ella.
    Supongo que la segunda sea de Cioran, no he llegado aún hasta ahí. Me lo tomo con calma, pero cada vez me resulta menos denso y empiezo a apreciarlo literariamente, aunque no filosóficamente. Pero ya te diré más adelante. Quizá lo parodie como hago con todos los que me recomiendas.
    Un saludo, Malvado Dylan

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  7. Sólo puedo poner un "jajajajajajjajajajajajajajja" estoy rota de risa. Me has alegrado el domingo muchísimo. Telemark!!! no me acuerdo el año y calendarios. Nunca más volví, fue todo muy insulso. Me has dejado de piedra. Si fue real, me quito el sombrero. Eres un crack.....

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  8. También me hacen gracia los comentarios. No comentáis bromas.... Buscaré eso de Atracción, lo del Retorno,......¡¡¡esperanza!!! pero en otro momento. Voy a seguir riéndome del pedazo de relato. Muy bueno

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    1. Sí que estuve en Telemark hace algunos años. Ahora trabajan con Jazztel en vez de con Movistar. Bueno, no es real... Creo que estaría en la cárcel, pero me dan ganas de hacerlo. Son cosas que se me pasan por la cabeza, a veces las hago y otras no.
      Pues sí que hacemos críticas, sacamos ideologías y aprendemos unos de otros. Muchas gracias. Un abrazo, Ana.

      P.D.: Siento mucho la tardanza en contestar, he tenido problemas técnicos...

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    2. No te preocupes. Yo robo la señal y se me va de buenas a primeras y por eso a veces me faltan palabras. Fijo que es Bill Gates....yo antes era de Ubuntu y estas cosas no pasaban. Voy a ver si leo Tímidos y pequeños delirios....
      No te preocupes por la tardanza, se que más tarde o más temprano lo harás porque no podrás olvidar que te prometí el Whitelabel y el Trina de manzana (yo lo bebía pero con Cutty y también era difícil que hubiera)
      Abrazote

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    3. Yo es que no tengo cobertura y voy a casa de mi padre a coger WiFi. El móvil no me va muy bien porque no tiene memoria y al PC le fallaba el adobe flash, por lo que no me dejaba responder.
      Ahora entiendo, lo del Trina era por chantaje, no por hacer un favor. Aquí no hay problema para conseguirlo ahora.
      Un abrazo.

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Todo lo que calles, te violará por dentro. Así que habla.