domingo, 28 de septiembre de 2014

NO SOY ARTE



Me han llamado muchas cosas a lo largo de la vida, sobre todo cuando empecé a sacar mis escritos a la luz. Han dicho cosas desde como que tenía una sensibilidad especial para escribir hasta que mis líneas estaban escritas por el mismísimo Diablo. Sin embargo, nunca me habían llamado “arte”. Quería agradecerte ese mal concepto que tienes del arte con un post y no con una foto echa con el móvil a una pantalla de ordenador. Encima salió torcida.
Supongo que ya te habrás dado cuenta de que no soy nada del otro mundo; todo lo contrario, soy el más común de los mortales. Tal vez me confundí cuando te dije que si era arte, no sería más que dos líneas sobre un fondo negro. Creo que más bien soy un lienzo que se ha pintado muchas veces y que al final ha quedado en blanco.
Últimamente, no hablamos tanto. Estamos los dos muy ocupados, tú tendrás vida social y yo estoy un poco apático. No me vuelvas a recomendar una película romántica. Estoy apático… y sensible. Nunca había llorado viendo películas, ni… bueno, hacía tiempo que no lloraba. He llorado con el “Diario de Noah” (puede ser comprensible); con “La ladrona de libros” (sí, es aceptable) y con la última versión de “Carrie” (puede que eso ya sea preocupante). Así que espero que la próxima vez me recomiendes una película cómica. “Es que ves lo más trágico de la película”. Es sólo cuestión de perspectivas, siempre te digo eso. Ahora no tengo mucho campo de visión.
Me recuerdas a mí cuando era más joven. Llena de vitalidad, sonriendo pero reflexionando, conduciendo para pensar, con unas esperanzas, unos sueños… Si alguna vez se rompen, sobrevive a ellos y no te hagas añicos con ellos. Sé que serás capaz. Eso es arte. El arte sobrevive al tiempo y yo no lo he hecho. Me he dado cuenta de que en todo lo que hemos hablado estamos de acuerdo, pero cambian las actitudes de uno y de otro.
A veces, te haría mil preguntas sobre ti, algunas serían las más extrañas que has oído; otra, pienso si es mejor dejar el conocimiento a medias y que todo sea una incógnita y que la imaginación invente ese desconocimiento. Lo sé, llevaría al engaño y a la equivocación, pero el mundo está lleno de realidad y necesito algo de irrealidad, un mito, una leyenda… un Ratoncito Pérez.
Y gracias por esas conversaciones en las que pásabamos de hablar de filosofía y literatura a hacerlo sobre chorradas. El mundo ya no pesaba tanto y podía levantar la cabeza del suelo.
Tampoco son unas líneas del otro mundo, no todo puede ser arte.







viernes, 26 de septiembre de 2014

CARTA PARA MÍ DESTINADA A TI



No sé qué día es, uno más que ayer supongo. Supongo también ahora que me escribo para ti que entre el susurro y el silencio se mueren las palabras escritas. Palabras… ¿Sabes? Me callaría, pero no sé dónde guardar tanto silencio si lo tengo todo ocupado por recuerdos que sangran un espeso sepia. Envidio a esa gente que siente vacío, no sé qué es ese infinito oscuro que le invade por dentro. A mí me llueven por dentro tormentas de octubre en los que cada latido es un trueno que siempre llega tarde a la luz del rayo. La lluvia me entristece porque nadie consuela al cielo cuando llora. Tampoco sé consolarte cuando llueve en tu mundo.
A veces, me siento solo y necesito a alguien que me coja de la mano mientras camino hacia el desastre. Todo es mucho más romántico cuando sabes que sólo te espera un destino trágico. Todo es mucho más absurdo cuando sé que nada ni nadie me acompañará hasta el final, pero cojo las manos que me encuentro a medio camino. Algunas tiran de mí para detenerme y otras me dan impulso para después soltarme. Algunas veces se me pega su perfume; otras, sus demonios.
¿De dónde salen estas líneas? ¿De la cabeza? No, la locura me decapitó. ¿Del corazón? Tampoco, le tiembla el pulso al escribir. Salen de cada desgarro, de cada herida que no cicatriza, de eructos a los que supe dar forma. No lo sabes, pero sólo soy un cadáver que se conserva caliente. A veces, me gustaría sentir tu culo frío en la cama. A veces tengo miedo de volver a querer a alguien, mucho más a quererme a mí mismo y sufrir mi propio rechazo.
Tal vez, nada tenga sentido, es como tu “sal de mi vida, pero métete en mi coño”, como mi “mi mejor representación fue con el telón echado”, como los “te llamaré aunque no me acuerde de tu nombre” de los demás. Nada tiene sentido, pero sí lógica. Odio la lógica, porque lo hace todo demasiado predecible y me aburro. Siento un hastío en el que en ocasiones me siento pletórico en este desapego por la vida, en el bostezo, porque mañana será igual. “No me hubiera sometido a la quimio ni lo haré si acaba siendo maligno”, digo y me responden como si estuvieran tratando con un suicida “¿Pero por qué?”. Porque no cambiará nada en mi vida, no cumpliré sueños, porque ya lo he dado todo de mí aquí, porque de esta manera ya no queda nada de mí. Lo mejor de mí lo lloré, lo rompieron, me lo robaron, lo pusieron patas arriba para violarlo y ahora… Ahora sólo sé que sin el engaño no habría magia.
Y qué egoísta llorar por ti… o por mí, cuando deberías hacerlo por los dos. Me gusta llorar al borde de un abismo para no oír la lágrima caer, para hacer oídos sordos al “Crack” del estallido del agua contra el suelo, tal vez aún siga cayendo y no haya llegado. ¿Y a dónde voy si no es contigo? Entonces me paro y aquí estoy esculpido como una gárgola, siendo presa del tiempo en el espacio mientras se resquebraja.
Era tan fácil echarte la culpa mientras el que se mataba por ti era yo… Era tan fácil morirse a tu lado, como escarbar en las heridas sin saber que cavaba una tumba. Eran fáciles hasta los imposibles. Imposibles como la virtud de convertir el amor en un campo de batalla, en un duelo a muerte a dos pistolas en los que tú tenías ventaja, pues una de mis manos se rebelaba contra mí por no hacerte daño y estaba decidida a apuntarme a mí sin dudar en apretar el gatillo. Cuatro balas, y tres contra mí. Yo era más rápido que tú, mi mano suicida lo fue más.
No sé cuántas líneas llevo y puede que no hayas entendido nada. Entonces me creeré importante porque no eres capaz de llegarme y me relameré en tu ignorancia mientras todo me sabe amargo y disimulo la cara de asco. Líneas… No sé ni cómo llegan al margen derecho si soy un cero a la izquierda. Líneas que se tuercen y se retuercen con rosca que taladran mi cerebro para hacer agujeros en los que poder colgar un cuadro con tu retrato. A veces lo acaricio; otras, le escupo; otras, lo tapo; otras… Otras quisieron ser como tú.
Anhelo unos tacones que pongan tus húmedas bragas a la altura de mi lengua. Lengua de tiburón aunque sangraras, lengua muerta como el latín haciendo declinaciones en tu clítoris, lengua áspera de estropajo que me deja el whisky… mi lengua siendo tu dialecto. Lenguas de fuego que sólo podían acabar convirtiéndolo todo en cenizas que se llevan los suspiros y las devuelven los insomnios. Y ahora recuerdo cuando mi padre me pregunta siempre irónicamente con una sonrisa cuando no puedo conmigo mismo “¿Sufres, vida?” y yo me pregunto “¿Me sufres, vida?”.
La gente suele cometer un error muy común, y es pensar que el escritor es tan interesante como sus escritos. Y qué manera tan cruel de castigarme, de despreciarme cuando no sé dónde se me van las palabras cuando salen por esta boca, si tengo un filtro en la laringe que criba y deforma ideas. La teoría es perfecta, pero la práctica es ridícula. Fresas licuadas de las que sale un ácido sabor a limón.
Podría decirte mil cosas más, pero prefiero callarme un millón.
P.D.: Siento las manchas de semen al escribirme pensando en ti.
P.D. 2: No te creas, a veces, mi estupidez me hace sonreír.
P.D. 3: He roto la luna intentando bajártela y Carglass dice que eso no me entra en el seguro.
P.D. 4: En la próxima post data haré poesía.
P.D. 5: Por el culo te la hinco.

Biquiños.

Whitejoker Manson a no sé qué día, si no sé cuándo es de día o de noche sino por un buitre que me susurra al oído que todo es oscuridad. A no sé qué año o daño. No sé… pon tú el momento.

viernes, 12 de septiembre de 2014

TÍMIDOS Y PEQUEÑOS DELIRIOS


EL ROMANCE DEL CHÓFER
Sé que iba en aquel autobús urbano y que de pronto el conductor frenó para salir con un ramo de rosas cuando vio a una chica en la acera. La gente se pegó a la ventanilla a ver el cortejo mientras se enternecía, viajaban más suspiros que personas, tal vez más envidias, nostalgias, comprensiones... Pero la conversación se alargaba y la gente empezó a volver a la realidad, a las prisas de tener que ir a su destino. Alguno le gritó que regresara al maldito autobús, pero el chófer desoía las quejas mientras sonreía a la chica.
-Bueno, ¿y si alguien conduce el autobús?
Alguno duda. Se oyen murmullos:
-No puede ser muy diferente a un coche.
Hay ademanes de ir hacia el volante, pero nadie quiere arriesgarse a tener un accidente con el autobús. Las prisas son mayores, quizá el tiempo empuje a alguien a conducirlo. Entonces me levanto de mi asiento y digo:
-Yo lo haré.
Por suerte, llegamos a la última parada que, casualmente era la mía, sin más accidentes que haber rozado con las ruedas de atrás algún bordillo.
Nos bajamos del bus los que quedábamos en él. La gente me felicita, halaga mi determinación, mi heroísmo y valentía.
-Si algo me hizo conducir el autobús es porque es el único asiento que lleva cinturón de seguridad. Pero gracias por sus halagos.
                                                           (Demacración de un minirrelato de Galeano)
 
A VOLVER A EMPEZAR
-Joker, ¿qué tal el trabajo en la biblioteca?
-Pues me he me pasado todos estos días hasta las tres de la mañana metiendo datos en un programa para hacer carnets de bibliotecas. Ya he hecho más de doscientos socios.
-¡Joder! Entonces bien, ¿no?
-Me han llamado hoy por la mañana para que deje de hacer altas, estoy metiendo datos mal y tengo que modificarlos o hacerlos de nuevo.
-Qué putada…
-No, ¿por qué? Dime, ¿cuántas cosas en la vida has hecho en las que puedas volver atrás para arreglarlas?
 
AFORISMOS
Creedme si cuando digo que gracias a Dios no tenemos el poder de resucitar. Ello nos hubiera convertido en asesinos.
 
Tropiezas con la misma piedra porque has vuelto al mismo camino.
 
No entiendo a esa gente que encaja peor un insulto que una crítica. La crítica suele estar fundamentada en algo y tiene una razón de ser.
 
Paradójicamente, la gente que se cae suele quedarse boca arriba mirando el cielo mientras los demás miran el suelo sobre el que está tendido.
 
El Hombre decidió descansar los domingos para no humillar a Dios.
 
Ponedme una camisa de fuerza, será la única forma de hacer que me abrace a mí mismo.
 
Y escribimos, nos extendemos en líneas, porque nos quedan demasiadas cosas a las que ponerles nombre y aquellas a las que pudimos dárselo, tienen las definiciones anticuadas.
 
Del amor al odio hay un paso, pero hay que coger carrerilla.
 
Sólo existen dos formas de masturbarse: idealizando o recordando.
 
Lo que no vivas ahora, te matará después. Y en eso consiste el arrepentimiento y la duda.
 
El amor que se calla es esa herida que sangra hacia dentro.
 
LA FRAGUA
Hiciste planes, y el ahora no es más que un trámite de espera entre el pasado y el futuro. Un vacío transformado en ábaco en el que cuentas segundos, minutos, horas, días en el que se forja una extraña aleación de impaciencia y esperanza. La fragua se hace infierno mientras eres yunque o martillo, a golpe por latido, a latido por infarto, a infarto por muerte, a muerte por… ¿qué hay más allá de la muerte?
 
¿LO DESTROZAMOS?
Y poder romper la noche con un beso, hacer que la luna se tuerza como una sonrisa en la oscuridad. Brillante, afilada. Y tal vez quiera romper todas las noches en cada insomnio contigo convirtiéndola en un puzle que no logremos reconstruir para empeñarnos en ello mientras pasa el tiempo. Ojalá falte una pieza y salgamos juntos a buscarla para encontrarnos más el uno en el otro. Ojalá noches eternas y amaneceres inmortales a tu lado. Ojalá desequilibremos el Universo con ese beso y nos veamos obligados a estabilizarlo todo sin conseguirlo, pero sigamos obcecándonos en ello sin rendirnos. Un beso y una avería que no podamos reparar nunca, que nos haga cómplices. Sólo un desastre común sin remedio provocado contigo que me haga permanecer a tu lado.
 
ESTÁS MALDITA
Estarás maldita de por vida a tener las manos llenas de mi sangre tanto como yo estoy condenado a tenerlas manchadas de tinta. Y en las noches de tus insomnios verás mis líneas arañadas en las paredes que te cercan rn tu oscura habitación. Oirás susurros que jamás podrás perdonarte y todo se hará tan tétrico que querrás cerrar los ojos, pero seguirás oyendo mis lamentos mientras un olor nauseabundo te viola el sentido del olfato, es mi sangre que se engangrena y que pide la amputación de tu corazón. Estás maldita a llevar mi sangre de por vida, a vivir en rojos pétalos de rosas marchitas que se derriten tiñendo el ataúd de tu cuerpo del color del corazón que exprimiste.
 
INSOMNE
Quizá no sea insomnio, quizá sea una decisión de estar despierto porque no soy dueño de mis sueños y puedo elegirlos mejor con los ojos abiertos.
 
¿RECUERDAS?
¿Recuerdas cuando yo era como la lluvia? Golpeando en los cristales de tu ventana, pero ni me dejabas entrar ni tú te asomabas. ¿Recuerdas cómo me olvidaste saliendo a ver una tormenta de nieve?

lunes, 8 de septiembre de 2014

ENTREVISTA



Me habían llamado para esa entrevista de comercial. Por casualidad, me encontraba en un lugar con cobertura y pude responder para confirmar la asistencia.
Había echado demasiados curricula y no recuerdo de qué empresa me habían llamado. Había acudido con diez minutos de antelación y la recepcionista me había dicho que me sentara en una de esas sillas. Minutos después, llegaban otras cuatro personas. Las miré de arriba abajo. Eran chicas, con su vestimenta seria de trabajo, de apariencia. Igual que yo, con mi corbata, la camisa, el traje.
Entonces se abre una puerta y sale una chica,  bastante atractiva, no me da tiempo a fijarme en más porque nada más pronunciar mi nombre ha entrado otra vez en su despacho. Las tías miran cómo me levanto y entro en el despacho. Estoy compitiendo contra ellas, han observado cómo voy vestido y la actitud con la que atravieso el despacho cerrando la puerta tras de mí. Esas chicas se imaginan cómo soy, las posibilidades que tienen frente a esa imagen que he dado. Imagen neutra, por cierto. Pero las chicas han comparado su entrevista con la mía.
El personal que contratan las empresas para hacer entrevistas suelen ser psicólogos. Esas personas analizan cada gesto desde el primer momento, cómo entras, cómo saludas, cómo miras, cómo actúas. Entonces los entrevistados se sienten víctimas, son objetos que son observados e intentan actuar de una forma que sean evaluados positivamente para ser aceptados. Es decir, son ellos los analizados y, al ser conscientes de ello, pierden la capacidad de estudiar a la otra persona como han intentado hacer conmigo, porque sólo se centran en ellos mismos, en dar una imagen decente y aceptable.
Yo no, crucé la puerta y la cerré quedándome unos segundos parado observando la jaula en la que experimentan contigo. Yo observé el escenario, analicé  el entorno en el que me encontraba. Todo bastante ordenado, limpio, excepto la mesa de despacho que siempre parece un poco más desordenada.
Entonces ella, la chica de las entrevistas cree que me está analizando, porque es psicóloga y da por supuesto que no soy más que un objeto, pero yo ya he analizado el espacio. Es la planta baja, y en la puerta de al lado hay gente trabajando. Es buena señal, porque ves lo que vas a hacer si te contratan. Gente enganchada al teléfono frente a ordenadores. Sí, eso ya lo sabía, más de un centenar de llamadas en un box para que alguien compre lo que la empresa vende.
Ella tiende la mano hacia un asiento  y, cediendo a su gesto, me siento mientras digo:
-Buenos días.
Primera prueba superada. Lo sé. Esa tía está esperando unas palabras, una iniciativa. Ve que no es un tío que se sienta en la silla y espera a que le hablen, ve que no es alguien tímido, que es capaz de normalizar la situación.
-Buenos días—me dice—.
Ha analizado cómo he entrado, cómo me he sentado, cómo me he lanzado a hablar el primero. Lo que no sabe es que no se ha dado cuenta de que, antes de sentarme, yo también he estado observando y de que se llama Natalia por la chapa identificativa que lleva en al chaqueta, que es zurda porque lleva un bolígrafo en esa mano y que es una chica joven, atractiva, pero con uniforme de chaqueta y pantalón exigido por la empresa. De que tiene cuerpo para exhibirlo bastante más. Me he dado cuenta de que no lleva mucho tiempo haciendo entrevistas porque ojea folios apuradamente. Es la típica psicóloga que sólo trabaja en la empresa para hacer entrevistas durante unos días cada ciertos meses. Sonríe para parecer simpática y cercana. Es psicóloga, tiene que estar lo más cerca posible de la otra persona que somete a juicio.
-Hola—digo con indiferencia—.
Sé que quieren una persona que sonría al saludar, pero no lo hago. ¿Por qué? Porque a lo largo de la entrevista quiero que vean la capacidad que tengo para fingir desde la seriedad hasta la falsedad de una sonrisa. Soy un Joker, podría sonreír en un funeral, pero no quiero que ella lo vea por ahora. Entonces me siento y es cuando me da tiempo a fijarme en su atractivo, de que la tía está buena, pero de que la han vestido y la han adiestrado para insinuar belleza, no para mostrarla. Ella es ahora mismo la imagen que la empresa quiere dar a los que todavía no están en ella. Belleza, atractivo, pero con discreción. Entonces habla:
-Bueno, Joker. Recibimos cientos de currilums que son sometidos a una criba y tú eres uno en los que estamos interesados.
Oigo la palabra “curiculums” y ya tengo otro dato de ella. ¿Por qué no dice “currículos” o currícula”. Pero no caigamos en el error, decir “currículos” suena demasiado vulgar; curricula suena demasiado pedante y, tal vez, por eso, se decide por esa aberración gramatical. Natalia aún cree que ella es la que me está analizando, por supuesto. No importa, está intentando que te sientas bien porque has pasado una criba exhaustiva.
-Veo que has trabajado en esto, en lo otro, en lo de más allá, que tienes estos estudios…
Natalia apenas ha revisado tu currículum Esa repetición de lo que está diciendo es para hacerse recordar “Ah sí, es este tío sobre el que leí el currículum anoche a las tantas. Creo recordar algo sobre él”.
Entonces empieza realmente su análisis psicológico cuando la primera pregunta es:
-¿Por qué quieres trabajar aquí?
Natalia observa si dudas, si sudas, si te tiembla la voz o titubeas. Natalia está examinando todo. Yo ya me he dado cuenta de que tiene el ordenador apagado, que el PC sólo es para dar una imagen de profesionalidad. Natalia no lo sabe, pero yo sé que tiene un guión que seguir, unas pautas a las que ha sido sometida para seleccionar personal. Entonces, hay que cerciorarse de que tengo razón, de que Natalia lleva poco tiempo aquí, porque seguramente ella tenga en la mente una lista de las respuestas que va almacenando en un cabeza como “¡Bien!” Estas consiguiendo puntos o como “¡Oh! La estás cagando”. ¿Pero qué pasa cuando das una respuesta que no está en esa lista? Pues es sencillo, lo primero que piensa es “Cago en la puta. ¡Joder! ¿Cómo coño valoro yo esto?” y lo segundo, “Es distinto”. Yo quería hacerla improvisar, el trabajo ese de comercial venía a importarme una mierda. Y contesto, con seguridad, afirmándome en el asiento que me han ofrecido:
-¿Y por qué no? ¿Es que debería tener dudas acerca de la empresa? ¿Hacéis ventas ilegales, hay fraudes fiscales, recibís demasiadas reclamaciones y denuncias?
Me estoy relajando, estoy dejando escurrir el culo por el asiento de la silla mientras abro levemente las piernas y entrecruzo los dedos de mis manos a la altura de mi cintura. Pobre Natalia, la he descolocado.
-¡No! ¡Claro que no!
Sé que había más preguntas más de por medio, pero  Natalia sigue intentando analizarme sin saber qué hacer con mis contestaciones. Así que va directamente a lo seguro. A lo que realmente importa. Mira por la mesa y coge al azar un bolígrafo de la marca BIC.
-¿Cómo harías para venderme este boli?
Sonrío.
-¿Un BIC? ¿Quieres que te venda un BIC? Venga, pónmelo más difícil. Eres zurda, sé que no puedes escribir con un Pilot o con una pluma porque, al hacerlo, pasarías la mano sobre la tinta fresca haciendo que se corriese y te llenarías la mano de tinta emborronándolo todo.
Natalia se está acojonando. Duda y vacila. Yo, en su puesto, la despediría. Resopla, y puedo intuir su “Joder con el chaval…”
-Está bien. Véndeme… esta grapadora. ¡Véndeme esta grapadora! Venga.
Ese “Venga” es un reto que ella me plantea. Es un “Listillo, véndeme esta mierda, esta cosa tan simple., tan innecesaria. No lo conseguirás”.
Entonces me hago el tonto.
-Te llamas… Natalia, ¿no?
-Sí—responde—.
-Perdona, es que es la primera vez que hago una entrevista para comercial. ¿Me estás diciendo que quieres que te venda una grapadora?
-Eso es.
-Es decir… Para que lo entienda… La grapadora ahora no es tuya, es mía, y te la tengo que vender. Esta grapadora de color rojo y que lleva unas grapas enormes te la tengo que vender.
-Sí.
Eso que he dicho es para hacer tiempo e intentar pensar en cómo enroscarle la grapadora, pero ya me he dado cuenta de cómo hacerlo. Casualmente, mi currículum son dos páginas y lo he entregado en un clip.
-Veo que tienes el currículum de un tal Joker ahí, Y por lo que veo, tienes más que están con un clip o simplemente sueltos. Deberías graparlos.
Natalia mira los currícula y ve que, en efecto, tengo razón. Pero se ha puesto en plan batalla conmigo.
-¿Por qué debería comprar esa grapadora si ya tengo clips?
Y yo, que he sido estudiante, que sé los contras de los clips no dudo en responder:
-Si amontonas esa pila de papeles en clips, se te van a enganchar unos con otros. Además, duplica el espacio a la hora de almacenarlos.
Sí, estamos en duelo. Le jode que haya controlado esta entrevista. Vuelvo a sonreír.
-Esta grapadora podría unir cuarenta folios. Es bastante grande. Un clip podría unirlos, pero se deformaría demasiado, se daría de sí. Por cierto, una pregunta. No estoy muy puesto en grapadoras, ¿cuánto puede valer una grapadora así?
Natalia mira la grapadora y responde:
-No sé, tengo grapadoras parecidas en casa y creo que me han costado 8€. Sin incluir el paquete de grapas que viene con ella.
-Lo único que sé es que deberías grapar esos papeles con clips si no quieres traspapelarlos, si quieres tener juntos más de  una decena de folios. Casualmente, tengo una grapadora aquí. Te la vendo por 10 euros.
Ella sigue luchando:
-Pero te he dicho que vale 8 euros.
Vuelvo a la sonrisa retorcida de Joker:
-Bueno, pero tú la necesitas ahora. La necesitas ya si no quieres que mañana todos esos folios aparezcan enganchados los unos con los otros, si no quieres que un clip se caiga, si quieres que te entren el doble de hojas en ese cajón en el que se guardan los currículos. Pareces una chica responsable, ordenada, que se toma su trabajo en serio (¿Quién iba a responder a eso que “no”? Que soy un desastre, que la mitad de esos documentos con la experiencia laboral de cada uno iban a ser destruidos).
-Pues claro que sí.
Natalia empieza a ponerse borde porque estoy dudando de su profesionalidad y eso le jode. Le voy a joder más:
-¿Quieres la grapadora entonces, no?
-Admito que sí, que me has convencido porque has creado una necesidad en mí.
Y, no sé… ya había vendido la grapadora, pero ¿por qué no ir más allá?
-El problema es que la grapadora ahora vale 10 euros.
-¿Diez euros? ¡Pero me habías dicho que valía 8!
La verdad, me la estoy jugando mucho, ya había vendido la grapadora por 8€, prueba superada. Fin del juego, pero supongo que quiero llegar al límite, arrinconarla en la esquina de cuadrilátero cuando antes de empezar todo esto ella pensaba que sería yo el que acabaría recibiendo los golpes. Le respondo el porqué de ese cambio de tarifa:
.-Es que el tiempo es oro y me estás haciendo perder el tiempo. La grapadora la necesitas ahora, ¿no?
-Sí, pero, joer me la estás vendiendo demasiado cara. Te he dado un precio y me la estás vendiendo por encima de él.
Vuelvo a sonreír. Es arcilla en mis manos.
-Ya, pero la necesitas ahora. Ya. ¿Vas a abandonar tu puesto de trabajo para comprar una grapadora de los chinos por 4 euros?
-No, claro que no.
En el bote. La tengo en el bote, embasada al vacío.
-Ahora vale 12 euros.
-No, no la quiero. Ahora sí que no la quiero. Has pasado de 8 euros a 12.
-Está bien. Suerte con tu papeleo.
Y me levanto para salir.
-Devuélveme la grapadora.
Saco el móvil. La conversación está grabada.
-En estos negocios lo que vale es el contrato verbal. Tengo grabado que te llamas Natalia, el color de la grapadora y afirmando que no es tuya.
La tía achina los ojos por la ira. Lo poco que sé que es que no puedes dar una venta por cerrada hasta que no ves el dinero. No veo los 12 euros por ningún lado.
-La grapadora no es tuya. Pero dame el número de tu móvil y en menos de quince minutos te llamo.
-No te voy a dar mi móvil.
-Es la única forma que tienes de recuperar la grapadora. ¿Vas a enviar un informe pidiendo material de oficina alegando que se la has regalado a un entrevistado? ¿Quieres quedar en ridículo? ¿Quieres que te despidan o te sancionen? Entonces dame tu móvil.
La tía accede de mala gana. Bueno, tengo el móvil de una tía buena, su grapadora y…. su desprecio. Salgo por la puerta con una grapadora mientras me despido con un “Siento haberla molestado en su tiempo de trabajo. Tenga una buena mañana”..
Salgo y voy directo a recepción.
-¿Sí? Dígame.
-Verá, no sé si conoce a Natalia. La chica que está en ese despacho. Resulta que me dedico a vender grapadoras. En realidad, iba a venir mañana, pero he podido adelantar la agenda y he aparecido hoy. Resulta que Natalia no tiene el dinero para pagarme. Me dijo que me pagaría mañana, pero, como le he dicho, he sido capaz de adelantar la agenda. Me dijo que tenía muy buenos compañeros de trabajo, que la gente que trabajaba aquí era amable y que tal vez usted o uno de sus compañeros podría pagarla por ella. Mañana le devolverá el dinero.
-¿15 euros una grapadora? ¡Pero si aquí le dan todas las grapadoras que quiera!
-Perdone, pensé que era buena compañera de trabajo, una buena persona dispuesta a hacerle un favor a una colega, pero veo que me he confundido.
La recepcionista se siente mal. ¿Por qué? Porque ella quiere o necesita sentirse buena compañera, porque ¿qué más le da prestar 15 míseros euros que le serán devueltos?
-Está bien—me dice—.
Me da un billete de 10 y otro de 5. Le dejo la grapadora a ella como señal de confianza, para que crea que no me voy a ir con la grapadora y el dinero.
Salgo de la empresa y llamo  a Natalia.
-¿Hola?—Se oye al otro lado del teléfono—.
-Soy Joker, ¿te han dado la grapadora ya?
-¡Sí! Eres un cabrón, me han dicho que han pagado 15 euros por ella. 15 euros por los que me veo obligada a pagar a mi compañera de recepción.
-Le he vendido a la empresa algo que era de empresa por casi el doble de lo que valía. Es algo que parece imposible, pero lo he hecho. ¿A qué hora empiezo mañana?
Rechacé el trabajo. Era a comisión, seguramente hubiera ganado más yendo de entrevista en entrevista que en ese trabajo de mierda que es para desesperados.