miércoles, 21 de mayo de 2014

ECOS


Y me olvidé del olor y color del dolor mientras caía su lencería fina en el sucio suelo de la cocina. Que los besos que me coronan, cualquier día me destronan, un día calman y por la noche atronan. Se mezcló su aliento de menta con el mío a absenta mientras en nuestras lenguas se hacía tormenta. Miradas de afecto, caricias con efecto componiendo algún soneto sobre mi cuerpo imperfecto que no trata de esconder ningún defecto. Me sentí las espinas de una rosa; ella, la mariposa que se posa. Su piel me esposa porque estoy cometiendo un crimen alunizando contra su himen mientras sus labios gimen. No hay orgasmo ni clímax, me quito de encima, tengo Whitelabel en la cocina, pero no Trina. Y ahora está llorando por las esquinas mientras yo eructo rimas en un papel amarillento en el que escribo lento, donde borro y tacho mientras me emborracho, donde me caigo cacho a cacho en las noches de insomnio, cuando no hay manicomios que encierren mis demonios.