viernes, 22 de agosto de 2014

DEMENCIAS ETÍLICAS.



Cuelgo un plátano de la ventana en las noches en las que no hay luna. Y nada tiene sentido porque apago la luz y no brilla. Podría haber colgado una sonrisa, pero no me quedan tan relucientes. Y cada estrella es una lágrima levitando en el velo negro del cielo. No sé si el sueño me concederá este baile y, si lo hace, no sé si me pisará los pies.
Sueños rotos, como cristales, que al pisar crujen como seca hojarasca que acaba ardiendo bajo una lupa de dilatadas pupilas. Dime que no hubo un réquiem como ese “adiós”, que no hubo una carta sin sangre, que no hubo una esquina en la que esconderse con una sábana mientras te conviertes en fantasma.
Déjate la piel en mí, y serás presa de los perros por quedarte en los huesos. Y es que cada uno hace de su calavera su propia bandera pirata. No tengo pólvora en este barco de papel, sólo tinta… y le pesa. Hundiéndose va tiñendo de negro tu charco de lágrimas bañadas de luces de burdel y semáforos.
La noche es larga. Tan larga que debería ser arma blanca.

2 comentarios:

  1. El embrujo de la noche... Siempre arranca este tipo de sentimientos.
    Me gustó leerte.

    Mil besitos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Quizá más bien la maldición de la noche... Mucha gracias por leer y comentar. Me alegro de que te gustara.

      Biquiños.

      Eliminar

Todo lo que calles, te violará por dentro. Así que habla.