jueves, 19 de junio de 2014

BIQUIÑOS



Sé que era una tarde de enero del 2002 y yo era un chaval de 18 años, un chaval al que echo de menos, pero la gente va cambiando. Me sonó el móvil. Era un Alcatel Onetouch, gigante, pesado, con la pantalla naranja y una larga antena que me había alertado de un sms: “Marta, que no voy a ir a casa a dormir”. Sinceramente, si hubiera sido otro tipo de mensaje, tal vez nunca hubiese contestado, pero me imaginaba a una chica llamada Marta preocupada porque su novio, su padre, su madre o no sé quién no había aparecido por casa y respondí diciendo que se había equivocado. A los pocos minutos recibiría otro mensaje en el que aquella persona me daba las gracias y pedía perdón por haberse confundido.
No sé… empezamos a hablar, a intercambiar mensajes durante todo el día hasta altas horas de la noche (evidentemente, al día siguiente tuve que recargar el saldo del móvil). Era una chica gallega que se llamaba Auri (de Áurea) que se había equivocado al mandar un sms a su hermana. La verdad, era la primera vez que hablaba con una chica de esa manera, con una desconocida que no estaba viendo y admito que no puedo describir el morbo que esa situación me producía.
Recuerdo que era de Sanxenxo, que ella tenía 20 años y trabajaba en una cafetería, que era un poco meiga porque le gustaba echar las cartas… Recuerdo muchas cosas para el tiempo que ha pasado. Sé que se despidió con un “biquiños”. Nunca había oído esa palabra, pero juro que nunca me había gustado una palabra tanto. Había noches que se despedía con un “bicos” también.
Nos escribíamos casi todos los días y nos llamamos alguna vez. En la primera llamada pensé que iba a infartar. Habríamos quedado a una hora para llamarnos, yo sólo miraba el reloj y mi corazón iba a tres latidos por segundo. Estaríamos hablando dos horas, dos horas en las que se me había pegado su dulce acento gallego por lo que después tuve que aguantar las burlas de mi hermano. Y también empecé a usar “biquiños” y “bicos” borrando de mi escritura la palabra “besos” para despedirme de alguien en alguna carta o mensaje.
Poco a poco nuestras conversaciones eran más íntimas. Me dijo que había soñado conmigo paseando por la playa.
-¿Y cómo me imaginaste?—Le pregunté—.
-No lo sé, no te podía ver la cara porque no había luna y estaba todo oscuro.
Lo cierto es que era la primera vez que tenía contacto con una chica que tenía un lado oscuro. Lo sé porque lo olí, porque huelo la oscuridad. Había algo en ella que me atraía y que yo no conocía. Su forma de hablar, sus pensamientos encriptados de algo que quería expresar pero que no se atrevía. Y yo… yo era todo luz y dulzura, alguien que desconocía muchas cosas.
Nos estábamos idealizando, nos estábamos ilusionando. Habíamos incluso quedado para vernos en verano. Yo les contaría a mis padres que me iría a Galicia porque había conocido a una chica. Y lo decía sin miedo, con sonrisa, ilusión… Mis padres debían de estar alucinando, pero ante tal estado de optimismo no podían hacer otra cosa que admitirlo. Mi hermano seguía burlándose de mí diciendo si cuando me masturbaba pensando en ella me imaginaba la pantalla naranja de un móvil.
Y una tarde de abril, a las 15:30 o algo así, un mensaje de ella: “Tengo problemas y no sé con quién hablar. ¿Puedo contar contigo?”. Le dije que por supuesto, que si quería que la llamaba en ese momento. “Ahora no puedo. Después te llamo”.
El tiempo pasaba… las 17:00… las 18:00… las 19:00. Le mandé un sms: “¿Estás bien?”. Las 20:00 y yo le escribo “Contesta, por favor”. Termino de cenar a las 21:30 y la llamo. “El número al que llama está apagado o fuera de cobertura”. Envío otro sms: “Da igual la hora que sea, pero llámame o mándame un sms”. Di vueltas a la cama mientras le daba también vueltas a la cabeza esperando una respuesta que no recibiría esa noche.
Por la mañana la llamaría de nuevo y volvería a oír esa maldita voz robótica “El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura”. Y la oiría veinte veces durante todo el día. A la tarde siguiente, “El teléfono al que llama no existe” y algo se rompió dentro de mí, lo oí hacer “crack” en el silencio que había dejado ese aviso.
“¿Qué problemas tendría? Tal vez haya cambiado de número por ellos y me llamará dentro de unos días”. Pero nunca hubo una llamada, ni ninguna respuesta ni volví a saber de ella. “¿Drogas? ¿Dinero? ¿Amenazas?” No sé, se me pasaban mil cosas por la cabeza… “¿Está muerta?” Yo seguí escribiendo “biquiños” y “bicos” para despedirme, once años escribiéndolo… ¿Qué rápido pasa el tiempo y que lento olvidamos, verdad? Tardé en borrar su número de la agenda casi dos años.
Ahora llega la otra parte de la historia. Yo me enamoraría de una chica de Leganés que venía al pueblo a pasar el verano y lo estaría tres años, tres años que se me caían los pantalones porque perdía el culo por ella.
-Es que a mí me gusta tu hermano—me dijo tras confesarle mis sentimientos por ella—.
De todas formas, nos unía una amistad envidiable a pesar de todo. Me vino a ver un día de septiembre a Salamanca y pasamos todo el día juntos hasta que se fue en autobús.
-Me debes una visita a Madrid—me dijo antes de irse—.
Yo tenía unos tíos viviendo en Torrejón, así que mis tíos irían a buscarme a la estación y después ella iría en tren al día siguiente a buscarme porque yo no había estado en mi vida en Madrid y podría haber acabado en sabe Dios dónde tomando no sé qué tren. Algo cambió en esa visita, porque entonces fue cuando ella empezó a sentir algo por mí. Tal vez nunca nadie hubiera hecho kilómetros por ella, tal vez porque nunca creyó que fuera… Tal vez nunca hubo una explicación. Y así me pasé los meses antes de verano, con viajes de Salamanca-Madrid-Torrejón-Leganés.
Una tarde estaría con ella tomando un helado y una amiga en común le mandó un sms. Ella me dijo: “Contesta tú, porque yo no tengo saldo”. Escribí el sms y se lo enseñé antes de mandárselo.
-Quita eso de “biquiños”, no me gusta.
-¿Qué más te da?
-Bueno, da igual.
Entonces, a ella, a la chica de la que estaba enamorado dejé de escribirle “biquiños” o “bicos” porque no le gustaba y empecé a escribirle “Un beso”. Desde aquella, siempre escribo “biquiños” o “bicos” y reservo “un beso” o “besos” a una chica por la que siento algo.
Esa es la historia de por qué sin ser gallego escribo esas palabras…

Y a ti, Auri, estés donde estés… Si me lees, gracias por esas dos palabras que me regalaste y que conservo con todo el cariño del mundo.

9 comentarios:

  1. Insisto, ¿por qué he tardado tanto?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Puede que con el tiempo veas que me repito demasiado y no soy tanto descubrimiento como crees ver ahora.

      Eliminar
  2. Lo siento, amigo. Auri era yo. Lamento habérmelo callado todo este tiempo. Me di cuenta hace un año de quién eras pero me lo callé porque pensé que no tendría ninguna importancia. Ahora ya sé que son el tipo de cosas que se dicen, me lo apunto para otra. Respecto a lo que me sucedió... Bueno, ¿sabes de esas ocasiones en las que estás usando el móvil en el baño pero se te cae al váter? Pues eso. Logré meter la mano justo cuando se iba por la tubería (al primer intento solo logré agarrar la mierda) y enviarte así un sms, pero no tenía tu número apuntado en más sitios así que lo olvidé. Claro, ese era mi problema, que iba a perder el teléfono por el desagüe. Fue un poco tonto todo, ¿verdad? Recordaba sólo las tres primeras cifras de tu teléfono 655 y la cuarta no sabía si era un 6 o un 9. Durante meses probé todas las combinaciones posibles para dar contigo, pero fue imposible. Jamás tu voz respondió al otro lado del hilo telefónico diciendo, "¿Digamelón?" como te gustaba contestar a ti (siempre me pareció un poco ridículo, pero como te quería no te dije nada). En fin, creo que sabrás perdonarme; después de todo no es culpa mía tener que ir al baño. Y además, ¿cómo iba a saber que el teléfono se me caería entre las piernas e iría a parar junto a la caca, tiraría de la cadena sin querer y luego solo conseguiría enviarte un último sms aferrado al teléfono atrancado en la tubería justo antes de perderse? Si lo piensas, es absurdo. Pero si lo comprendes, es evidente que no fue culpa mía. La mano me olió a mierda quince horas, bastante pagué. Y en total, pagué también dos cientos euros de teléfono en las semanas que intenté encontrarte. Lo más cerca que estuve de ello fue un día que un viejo insistía en que eras tú; me mandó una foto de su pene arrugado; le di las gracias y lo bloqueé después de masturbarme un rato. Desde entonces la vida ha pasado muy rápido, he hecho esto, lo otro, etc. Y supongo que lo mismo se puede decir de ti. Lo bueno es que el viejo no ha vuelto a molestarme.

    Saludos.

    Pd: Me gustaron tus dos últimas entradas, por cierto. Creo que no llegué a decírtelo, pero ahora sí. La de la carta y esta. Aunque esta, bueno, es más personal y no tengo mucho que comentar (creo que lo habrás notado después de mi mensaje anterior; lamentaría haberte molestado). Cuando uno no tiene que comentar, debería callarse y punto. Sucede que soy más de etcéteras, o incluso de puntos suspensivos...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esta historia sólo se la he contado a muy poca gente. Suele quedarse alucinada y como mucho dice "joder..." pensando en si realidad Auri estará muerta.
      Eres el único que conozco que ha hecho una broma. Me has sacado una sonrisa, a pesar de todo, así que gracias :) Aunque ahora puede que un día frivolice cómicamente sobre Toby.
      Un saludo.

      Eliminar
  3. Ohhhhh!!!! Ya lo había leído pero no comentado. Me ha costado un poco por el condicional pero es muy tierna esta historia.
    Lo de biquiños me lo dijeron alguna vez en Costa da Morte y también me resultó bonito. Es más, es muy bonito así que si le añades que te lo dijo una persona con misterio y que deseabas, al menos conocer, pues convierte esa palabra en una muy importante en tu vida para no olvidar a "Auri". Me parece un detallazo.
    Un abrazote y biquiños
    P.D.:¿Es la misma Auri que la de Armando el "gerundio"?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que siempre me preguntan si soy gallego por lo de "biquiños". No suelo contar la historia, pero quise escribirla. No podría contar la historia una y otra vez a todas las personas (primero porque duele y lo segundo porque me daría pereza jajaja).
      De las personas, siempre nos quedarán al menos sus palabras.
      Biquiños, Ana.
      P.D.: Esta Aúrea o Auri es real, pero es un nombre que uso mucho porque me gusta. También uso mucho el nombre de Lilith para personajes femeninos crueles, locos, etc.

      Eliminar
  4. Es curioso, yo tuve ese teléfono también. Parecía que te daba un vuelco al corazón cuando alguien importante te mandaba un sms a ese zapatófono (ahora entre el messenger del facebook y el whatsapp al ser gratis ya no es lo mismo). Lo de Biquiños solamente se le dice a alguien a quien tengas mucho cariño, principalmente a una pareja, pero también lo dicen las madres a los hijos. Yo por circunstancias ya no vivo en Galicia, pero lo cierto es que, sin pretenderlo, cuando le escribo eso a alguna chica de fuera al despedirme "biquiños", les parece super tierno. Y yo la verdad lo hago porque me sale, es mi manera de mostrar cariño. Para nosotros es muy normal pero entiendo que a la gente de fuera les parezca tan exótica esa palabra.

    ResponderEliminar
  5. Esto me provocó una extrasístole😂😂
    Siempre uso esa palabra, es muy especial para mí.
    Me resulta extraño que Auri no apuntase tu número o algo, si es que cambió de teléfono.
    Sea como sea es una anécdota interesante y una gran historia para ser contada, así que si se da la ocasión no te la calles. Tal vez algún día la encuentres, y también te dará una extrasístole.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, es evidente que algo le pasó...
      Toda vida está llena de pequeñas historias que nos marcan y, aunque no lo parezcan, siempre son interesantes porque de alguna manera han configurado a la persona. Tan sólo hay que saber contarlas, aunque algunas como esta se cuentan solas.
      Muchas gracias por la lectura, más aún por molestarte en comentar y perdón por contestar tan tarde.

      Eliminar

Todo lo que calles, te violará por dentro. Así que habla.