viernes, 26 de septiembre de 2014

CARTA PARA MÍ DESTINADA A TI



No sé qué día es, uno más que ayer supongo. Supongo también ahora que me escribo para ti que entre el susurro y el silencio se mueren las palabras escritas. Palabras… ¿Sabes? Me callaría, pero no sé dónde guardar tanto silencio si lo tengo todo ocupado por recuerdos que sangran un espeso sepia. Envidio a esa gente que siente vacío, no sé qué es ese infinito oscuro que le invade por dentro. A mí me llueven por dentro tormentas de octubre en los que cada latido es un trueno que siempre llega tarde a la luz del rayo. La lluvia me entristece porque nadie consuela al cielo cuando llora. Tampoco sé consolarte cuando llueve en tu mundo.
A veces, me siento solo y necesito a alguien que me coja de la mano mientras camino hacia el desastre. Todo es mucho más romántico cuando sabes que sólo te espera un destino trágico. Todo es mucho más absurdo cuando sé que nada ni nadie me acompañará hasta el final, pero cojo las manos que me encuentro a medio camino. Algunas tiran de mí para detenerme y otras me dan impulso para después soltarme. Algunas veces se me pega su perfume; otras, sus demonios.
¿De dónde salen estas líneas? ¿De la cabeza? No, la locura me decapitó. ¿Del corazón? Tampoco, le tiembla el pulso al escribir. Salen de cada desgarro, de cada herida que no cicatriza, de eructos a los que supe dar forma. No lo sabes, pero sólo soy un cadáver que se conserva caliente. A veces, me gustaría sentir tu culo frío en la cama. A veces tengo miedo de volver a querer a alguien, mucho más a quererme a mí mismo y sufrir mi propio rechazo.
Tal vez, nada tenga sentido, es como tu “sal de mi vida, pero métete en mi coño”, como mi “mi mejor representación fue con el telón echado”, como los “te llamaré aunque no me acuerde de tu nombre” de los demás. Nada tiene sentido, pero sí lógica. Odio la lógica, porque lo hace todo demasiado predecible y me aburro. Siento un hastío en el que en ocasiones me siento pletórico en este desapego por la vida, en el bostezo, porque mañana será igual. “No me hubiera sometido a la quimio ni lo haré si acaba siendo maligno”, digo y me responden como si estuvieran tratando con un suicida “¿Pero por qué?”. Porque no cambiará nada en mi vida, no cumpliré sueños, porque ya lo he dado todo de mí aquí, porque de esta manera ya no queda nada de mí. Lo mejor de mí lo lloré, lo rompieron, me lo robaron, lo pusieron patas arriba para violarlo y ahora… Ahora sólo sé que sin el engaño no habría magia.
Y qué egoísta llorar por ti… o por mí, cuando deberías hacerlo por los dos. Me gusta llorar al borde de un abismo para no oír la lágrima caer, para hacer oídos sordos al “Crack” del estallido del agua contra el suelo, tal vez aún siga cayendo y no haya llegado. ¿Y a dónde voy si no es contigo? Entonces me paro y aquí estoy esculpido como una gárgola, siendo presa del tiempo en el espacio mientras se resquebraja.
Era tan fácil echarte la culpa mientras el que se mataba por ti era yo… Era tan fácil morirse a tu lado, como escarbar en las heridas sin saber que cavaba una tumba. Eran fáciles hasta los imposibles. Imposibles como la virtud de convertir el amor en un campo de batalla, en un duelo a muerte a dos pistolas en los que tú tenías ventaja, pues una de mis manos se rebelaba contra mí por no hacerte daño y estaba decidida a apuntarme a mí sin dudar en apretar el gatillo. Cuatro balas, y tres contra mí. Yo era más rápido que tú, mi mano suicida lo fue más.
No sé cuántas líneas llevo y puede que no hayas entendido nada. Entonces me creeré importante porque no eres capaz de llegarme y me relameré en tu ignorancia mientras todo me sabe amargo y disimulo la cara de asco. Líneas… No sé ni cómo llegan al margen derecho si soy un cero a la izquierda. Líneas que se tuercen y se retuercen con rosca que taladran mi cerebro para hacer agujeros en los que poder colgar un cuadro con tu retrato. A veces lo acaricio; otras, le escupo; otras, lo tapo; otras… Otras quisieron ser como tú.
Anhelo unos tacones que pongan tus húmedas bragas a la altura de mi lengua. Lengua de tiburón aunque sangraras, lengua muerta como el latín haciendo declinaciones en tu clítoris, lengua áspera de estropajo que me deja el whisky… mi lengua siendo tu dialecto. Lenguas de fuego que sólo podían acabar convirtiéndolo todo en cenizas que se llevan los suspiros y las devuelven los insomnios. Y ahora recuerdo cuando mi padre me pregunta siempre irónicamente con una sonrisa cuando no puedo conmigo mismo “¿Sufres, vida?” y yo me pregunto “¿Me sufres, vida?”.
La gente suele cometer un error muy común, y es pensar que el escritor es tan interesante como sus escritos. Y qué manera tan cruel de castigarme, de despreciarme cuando no sé dónde se me van las palabras cuando salen por esta boca, si tengo un filtro en la laringe que criba y deforma ideas. La teoría es perfecta, pero la práctica es ridícula. Fresas licuadas de las que sale un ácido sabor a limón.
Podría decirte mil cosas más, pero prefiero callarme un millón.
P.D.: Siento las manchas de semen al escribirme pensando en ti.
P.D. 2: No te creas, a veces, mi estupidez me hace sonreír.
P.D. 3: He roto la luna intentando bajártela y Carglass dice que eso no me entra en el seguro.
P.D. 4: En la próxima post data haré poesía.
P.D. 5: Por el culo te la hinco.

Biquiños.

Whitejoker Manson a no sé qué día, si no sé cuándo es de día o de noche sino por un buitre que me susurra al oído que todo es oscuridad. A no sé qué año o daño. No sé… pon tú el momento.

4 comentarios:

  1. "La gente suele cometer un error muy común, y es pensar que el escritor es tan interesante como sus escritos." Tengo que recordarme esto cada vez que te leo.

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  2. Respuestas
    1. Bueno, al menos, la culpa no la tiene quien escribe.

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Todo lo que calles, te violará por dentro. Así que habla.